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Larga vida a un clásico

sábado, 13 de octubre de 2018

Texto, Paula Donoso Barros. Fotografías, Viviana Morales Robles.
Patrimonio
El Mercurio

Un siglo y medio de historia se ha discutido en los salones del Club Talca. Aunque los de su especie, reductos tan cerradamente masculinos como aristocráticos, están en retirada, sus directores buscan revitalizarlo como lugar de encuentro en la ciudad y así poder conservar en buena forma el edificio inaugurado en 1932, de los arquitectos Carlos y Alberto Cruz Eyzaguirre.



Hace 150 años, cuando se fundó el Club Talca, la sociedad no era la misma que hoy. Ni en Talca ni en Chile. Y reductos tan masculinos, como pudo ser uno cuyas bases negaban la entrada a mujeres, buscan cómo estar a la altura de los tiempos. Algo que en distintos planos el Club Talca ha venido haciendo a lo largo de su existencia, según el relato del historiador Jaime González Colville en el libro publicado con motivo de su aniversario. Y un desafío para los directores de hoy que buscan recuperar presencia en la ciudad, y mantener su edificio, tareas difíciles con una exigua planilla de socios.

Un miércoles a mediodía muestra al club en su ritmo habitual. Un cliente llega por su corte de pelo a la peluquería que hace 40 años atiende el mismo peluquero. Nadie en el bar; el concesionario espera con el menú de colación. Tres o cuatro antiguos socios juegan escoba, igual que todos los días, entre 11 y 13 horas. Acompaña la especialidad: lengua con puré de palta con un sauvignon de la zona.

-La alegría que nos regala compartir un trago con los amigos nos alarga la vida, la enriquece y la ennoblece; este lugar será siempre propicio para reunir nuestras penas, alegrías y tratar de arreglar el mundo, que cada día se hace más difícil de comprender -dice Jaime Pozo Merino -su presidente en dos períodos-, con 83 años, y decididamente a la altura de los tiempos. "Yo creo que hay que tener socias", dice. Y abre una discusión, que entre muchas bromas, deja en evidencia que es habitual.

Ricardo Baltierra y Eugenio Parot, directores -este último, a sus 32 años el menor de los socios-, comentan que los jóvenes ya no vienen. Las mujeres de hoy no aceptan esta segunda "jornada de trabajo" de sus maridos; las parejas salen juntas, la ciudad ofrece más panoramas. Están conscientes de que las razones suman, pero no quieren perder este espacio de confianza entre distintas generaciones. "Hay gente de la edad de nuestros padres o abuelos, con los que acá tenemos una relación de amigos, de mucha cercanía".

El club, según escribe González Colville, se inspiró en las bases del Club de la Unión, creado dos años antes en Santiago. La moda siguió a provincia, y los primeros en seguirle fueron Talca y Concepción.

El de Talca lo creó, el viernes 18 de septiembre de 1868, "un grupo de prestigiosos agricultores, empresarios y profesionales talquinos". Cerca de 100 fundadores firmaron el acta, estipulando que no aceptaría más de 500 socios cuyo ingreso debía someterse a votación; que sería un centro de reunión social, "que no permitiría manifestaciones de carácter político ni religioso".

Bastante lejos de su realidad.

"El Club asumió desafíos e intervino con decisión y fuerza en todas las situaciones políticas del siglo XIX y bien entrado el XX, con no poca influencia y decisión en estos actos", escribe el historiador. Y en un detallado relato cuenta cómo se discutió ahí la candidatura presidencial de Vicuña Mackenna; cómo durante sus reuniones se organizó el Batallón Talca en la Guerra del Pacífico, con varios hijos de socios en sus filas, y cómo en los mismos salones se confeccionó su estandarte. También que creó la Sociedad Protectora de Viudas y Huérfanos de la Guerra, que dio pensión semanal a las familias de los soldados más pobres.

Si en la provincia se discutió acaloradamente la Revolución de 1891, el grupo conservador articuló desde sus salones las redes de la zona. "Y pese a todo, convivían en tensa relación socios gobiernistas y opositores".

Una historia que tampoco ha sido ajena, según cuenta, al mundo de la cultura. En sus sesiones se organizó la creación del Teatro Municipal para la ciudad, y también se concretó la visita de Sara Bernhardt, en 1886, para la que los socios reunieron el equivalente al precio de dos casas que costaron sus dos presentaciones. Y, a través del Liceo de Talca, colaboró con revistas y concursos literarios. "Este auspicio al florecimiento de las letras es una prueba más de la falsa imputación hecha al club de su aislamiento y enclave aristócrata", dice el historiador, haciéndose cargo de la acusación más frecuente. Y asegura que pese a ser "un recinto de verdad cerrado, fue una fuerza de gestión".

Todo ocurría en los confortables salones descritos por Oscar Pinochet de la Barra, escritor talquino, que habla de salas de lectura con los diarios del país y estanterías repletas de libros, "un retrato de Francisco Bilbao que daba la nota revolucionaria y librepensadora, y un enorme desnudo femenino, en otro salón, se ponía a tono con el nivel picante de las conversaciones". Era el edificio que el terremoto del 1 de diciembre de 1928 en un segundo convirtió en escombros, igual que a toda la ciudad.

Los hermanos arquitectos Carlos y Alberto Cruz Eyzaguirre fueron los encargados de levantar la nueva sede que se inauguró en 1932 y en la que la institución vivió su época de oro, en los años 40 y 50, como centro social. Sus registros consignan eventos que marcaron su historia, como los 25 años de sacerdocio de monseñor Manuel Larraín, cóctel al que asistió el padre Hurtado, y al que los hombres fueron citados con traje de gala y las mujeres sin sombrero.

Sin anestesia, González Colville describe la situación de hoy, cuando busca reinventarse con arriendo de salones, salas de conferencia y torneos de dominó, como el llamado "Campeonato de la reconstrucción", para financiar los enormes arreglos que exigió otra vez un terremoto, el de 2010. "El Club hoy sin duda no atrae, pero tampoco emite el poder de antaño o causa el temor de otra época". Y cita a uno de sus antiguos directores, Jorge Herrera: "La proyección no es buena, que lo diga la mayor parte de los clubes de provincia: muchos cerrados, otros a media marcha...".

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