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Miedo. Es lo que mueve hoy a Natalie Costa (27) a las urnas para votar por el candidato del Partido de los Trabajadores (PT, izquierda socialista), Fernando Haddad, a la Presidencia de Brasil. También es lo que llevó a Daniel Santos (43) a elegir al aspirante de extrema derecha, Jair Bolsonaro, como su preferido al Palacio de Planalto. Y lo que hizo que un grupo de jóvenes se movilizara ayer en Facebook con el discurso "ni el uno, ni el otro". Tanto Costa como Santos y los manifestantes de la red social, por distintas razones, creen que los contrincantes de su candidato representan "lo peor para el país". "Parece que la pesadilla no va a terminar. La campaña solo tuvo 45 días, pero se me hizo eterna. Me peleé por política con mi familia, mis amigos y mi pareja. ¡Ni en las redes sociales tuve tranquilidad!", comenta Gustavo Guimarães. Es que desde que comenzó la campaña, marcada por la inhabilitación de la candidatura del expresidente Lula da Silva -preso por corrupción pasiva y lavado de dinero- y por el atentado con apuñalamiento contra Bolsonaro, la tensión social se ha incrementado. A tal punto, que incluso los famosos -como Caetano Veloso y Neymar- fueron presionados por sus fans para que revelaran su voto. Y varios perdieron seguidores tras hacerlo. En el centro de São Paulo, algunos carteles piden a los ciudadanos que no usen poleras rojas (asociadas al PT) o amarillas (ligadas a Bolsonaro), por "motivos de seguridad". En la semana hubo incidentes y amenazas entre quienes usaban esos colores. El ambiente de las presidenciales de hoy -a las que Bolsonaro (41%) y Haddad (25%) llegan como favoritos- es una secuela de los estragos de la crisis de los últimos años. Mientras algunos buscan seguridad en el regreso del PT, que implementó extensos programas sociales en sus 13 años de gobierno; otros buscan lo mismo en la candidatura del excapitán del Ejército Bolsonaro, por su promesa de mano dura ante la delincuencia. Aunque con pocas esperanzas, otros 11 postulantes pretenden conquistar a los indecisos, intentando frenar la lucha entre los extremos que abre una incógnita de cara a la segunda vuelta. Aquí, los factores que conformaron el tenso escenario electoral: Economía El PIB brasileño se contrajo un 7% entre 2015 y 2016, durante el gobierno de Dilma Rousseff (PT). Esto llevó al país a la peor recesión en 25 años. Aunque en 2017 Brasil creció 1%, es insuficiente para impulsar la recuperación económica de esta nación, que en la primera década del siglo era considerada como una de las potencias emergentes con mayor proyección (en 2010, bajo la gestión de Lula, el PIB creció 7,5%). Hoy, el país tiene a 12 millones de personas desempleadas (11,6%). Haddad intenta distanciarse del desastre económico de Rousseff y recordar el período de bonanza durante la gestión de Da Silva. En esos años, las políticas asistencialistas del PT lograron que 30 millones de personas dejaran de vivir bajo la línea de la pobreza. Él asegura que el crecimiento económico puede reducir el déficit fiscal, pero no explica cómo. Por otro lado, Bolsonaro, quien se declara ignorante en esos temas, prometió que el país "volverá a crecer" de la mano de su eventual ministro de Hacienda, Paulo Guedes, un economista de la Universidad de Chicago que quiere liberalizar la economía y hacer más privatizaciones. Inseguridad En 2017, la tasa de homicidios en el país fue de 30 por cada 100 mil habitantes (la Organización Mundial de la Salud considera "nivel de epidemia" cifras superiores a 10 por cada 100 mil). Una ola de criminalidad, debido en parte al avance del narcotráfico y sus luchas de poder, y la falta de eficiencia de las policías disparó la violencia en todo el país, particularmente en ciudades turísticas como Río de Janeiro -bajo intervención militar desde febrero- y en partes del norte y noreste de Brasil, bastiones tradicionales del PT. En ese contexto, los discursos de mano dura de Bolsonaro, que propone autorizar el porte de armas a todos los "ciudadanos de bien" y "castigar a los criminales", ha conseguido apoyos en un país donde más del 60% de las personas está de acuerdo con la frase "bandido bueno es bandido muerto", según Datafolha. "¿Si matan a mi hija y a mi señora, no querré yo también la muerte de ese malandro?", comenta Henrique Mamede (34). Haddad, a su vez, promete fomentar un mayor uso de información de inteligencia de parte de la policía para infiltrar y desmantelar a los grupos criminales y entregar mejores servicios sociales a poblaciones vulnerables, para que los jóvenes no se asocien a los narcotraficantes. Pero genera dudas, porque durante los gobiernos del PT, la violencia no hizo más que aumentar, con la misma estrategia. Corrupción Las de hoy son las primeras presidenciales desde que comenzó la Operación Lava-Jato, una investigación judicial que destapó una gigantesca trama de sobornos a políticos de casi todos los partidos, durante los gobiernos del PT, para obtener contratos con la estatal Petrobras. Las investigaciones alimentaron el hartazgo de los brasileños hacia los políticos y el descrédito de la democracia. "Se entiende el éxito de Bolsonaro en las encuestas, porque él se presenta como un político que está hace 27 años en el Congreso, pero no está investigado por corrupción. Y asegura que no habrá perdón para los implicados en los escándalos", comentó a "El Mercurio" el analista político Carlos Henrique Barbosa, excoordinador de recuperación de activos del Ministerio de Justicia. Esto también explica por qué tantos electores rechazan a Haddad, aunque él no está involucrado en ningún caso de irregularidades. "Muchos creen que él no sería el verdadero Presidente, sino que Lula (condenado por corrupción) mandaría el país a través suyo", comenta Barbosa. Pero para algunos esto no importa. Alcacio (40), habitante de la favela de Paraisópolis, dice que lo importante es que el PT "roba, pero hace; a diferencia de los demás partidos". Falta de liderazgo Ninguno de los candidatos de centro ha conseguido una posición fuerte, aunque los expertos aseguran que cualquiera de ellos tendría mejores condiciones de gobernabilidad que Haddad o Bolsonaro. Eduardo Grin, analista político de la Fundación Getúlio Vargas, asegura que esto se debió a la falta de capacidad de los políticos para generar un consenso y acordar una sola candidatura. Además, a diferencia de los líderes de las encuestas, los candidatos de centro no generan "ni amor ni odio", y son poco carismáticos, agrega Grin. Y aunque en las redes sociales, miles de personas han expresado su apoyo a Ciro Gomes, el único candidato que, según todos los sondeos, sería capaz de ganar tanto a Haddad como a Bolsonaro en el balotaje del 28 de octubre, el izquierdista tiene escasas posibilidades de pasar. Con los dos principales candidatos en un empate técnico para segunda vuelta, el escenario que se abre es de total incertidumbre.