Fondos Mutuos
Fue arriba de un avión y leyendo el periódico británico The Guardian como el exministro del Interior Jack Straw se enteró de la orden de captura internacional emitida por el juez español Baltasar Garzón en contra del entonces senador vitalicio Augusto Pinochet. Era el 16 de octubre de 1998, y Pinochet, internado en la London Clinic, estaba siendo arrestado por la policía inglesa Scotland Yard. Desde ese día, Straw tuvo que lidiar con un proceso que duró dieciséis meses y que causó expectación internacional. A veinte años del episodio, el hoy profesor visitante de la Escuela de Políticas Públicas de la University College London (UCL) reflexiona acerca de sus decisiones. Una de ellas, en abril de 1999, fue autorizar el proceso de extradición de Pinochet a España. Sin embargo, luego de diversas apelaciones, el entonces ministro del Interior terminó tomando la decisión contraria: el 2 de marzo de 2000 liberó al exgeneral, basando su dictamen en informes médicos que señalaban que no estaba en condiciones de afrontar un juicio. -En sus memorias usted dijo que Pinochet engañó al sistema británico. ¿Por qué? -Sí, porque fue examinado por médicos. Primero, por médicos designados por la embajada de Chile, quienes sorprendentemente consideraron que no era apto para presentarse a juicio. Luego dispuse que fuera examinado por médicos independientes, que usualmente eran utilizados para los procesamientos, quienes llegaron a la conclusión de que no estaba en condiciones de presentarse en el juicio debido a su condición médica. Así que decidí, muy a regañadientes, liberarlo. Pero cuando llegó a Santiago de Chile y se levantó y caminó... básicamente, se burló del criterio por el que tomé una decisión. Eso me sugirió que había tratado de engañar a los médicos... me enfureció mucho. -A veinte años de su decisión, ¿se arrepiente? -Bueno, en retrospectiva, si hubiera sabido que de ninguna manera estaba tan enfermo como decía, me habría negado a liberarlo. Pero luego, lo que habría ocurrido es que yo también habría sido sujeto a procedimientos judiciales. Forzado con la abrumadora evidencia, incluidos mis propios asesores médicos, de que no era apto para un juicio, habría tenido muy pocos motivos para defenderme si hubiera ido a la corte. Tengo claro que la decisión que tomé, con la información que tenía en ese momento, fue la correcta. -¿Cree que debió haber sido juzgado en España? -Ojalá hubiera sido extraditado a España. Habría sido entonces a España al que le hubiese tocado decidir qué hacer, podrían haber tenido un proceso judicial para ver si estaba en condiciones de presentarse en el juicio. Pero creo que el hecho de que estuviera encarcelado en Gran Bretaña durante 16 meses ayudó a cambiar el rostro de la política chilena. Lo que lamento es que la evidencia médica no se examinó ante un tribunal en ese momento. Sé que mucho más tarde, en Chile, un tribunal llegó a la misma conclusión, de que él no estaba en condiciones de comparecer, pero eso fue algunos años después. -¿Qué lecciones puede sacar el mundo de lo que sucedió con Pinochet en Londres? -La lección clave fue que si los países -incluido el Reino Unido y otros europeos- se suscriben a convenciones internacionales, que son legalmente vinculantes, eso tiene que significar algo en la práctica. Había personas que intentaban convencerme de liberarlo porque era inconveniente tener un expresidente, de un país con el que éramos amigos, encerrado de esa manera. Pero mi respuesta a ellos fue: "Bueno, Gran Bretaña debería haberlo pensado cuando firmó estos acuerdos internacionales". Por otra parte, después de esta experiencia, decidí que teníamos que cambiar la forma en que manejamos los asuntos de extradición. Mucho más debía ser decidido por el tribunal en lugar del Ministerio del Interior. Presiones políticas: "Me aislé" -¿Tuvo que enfrentar mucha presión internacional en el proceso? -Por supuesto que había presión, pero me aislé de eso, simplemente, negándome a hablar con gente. En la Cámara de los Comunes había muchas opiniones diferentes y se me acercaban para intentar persuadirme de una manera u otra. Pero yo tenía que decir: "Por favor, no me hable de esto". Y si me habla de esto, tendré que revelar nuestra conversación si es que va a la corte. Y también tuve que decirle eso al primer ministro Tony Blair, porque en varias ocasiones quiso hablar conmigo al respecto. Y le dije: "Tony, no tiene sentido que me hables de esto... porque si va a la corte, lo que ciertamente sucederá, tendré para poner en una declaración jurada con quién he hablado, y usted será uno de ellos. Y no creo que nada bueno pueda salir de ello". -¿Qué impresión tiene del respaldo que le dio Margaret Thatcher a Pinochet? -Él tenía mucho respaldo en este país. Ella estaba enojada por mi pretensión sobre Pinochet y le escribió a Tony Blair sobre eso. Le preguntó si era apropiado que el ministro de Interior se guiara por las opiniones de los particulares, pero no tenga en cuenta las del primer ministro. No sé cómo funcionó cuando ella era primera ministra, pero le dejé claro a Tony que, por supuesto, tomaría en cuenta lo que el gobierno estaba diciendo... Y Robin Cook (exministro de Relaciones Exteriores) me escribió un extenso artículo sobre las implicaciones técnicas de la decisión de proceder con la extradición, que estoy seguro que Tony había aceptado. Pero, de todas formas, seguí diciéndole a Tony: "Cualquier cosa que me digas sobre esto, no puedo mantenerlo en secreto". -¿Cómo cree que actuó Chile frente a este caso? Envió una nota de protesta apelando a la violación de la inmunidad diplomática de Pinochet. -Eso era totalmente comprensible, debían actuar de esa manera. No me sorprendió, esa era su opinión y estaban en su derecho de hacerlo. Por otro lado, yo tenía derecho a tener una opinión diferente. Parte del problema era que teníamos una relación muy estrecha con Chile, y Chile siempre había sido nuestro aliado, y también habían sido extremadamente útiles durante la Guerra de las Malvinas. Cuando tomé la decisión original (de extraditar a Pinochet), debido a que había sido miembro de una delegación estudiantil a Chile en 1966, hubo sugerencias de que había estado involucrado con Allende. Los periódicos se volvieron locos tratando de averiguar lo que había estado haciendo. Nunca pudieron encontrar nada que sugiriera que yo estaba sesgado. "El hecho de que Pinochet estuviera encarcelado en Gran Bretaña durante 16 meses ayudó a cambiar el rostro de la política chilena".