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En una mañana soleada y a tres días de celebrar su misa de aniversario número 104, fieles de la comunidad de Schoenstatt coincidieron en valorar la decisión del Papa Francisco al expulsar del sacerdocio a Francisco José Cox, arzobispo emérito de La Serena y miembro de la congregación, "como consecuencia de actos manifiestos de abusos a menores". La misa dominical en el Santuario Nacional, ubicado en La Florida, se realizó como siempre a las 11:30 hrs, con una concurrencia que no alcanzó a llenar las bancas disponibles. "Últimamente se ha notado la merma de la gente. No tan solo por lo de ahora, sino por la situación que está pasando la Iglesia", reconoce Salvador Carvallo, quien pertenece a este movimiento eclesial desde el año 1998. Junto a César Rojas y Eduardo Pacheco asiste regularmente los domingos al lugar. Los tres estiman correcta la decisión del Sumo Pontífice, aunque están de acuerdo en que debería haber sido más rápido. "La Iglesia debería haber hecho esto mucho antes. No deberían haber esperado que las víctimas destaparan la olla ", comenta Carvallo. Se produce un silencio incómodo ante la pregunta de si alguna vez escucharon comentarios relacionados con abusos por parte de Cox a menores y Carvallo se apresura a decir que "esto fue hace mucho tiempo. Las cosas que se hicieron no fueron acá, sino en otro lado". César Rojas es el más crítico. "Nosotros somos la Iglesia, no las cúpulas. Las cúpulas nos han abandonado, nos han traicionado y principalmente han traicionado a Jesús", expresa convencido, "en este momento yo considero que no tenemos pastores (refiriéndose a los sacerdotes), los pastores ya están fuera", agrega. Aun cuando condena las acciones de Cox, Pacheco considera que hay que seguir rezando por aquellos "que han desviado el camino" y apunta a que "a lo mejor no tuvo el apoyo de una comunidad alrededor de él que lo cuidara, que lo protegiera, que le dijera que estaba abandonando el camino". Una mujer que trabaja en el Santuario y asegura conocer a Cox "desde chica", manifiesta sentir "un gran dolor" por lo sucedido. "Imagínate tener a un hermano tuyo en eso, es muy doloroso, pero nunca deja de ser un hermano". Ante la pregunta de si alguna vez escuchó algo sobre la conducta de Cox, reconoce que "evidentemente, pero no los voy a contar. Si tontos no somos, vivimos todo, hay víctimas..." Carmen Roldán ciudadana peruana y perteneciente al movimiento hace 19 años, recién se enteró ayer del caso. "Lo único que puedo sentir es que eso (la expulsión) es hasta poco. Considero que los sacerdotes que cometen esa perversión debieran pagarlo en la cárcel", afirma. Sobre los posibles efectos en el movimiento en otros países, aseguró que "es lo más doloroso que hay y este tipo de cosas claro que nos afecta. Yo no soy responsable de su toma de decisiones, pero sí siento que tengo que reparar, compensar", dice. Aun así, dice, esta situación no ha hecho que pierda su fe: "el Señor nos necesita y si uno cayó, bueno estamos el resto para seguir escuchando al de arriba y salir con más fuerza".
Desde la comunidad de Schoenstatt pedirán una evaluación médica para ver si es posible el regreso de Cox a Chile.