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EN TATE MODERN Inédito proyecto de la artista cubana:

Tania Bruguera y su instalación que interpela al público

domingo, 14 de octubre de 2018

CECILIA VALDÉS URRUTIA
Artes y Letras
El Mercurio

"Esta gran obra sobre la grave crisis migratoria es una forma de pasar de las estadísticas a las emociones", señala la directora de la Tate Modern, Frances Morris. La genuina instalación de Bruguera -en las Turbinas- activa al público y lo lleva incluso a sentir incomodidad física, como otros provocadores proyectos de la autora del "arte de la conducta", una de las artistas más influyentes de la actualidad.



La artista cubana Tania Bruguera ha vuelto a la Sala de las Turbinas de la Tate Modern de Londres y lo ha hecho con una propuesta que desconcierta, remece y lleva hasta la emoción forzada. Es una instalación tan sutil, a primera vista, que parece casi invisible, pero después conduce al público hasta la incomodidad física. En 2008, Bruguera ya levantó polémica en la Tate -en lo que ha sido una de las mayores performances en ese museo- al instalar dos caballos con "policías montados" que detenían a los asistentes, restringiéndoles el acceso y llevándolos a interrogarse sobre si ello era o no arte. Ahora, aborda el tema de la crisis migratoria y recibe al espectador solo con un rectángulo pintado de gris en el suelo, el que sugiere que tal vez algo pasará allí.

Ese suelo es sensitivo, pero para que se devele deben reunirse decenas de personas y tenderse sobre la pintura, unos junto a otros, y así activar la tinta termocromática que lo cubre. Recién ahí aparece la imagen de Yussef, un joven refugiado sirio que llegó a Londres.

La grave crisis migratoria es un tema muy sensible que captura también la literatura y, por cierto, las artes visuales, desde hace unos años. "Pero lo singular es que Tania Bruguera saca aquí al espectador de su zona de confort y lo hace participar activamente", señala la curadora británica Catherine Wood. A su vez, la directora de la Tate Modern, Frances Morris, destaca a la artista "reconocida por la forma original y convincente en que aborda las principales preocupaciones políticas y sociales de nuestro tiempo en el arte, en debates sobre artes y pensamiento, con la esperanza de lograr y/o impulsar un cambio real en el mundo que nos rodea".

La instalación de Bruguera incluye más intervenciones que complementan el proyecto: se activa una secuencia de sonidos graves -con 40 mil watts de potencia- que mandó a hacer al artista sonoro escocés Steve Goodman, "el que hace vibrar al espectador físicamente desde adentro. Esta secuencia de sonidos es casi otra presencia, ya que toda la obra trata sobre la invisibilidad, como la vida de los inmigrantes, que deben hacerse invisibles para subsistir", explica la misma artista. En tanto, en una pequeña habitación contigua, con olor a menta, se invita a entrar a cada espectador y lo lleva literalmente a derramar lágrimas, inmerso en un lugar con determinados compuestos orgánicos que produce lo que Bruguera llama "una empatía forzada".

Arte de la conducta: rol público de las performances e instalaciones

El título del nuevo proyecto es "10.142.926", el que irá cambiando pues corresponde al número de personas que el año pasado emigraron de un país a otro, sumado al número de inmigrantes muertos. "La obra es esencialmente un llamado de atención en colectivo, sin el cual no es posible ver la pieza", dice su autora. Apunta a la indiferencia y frialdad del público, y a una manera de presentar estas noticias como si fuera un fenómeno que no admite cambios. "Constituye, además, una reflexión sobre los tiempos en que vivimos, en los que parece necesario que todo el mundo trabaje junto, aunque no crean en las mismas cosas y tengan agendas diferentes".

La artista de 50 años, reconocida por su calidez y sencillez, con probadas características de líder, trabajó también con 21 vecinos voluntarios de la zona londinense de Southwark donde se ubica la Tate Modern, en el proyecto "Vecinos de la Tate". Exploró cómo el museo puede aprender a adaptarse a la comunidad local. Ellos participan activamente, con discursos y propuestas, durante el mes de octubre usando la red wifi de la Turbinas.

Sin embargo, Tania Bruguera -quien estudió arte en La Habana y luego en el Instituto de Arte de Chicago, participa en la Documenta y tiene muestras en los principales museos del mundo- no ha tenido siempre la misma suerte con sus obras que se ubican en esa delgada línea entre las artes visuales y el activismo y, en ocasiones, es abiertamente activista. Incluso fue detenida en La Habana por algunos de sus trabajos que abordan "el rol de las emociones en política".

