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A sus 93 años, es el deportista chileno olímpico vivo más longevo:

Las memorias de Alfredo Jadresic, a 70 años de su participación olímpica

domingo, 14 de octubre de 2018

Raúl Andrade Benavente
Deportes
El Mercurio

"Llegué a los Juegos de casualidad", recuerda el finalista de salto alto en Londres 1948, quien se retiró de las pistas apenas un año después. Luego se dedicó a la medicina, la que define como "la gran pasión" de su vida.



"¿Cuál es Jadresic?, ¿cuál es Jadresic?" Preguntaban insistentemente tres entrenadores de la Asociación de Deportes Atléticos de Chile -la actual Fedachi- en la entrada de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. Era 1943 y Alfredo Jadresic, estudiante de 18 años, había ganado la competencia de salto alto en las Olimpíadas de la Escuela sin haber pisado nunca antes un rekortán.

El "culpable" del triunfo fue el jefe del deporte de la facultad, Enrique Fanta, quien estableció que todos los estudiantes estaban obligados a inscribirse en alguna actividad. Después que todos eligieron, había cuatro que no tenían una competencia asignada, entre ellos Jadresic.

"Yo le digo a Enrique que era flaco y bueno para nada, pero él me dice: 'tú eres alto y hasta el décimo lugar suma puntos. Tú vas a salto alto'. Y así comenzó todo. Yo empecé a saltar sin tener ninguna noción ni estilo, pero gané la prueba y no me pude desligar de lo que venía", rememora con una increíble lucidez desde su departamento ubicado en avenida El Cerro.

El flaco enclenque

Alfredo Arturo Jadresic Vargas nació el 18 de septiembre de 1925, en Iquique, fruto de la relación de un contador de origen yugoslavo y de una profesora. "Mi padre dirigía una oficina salitrera de la época, pero por la crisis del salitre nos debimos trasladar, primero a Viña del Mar, donde lo invitaron a que tomara la sucursal de esa región y la mejorara. En ese entonces, mi madre creó un instituto técnico dedicado a la moda femenina. Hacían sombreros, flores, blusas y enseñaban a cortar tejidos. Incluso, agregó unos cursos de secretariado. Recién cuando yo empecé a estudiar medicina nos instalamos en Santiago. Yo enseñé taquigrafía con mi hermano Víctor. Fue grato haber cooperado para los gastos de la casa", recuerda.

Antes de saltar, su ligazón con la actividad física era mínima. "Yo no rechazaba el deporte, pero no tomaba la iniciativa. Yo sentía que era flaco, enclenque, desgarbado. Cuando era joven me mandaban al campo o a la playa, y hacía deporte de forma recreativa. Nunca tuve disciplina. Básicamente jugaba fútbol en mi barrio, porque la pelota era mía", ríe el nonagenario exatleta.

En sus inicios académicos y deportivos compartió con dos grandes amigos, el exsecretario del Partido Socialista Carlos Altamirano, hoy de 95 años, y el exdecatleta y exvallista Mario Recordón, en ese tiempo estudiante de arquitectura. "Los tres éramos los mejores en nuestras carreras. En ese tiempo se podía compatibilizar todo", asegura.

Jadresic llegó a ser campeón sudamericano de salto alto y compitió en los Juegos Olímpicos de Londres 1948, donde alcanzó la final, luego de superar la ronda eliminatoria. En la fase inicial remató noveno entre 27 competidores, con un brinco de 1,87 metros. En la lucha por las medallas saltó 1,90 metros, concluyendo nuevamente en la 9ª plaza, a cinco centímetros de los que obtuvieron plata y bronce y a ocho del oro. El chileno hizo la misma marca que el sexto, pero quedó más atrás por la cantidad de intentos.

"El deporte de más alta categoría era amateur . Los Juegos Olímpicos eran para los amateur, y si eras profesional no podías participar. Se podía compatibilizar el deporte con el estudio. A mí me llamaban tres semanas antes de un torneo y entrenando dos veces por semana estaba listo. Yo sentía que tenía un compromiso con el país y nunca me negué a eso. Era un deportista amateur, como muchos de los que había en la época", comenta, a 70 años de su participación olímpica.

