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Entrevista El editor lanza nuevos poemas:

Adán Méndez: "¿Qué promotor de boxeo va a querer subirse al ring ?"

domingo, 14 de octubre de 2018

Roberto Careaga C.
Revista de Libros
El Mercurio

A 24 años de su primera publicación, el poeta lanza su segundo libro, Cazador recolector . Aparece luego de 15 años trabajando en las bambalinas literarias:en Tácitas ha editado casi todo el arco de la poesía local.



Hace 26 años, ubicar a Adán Méndez no era fácil. Con 24 años, vivía en algún lugar entre Pucón y Caburga. Tras de varios recados a cercanos, una información importante llegó hasta su casa: se había ganado el recién instituido Premio Revista de Libros de Poesía. De entre 1.230 manuscritos presentados, un jurado de lujo formado por los poetas Nicanor Parra y Raúl Zurita, más el crítico literario Ignacio Valente eligió el de Méndez, Antología precipitada . Fue un destape precoz para un autor esquivo: Adán Méndez pasó a ser parte del elenco estable de la poesía chilena, yendo y viniendo de diferentes ciudades del sur a Santiago, hasta abrir en 2003 la editorial Tácitas y publicando a cuentagotas algunos poemas en revistas dispersas. Nada de libros nuevos. Se arrepentía en la puerta del horno. Pero ya no.

Ahora acaba de publicar Cazador recolector , su segundo libro. Publicado por editorial Bastante, es una colección de cuatro libros posibles que casi terminó alguna vez. Corregidos por años, son los poemas de un observador agudo, descreído y de un humor ladino que entrega postales de Concepción, notas sobre escritores y lo literario, apuntes eróticos y constataciones de una sabiduría escurridiza. Por ejemplo, en el poema "Cuando salí de mi tierra": "Dos cosas no más sentía:/ Que poesía bastaba/ Faltaba antipoesía./ Nadie se moja en Chile/ Dijo Bolaño/ Sino es por Parra quién/ Nadie hace daño./ Nadie hace daño, o algo/ Porque en la salvación/ Él vio el peligro/ -De trobar Nicanor/ Fue don doctor".

Parra fue más que un objeto de admiración para Méndez. Fue un amigo. Según escribe Rafael Gumucio en la biografía Nicanor Parra. Rey y mendigo , Méndez tenía con el escritor "una afinidad anterior incluso antes de conocerse. Una vecindad de alma y cuerpo". También trabajaron juntos: Adán fue parte del equipo tras Obras completas & algo más y fue quien encontró el poema inédito de Temporal , perdido desde los 80 y estuvo a cargo de su edición a través de UDP en 2014. Ser editor es su labor más conocida: a cargo de Tácitas por 15 años, ha publicado a Pablo de Rokha, Alejandro Zambra, Gloria Dunkler, Eduardo Miranda, Adriana Valdés, Epicuro y Leonardo Sanhueza, entre otros. La edición, dice Méndez, contribuyó a su silencio editorial. Y lo hace desde el chat de Gmail, porque aún no es fácil ubicarlo. Su teléfono está perdido.

"Editar me sirvió para publicar menos, porque me puse cómodo editando. Es muchísimo más gratificante. ¿Qué promotor de boxeo va a querer subirse al ring ?", dice. "Hay evidentes semejanzas en el trabajo de editor con el de escribir: se trata en gran parte, de elegir, de eliminar, de conectar. Y hay mayor semejanza en el caso de la poesía, porque incluye un cierto grado de diagramación. Uno puede distinguir un poema de Zurita de uno de Lihn a 10 metros, por la sola diagramación", añade.

Méndez se resiste a encontrar un tema que una los poemas de Cazador recolector . Dice que al optar por poemas, se quedó con algunos tópicos ("el asunto erótico, el lugar natal, la poética, etc.") y ciertas técnicas ("el octasílabo, el endecasílabo, etc."), no mucho más. "Tengo la impresión de que todo lo que hago, no solo los poemas, está bastante balcanizado", dice.

-Pareciera que los une una mirada: son los poemas de un observador.

-Eso sí puede ser. Me alegra que lo digas, porque la autoexpresión por sí sola la encuentro de muy mal gusto. El papel de observador en cambio lo encuentro meritorio e importante, no solo para el observador mismo, sino para el sapiens en general.

-¿Y al escribir pretende mostrar algo que presenció, más al estilo de la prosa que de la lírica clásica?

-La lírica clásica incluye desde siempre una línea observadora. Yo apostaría a que incluso esta línea es la original. Los antropólogos hoy tienen una teoría fabulosa: que el origen del lenguaje está en el cahuín. Se basan en que en toda sociedad, casi el 80% de los intercambios lingüísticos son cahuín y, en realidad, no hay nada más útil en una comunidad que saber qué hacen los demás, quién esta tirando con quién, quién es confiable, quién es mentiroso, quién es bueno para qué. La mejor poesía, en todos los tiempos, habla de ese tipo de cosas.

-¿Se siente un poeta clásico?

-No, un sapiens que escribe poemas no más. Las autodefiniciones han tenido sentido en otro tiempo. Por ejemplo, tenían que ver con la imperiosa necesidad de ser vanguardia. De tener una bandera. Y había que explicar cuál era. Estas proclamaciones formaban parte de una política ofensiva. Para hablar localmente, hasta Parra esto fue mayormente así. Desde Lihn, en cambio, las autodefiniciones tienden a formar parte de una política defensiva. El poeta al autoclasificarse está en realidad exigiendo que se lo juzgue bajo los criterios especiales de su poética particular. Está postulando a un subsidio crítico. Y a veces incluso está haciendo una advertencia: avisa que no está solo.

-Al ganar el Premio de Revista de Libros, decía que para "el que trabaja en esto (la poesía) no hay otra línea que la de Parra, por el momento". ¿Aún piensa lo mismo?

-Me refería, seguramente, a los poetas como educadores en el sentido en que Homero fue un educador para los griegos. Hay personajes que los sufistas llaman los "humanos enteros". En Chile sé de tres de estos: Gabriela Mistral, Andrés Bello y Nicanor Parra. Cualquiera de ellos, y mejor los tres juntos, tomados en serio como educadores harían de Chile una nueva Atenas. La historia humana es demasiado compleja, las fuentes demasiadas y contradictorias, y la vida es corta. No vale la pena dedicarse a investigar las tradiciones de manera exhaustiva; es mejor concentrarse en la parte más viva y actual y de la tradición, y en ese sentido, no hay mejor elección que Parra o Pound, con la ventaja para Parra de que él une no solo la tradición poética, sino también la filosófica, la científica y la popular.

-¿La amistad que mantuvo con Parra se traspasó a su escritura?

-El era tal cual sus poemas. Conocerlo personalmente más bien servía para discernir los elementos más personales de su habla que hay en sus poemas. O sea, en lo que a escribir poemas respecta, sirvió más para sacar que para poner. Pero siempre se aprendía muchísimo con él, y además daba muy buenos consejos personales. Aunque desgraciadamente casi siempre me di cuenta de que eran buenos consejos después de que no los seguí.

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