Fondos Mutuos
Fue en la Patria Nueva cuando el gobierno designó al teniente coronel de artillería Manuel Blanco Encalada para guiar los esfuerzos y dar a la Marina el impulso que necesitaba para salir a flote. Sus primeros días en este cargo no fueron fáciles, primero porque Chile no había heredado una tradición naval, pero también por la escasez de personal y escuálidos recursos económicos. Gracias al liderazgo de Bernardo O'Higgins, se reunieron los fondos para pagar las primeras naves y las dotaciones de la Armada que, en sus inicios, estuvo conformada por patriotas chilenos y extranjeros, fundamentalmente británicos. En búsqueda de una mayor profesionalización y crecimiento, hacia fines de noviembre de 1818 llegó al país el almirante escocés de 43 años Lord Thomas Alexander Cochrane, contratado en Inglaterra. El 23 de diciembre de 1818, asumió como comandante en jefe de la Escuadra, con el grado de vicealmirante, y Blanco Encalada quedó con el cargo de contralmirante. "La obra de Cochrane al mando de la Escuadra fue fundacional. Su apego a la acción ofensiva y audaz creó una escuela o forma de actuar que perduraría durante el resto del siglo en los conflictos en que esta fuerza naval se vio envuelta y representa un desafío para las generaciones posteriores", escribe el investigador Carlos Tromben Corbalán, capitán de navío®, doctor por la Universidad de Exeter (Gran Bretaña) y autor -entre otros títulos- de "La Armada de Chile, una historia de dos siglos" (RIL). Tromben, junto a otros destacados expertos nacionales y extranjeros, fue convocado a participar en una completa publicación conmemorativa, en el contexto de los 200 años del nacimiento de la Marina. Se trata del volumen "Escuadra Nacional. 1818-2018" y que repasa, con abundante material gráfico, los hitos más relevantes y retos de esta institución. El libro -vía Ley de Donaciones Culturales- es una iniciativa conjunta entre el Banco Santander, la Armada de Chile y la Corporación Patrimonio Cultural de Chile. "Recuperar la historia de todo este patrimonio ha sido muy gratificante y un arduo trabajo. Se trata de una preciosa edición realizada por un equipo de asesores culturales. Un patrimonio en donde nuestro mar tiene un rol protagónico, no solamente porque ocupa un espacio relevante en nuestra cartografía, sino también, y sobre todo, porque en él se escribieron episodios colosales de nuestra historia", advierte a "Artes y Letras" Claudio Melandri, presidente del Banco Santander. Añade que esta obra será distribuida a distintas bibliotecas y colegios de nuestro país. Dentro del equipo asesor, al historiador Rodrigo Moreno Jeria, director del Departamento de Historia y Ciencias Sociales de la Universidad Adolfo Ibáñez, se le encomendó escribir el primer capítulo de esta investigación, "Chile, su territorio y el Pacífico en tiempos de la Independencia", además de convocar al resto de los autores que enriquecen el volumen, entre otros el periodista Piero Castagneto, el vicealmirante en retiro Gustavo Jordán Astaburuaga y Juan Pablo Toro Vargas, editor de la sección internacional del diario "El Mercurio". "Cuando me propusieron participar en este proyecto me pareció una gran oportunidad para contactar a importantes especialistas navales y marítimos, y dar forma a un libro que, más allá de su carácter divulgativo, sea un referente para las investigaciones posteriores. Desde un inicio, nos planteamos que debíamos trascender las efemérides de los 200 años de la Armada. Para eso trabajamos con casi dos años de plazo y, dentro de un plan, fuimos detectando cuáles serían las temáticas que abordaríamos", comenta Rodrigo Moreno Jeria. Además de Carlos Tromben Corbalán y los profesionales citados, escriben la historiadora del arte Susana Iduya; la ex embajadora de Gran Bretaña en Chile, Fiona Clouder; el contraalmirante Ignacio Mardones; Gonzalo Serrano, y Fernando Wilson: estos dos últimos, docentes de la Universidad Adolfo Ibáñez y con los que Moreno también conforma el grupo de investigación "Estudios Marítimos" de este plantel. Todos ellos abordan diversos hitos y retos, entre otros, la llegada de los almirantes Blanco y Cochrane, la Guerra del Pacífico, el patrimonio cultural y el empleo de las escuadras en el futuro. "Es cierto que en 2018 se han publicado varios libros a propósito del bicentenario, pero nuestra diferenciación es que, al contar con un mayor número de expertos, se da una mirada mucho más contextualizada y con valiosas minihistorias de la Marina. Tampoco hemos querido presentar una apología de la Armada, ni una línea cronológica clásica, con las distintas batallas y héroes, sino contar sus diversas vicisitudes, sus momentos de mayores éxitos, pero también sus épocas de mayor dificultad e incomprensiones. Durante estos doscientos años nuestro país siempre se ha visto enfrentado a reflexionar en torno a si es útil o no mantener un poder naval, y sabemos que mantenerlo ha significado un importante costo presupuestario y capital humano", explica Rodrigo Moreno Jeria. El director del Departamento de Historia y Ciencias Sociales de la Universidad Adolfo Ibáñez continúa su análisis y añade que -tal como se aprecia en los últimos capítulos del libro- hoy existe una conciencia más transversal de "la necesidad y valor del poder naval, de los beneficios de un desarrollo tecnológico que tiene que ver con una protección de una zona económica exclusiva, con la lucha contra la piratería y la depredación del mar. Hoy el Estado ha tomado conciencia de su importancia, más allá del ámbito militar. Pero no siempre fue así. Hubo períodos en que la Marina contaba con un solo buque y mantuvo su nombre de Escuadra más bien por un asunto de orden simbólico". Una historia cíclica Para Moreno, al revisar el bicentenario, hay ciclos que se repiten. "Se crea una primera escuadra en el marco de la necesidad de la Independencia, pero terminada esa necesidad surge la pregunta por su conservación y prácticamente se disuelve. Cuando se produce la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana, como la dotación es casi inexistente, se vuelve a armar y terminado el conflicto, se reduce. Incluso, un año y medio antes de la Guerra del Pacífico, como habían desaparecido posibles conflictos limítrofes con Argentina, el Estado decidió vender los únicos blindados de que disponía. ¡Menos mal que no hubo compradores, porque terminaron siendo claves en el triunfo! Planificación estratégica, nula. Finalmente, tuvimos que aprender que la necesidad de mantener nuestra Escuadra no se debe a sumarnos a una carrera armamentista o para provocar una guerra, sino para propiciar los equilibrios en la región. Desde la década del 80, y afortunadamente esa política se ha mantenido, se valora a la Armada como un poder disuasivo y se ha buscado potenciar el poder cualitativo de sus unidades". El historiador Fernando Wilson complementa a "Artes y Letras" que la Escuadra hoy es vista como "una herramienta de poder. Su tarea no es simplemente salir a comprar buques, como sucede en otros continentes como Asia o África, sino que se trata de una fuerza que es capaz de dirigir una cierta cantidad de medios de una tecnología altamente sofisticada, y desarrollarlos y mantenerlos en el tiempo". El docente e investigador de la Universidad Adolfo Ibáñez remata que, "con sus altos y bajos, la Escuadra se ha transformado en uno de los símbolos más potentes de lo que significa defender lo propio. Hoy esta institución cumple en nuestro país muchas funciones valiosas, como la atención dental en Chiloé, pero hay solo una misión que no puede traspasar o privatizar: la función de combate es el corazón de la Escuadra".