-¿Cómo fueron sus años en el deporte?

"Yo soy un agradecido del deporte, porque me enriqueció mucho la vida, pero era muy diferente a este tiempo. A mí me llamaron para ir a los Juegos Olímpicos. No fui a una competencia clasificatoria. Yo competía para pasarlo bien. Con mi amigo Carlos Altamirano saltábamos juntos, pero nunca con el fin de la competitividad. Nunca tuve esa idea".

-Estando en Londres, ¿alcanzó a dimensionar lo que eran unos Juegos Olímpicos?

"Yo te voy a desilusionar".

-¿Por qué?

"Mira, para mí lo más importante que puedo transmitir es que yo era un amateur en el deporte y que había muchas otras cosas que me interesaban. Estudiaba medicina y llegué a los Juegos por casualidad. Te explico. En todos los eventos internacionales, por alguna razón, el salto alto siempre era el primer día. Después de saltar me iba de los torneos. En Londres fue igual: salté, y en vez de quedarme gratis a ver las otras competencias, yo me fui a recorrer Europa. Eran vacaciones de invierno en Chile y estuve un mes entero allá. Fui a París, Roma y Florencia, entre otros lugares. Quizás a cualquier otra persona le hubiera encantado ver todos los Juegos gratis, pero a mí me interesaba la cultura".

-Pero usted terminó noveno. ¿Analizó alguna vez lo que consiguió?

"Yo no era indiferente ante lo que lograba. Si era campeón, estaba feliz, pero como te digo, de forma honesta, no tenía la idea de la competividad. Yo lamenté mucho no haber saltado 1,95 metros en Inglaterra, porque hubiera quedado segundo. Salté 1,90 y quedé igual que el sexto. Era otra época, yo no tenía idea a quién me enfrentaba. Solo después de volver del exilio descubrí que había empatado en el sexto lugar y que había sido top 10. Muchos años después me enteré de que se tomaban en cuenta las oportunidades que uno tenía y las que fallaba. No tenía idea de eso cuando competí".

-¿Cuánto tiempo más compitió?

"Hubo un campeonato en La Paz, Bolivia, en 1949. Nos tocó ir a saltar a 4 mil metros de altura. En esa competencia me ganó un uruguayo que nunca había salido de su país. Allá no hay altura. Para mí fue la evidencia de que ya había tocado techo".

-¿Ve el salto alto en las competiciones por televisión?

"Claro que veo el salto en los Juegos Olímpicos. Ahora cambiaron los estilos y el récord se disparó. Veo mucho deporte y me gusta. Por ejemplo, estoy muy triste por el presente de Alexis Sánchez y Arturo Vidal. ¡Pucha que lo han pasado mal últimamente!".

-¿Nunca se arrepintió de haberse retirado tan pronto?

"No, por eso te digo que te decepciono un poco. Una vez le gané a un estadounidense y su técnico me dijo: 'En un año te convierto en campeón mundial'. Yo lo pensé y le pregunté qué necesitaba para irme. Él me dijo que debía irme a Estados Unidos y dedicarme al deporte. Ahí le dije que no, porque quería estudiar. Después, cuando me recibí, sabía que eso era lo que más atesoraba. La medicina es la gran pasión de mi vida. Yo ya vi que empezaba mi declive cuando no pude volver a saltar 1,95 metros. Eso me indicó que seguir no era el camino".

"Lo que más me ha impresionado en el deporte chileno fue el triunfo de Nicolás Massú y Fernando González. La euforia que había en Chile era increíble".

"Creo que es difícil que hoy se entienda el deporte amateur como algo integral a la formación académica. Yo estoy feliz de que me descubrieran que podía hacer deporte cuando estudiaba medicina".

"Mis amigos Carlos Altamirano y Mario Recordón eran deportistas, pero yo era muy sedentario y no tenía gran afinidad por el deporte".

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