Para su práctica de artes visuales, Tania Bruguera ha desarrollado conceptos y trabaja con lo que llama el "arte de conducta", en el que investiga el papel del público en las performances e instalaciones y la relación entre ética, experiencia y deseo. Lleva ahí a límites la reacción del cuerpo y la conducta de los espectadores, como sucede en la Tate Modern. Cultiva lo que denomina un "arte útil", que busca impulsar una transformación en la sociedad, centrándose en temas de poder y control. Y visibiliza, al mismo tiempo, temas que son instalados, a veces, en la sombra como la inmigración o bien un determinado arte, literatura y/o filosofía, pospuestos en regímenes totalitarios, como el de su país.

En el año 2002, Bruguera creó la cátedra de Arte de conducta en La Habana, y en 2011 fundó la Asociación de Arte Útil como plataformas de encuentro y desarrollo de proyectos, en donde una de las performances más emblemática es "El susurro de Tatlin 6", que cita el nombre de ese pintor y arquitecto ruso constructivista y estalinista cuyo proyecto más famoso, pero nunca construido, fue el Monumento para la Tercera internacional". Para esa performance , Bruguera, en la versión realizada para Cuba, invitó a ciudadanos cubanos a hablar por algunos minutos sobre lo que querían y soñaban. Para ello puso un micrófono y parlantes en la Plaza de la Revolución, pero fue detenida y acusada de "resistencia y desorden público". El diario The Observer, en un reciente análisis, la ubica entre las artistas más influyentes del mundo.

Descubre el velo: visibiliza realidades y creaciones puestas en la sombra

El pertenecer a una familia que integra(ba) un círculo privilegiado en su país no ha ayudado a Tania Bruguera a desplegar sus obras, pues es marginada del círculo oficial cubano del arte, aunque alterna, eso sí, una temporal residencia entre su país y Estados Unidos. Y fue su padre -entonces un alto diplomático del régimen castrista- quien la denunció por una de sus performances que juzgaba subversivas. "No obstante, al final de su vida él percibió la realidad y desistió de su adhesión al régimen y me felicitó por mi valentía, lo que me deja muy feliz", cuenta la artista.

El primer proyecto de arte lo hizo en plenos 80 cuando tenía solo 18 años. El tema fue Ana Mendieta (1948-1985), gran escultora, pintora y videoartista cubana clave en la historia del arte de ese país, pero invisibilizada por el régimen castrista. El homenaje de Bruguera a Mendieta -que ha seguido desarrollando y que exhibe en diversas salas y museos- consiste en una instalación en la que rehace objetos y performances de la que fuera una de las primeras artistas cubanas en incursionar en el land ar t y el body art . "Para su realización tomé de investigaciones y prácticas de la historia del arte y de prácticas de la misma arqueología. Mi intención ha sido resituar a Ana Mendieta en el contexto cultural y en el imaginario artístico de la isla de los años 80".

Un trabajo fundamental y delicado en su carrera es "Untitled". Bruguera lo hizo, primero, para la Bienal de La Habana y después lo ha expuesto y ampliado en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Está integrado por videos e instalaciones a las que se accede a través de un túnel oscuro, con baches en el suelo, que cita el lugar por donde llevaban a prisioneros políticos en Cuba. Esos filmes y obras, con tierras y un preciso trabajo de luces y sombras, buscan dar cuenta del contrapunto entre la isla de Cuba que ven los turistas y lo que viven o han vivido los cubanos que la habitan. "En un momento del video se proyecta a Fidel intentado mostrar su virilidad al sacarse su camisa y exhibir que anda sin chaleco antibalas, pero hay cuatro hombres alrededor suyo desnudos y completamente vulnerables", describe Bruguera, quien incorporó allí imágenes de diversas fuentes.

Más conceptual es su obra con instalaciones, performance s y literatura sobre la luminosa escritora y filósofa judía alemana Hannah Arendt. Bruguera incita allí a leer el macizo y esencial volumen "Los orígenes del totalitarismo". Y entre los proyectos más ambiciosos de la artista está "Memoria de la Posguerra I, II, y III (1993/1994/2003), en el que creó un periódico independiente -como obra- en colaboración con artistas y críticos contemporáneos que viven en Cuba y en el extranjero, en donde incorpora a creadores de su país anteriores a ella como Carlos Garaicoa y los Carpinteros. Es también protagonista de performances sobre el tema de la droga en Colombia, pueblos originarios y sectores marginados.

Pero es el fenómeno migratorio el candente tema que convoca ahora a Tania Bruguera en su obra que interroga el rol del arte y que convierte al museo en lugar de debate. Ahí realiza innovadores cruces con disciplinas diversas, potenciando la influencia de las artes visuales con ese diálogo suyo que abarca desde la filosofía política hasta la más sofisticada tecnología, lo que se está viviendo en la Sala de las Turbinas de la Tate Modern.

"La obra es esencialmente un llamado de atención en colectivo, sin el cual no es posible ver la pieza"

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