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La policía peruana registró ayer la casa de Jaime Yoshiyama, el expresidente del Congreso y mano derecha de la líder opositora Keiko Fujimori. Un nuevo golpe que se suma al "uno dos" que recibió el fujimorismo en los últimos días y que tiene al clan político más poderoso de Perú en su momento más bajo. "¡Es una persecución política!", exclamó Keiko el miércoles, horas después de que efectivos de la policía la detuvieran en el marco de una investigación en su contra por haber "lavado" más de un millón de dólares en aportes ilícitos a su campaña presidencial de 2011, de parte de Odebrecht, la constructora brasileña en el epicentro de una red de sobornos a cambio de contratos de obras públicas en toda América Latina. Los montos que recibió el fujimorismo de parte de la constructora brasileña llegarían a US$ 1.200.000, según Richard Concepción, el juez que firmó la orden de detención. El magistrado se basa en los datos que entregó el máximo representante de Odebrecht en Perú, Jorge Barata, a fiscales peruanos. Una semana antes, el clan había recibido otro impacto: la Corte Suprema anuló el cuestionado indulto al expresidente Alberto Fujimori, por lo que el polémico patriarca de la familia debía reingresar a prisión para continuar con el cumplimiento de su condena de 25 años por crímenes de lesa humanidad. Hoy, el político de 80 años -que padece de varios problemas cardíacos y cáncer a la lengua- está en una clínica de Lima, donde se internó apenas se dio a conocer la noticia de la anulación. No solo padre e hija se han visto envueltos en problemas con la justicia. Kenji, hermano de Keiko y quien fuera el legislador más votado en las elecciones de 2016, fue suspendido de sus funciones por el Congreso mientras es investigado por los delitos de cohecho y tráfico de influencias. Al congresista se le acusa de haber comprado votos para impedir la vacancia del ahora renunciado presidente Pedro Pablo Kuczynski, quien meses antes aprobó el indulto a su padre. Apoyo a la baja "No van a truncar nuestro proyecto político. El fujimorismo es un sentimiento", dijo Keiko en una carta manuscrita difundida en su Twitter poco después de ser arrestada, pero parece ser un sentimiento que comparten cada vez menos personas. Lejos está el 49% que obtuvo la excandidata presidencial en las elecciones de 2016. Hoy, es considerada el político más corrupto del país por 29% de los peruanos, según la última encuesta Datum; casi el doble que el 17% que obtuvo el segundo en la lista, el expresidente Alan García. Cifras similares entregó un sondeo de GFK de septiembre, donde 78% de los encuestados manifestaron rechazar a Keiko. "Sin duda, es el peor momento para el fujimorismo. Hay una caída muy fuerte en la imagen de su líder, ha aumentado la percepción de que está asociada a la corrupción y sus resultados en las elecciones locales del domingo pasado fueron muy malos. Pero, por ahora, mantendrán su fuerza en el Congreso", dijo a "El Mercurio" Eduardo Dargent, analista político de la Pontificia Universidad Católica de Perú. Aunque debilitado, el fujimorismo se niega a quedarse en la lona y sigue siendo la principal fuerza opositora en el Congreso. Así lo demostró el jueves, cuando logró pasar un proyecto de ley que permite otorgar arresto domiciliario a presos mayores de 65 años que padezcan enfermedades graves. La oposición denunció que el proyecto busca impedir el retorno a prisión de Alberto Fujimori, quien ha alegado que enviarlo a la cárcel sería la muerte para él.