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El año pasado hubo casi 64.000 homicidios en el país:

El temor al crimen mueve al electorado de Brasil hacia soluciones de mano dura

sábado, 06 de octubre de 2018

Amanda Marton Ramaciotti Enviada Especial
Internacional
El Mercurio

Paraisópolis, São Paulo Quien sea elegido Presidente heredará un complejo problema de violencia de difícil solución.



Antônia Gomes (44) no está segura si lo que siente es rabia, tristeza o sed de justicia. "Quizás sea todo al mismo tiempo", afirma. Hace solo cinco meses, su padre, un comerciante de 77 años, fue secuestrado cerca de su casa, en el norte de São Paulo. Durante días, ella estuvo en contacto con los criminales, negociando el pago del rescate. Aunque hizo la entrega del dinero -"un monto estratosférico"- a los asaltantes, nunca volvió a ver a su padre.

"Fue asesinado a sangre fría y los bandidos salieron con la suya. Ellos tienen que morir", afirma la abogada, quien asegura que el domingo "sin duda" votará por Jair Bolsonaro, el candidato presidencial de extrema derecha, que promete mano dura contra los delincuentes y lidera las encuestas.

En el otro extremo de la ciudad, en Paraisópolis, la mayor favela de São Paulo, Vitor (23) asegura que sea quien sea el próximo mandatario, su situación no va a cambiar: "Aquí, nosotros somos una comunidad. Si yo no hago mal a nadie, no robo a nadie, me van a proteger. Los jefes del narco que viven aquí arriba me van a cuidar y a mí no me pasará nada. Da lo mismo quién gane las elecciones, yo estaré mejor aquí que en cualquier otro lugar de la ciudad".

Su amigo, João (28), quien también vive en esta favela de más de 42 mil habitantes, discrepa. "Podemos estar mejor si sale alguien del Partido de los Trabajadores (PT). Fernando Haddad sabrá mejorar nuestra calidad de vida en la comunidad, aunque el tráfico seguirá existiendo", sostiene.

Brasil se enfrenta a la peor crisis de seguridad de su historia: el crimen se disparó; la violencia generada por las drogas alcanza todos los rincones de la federación; y facciones carcelarias como el Primer Comando de la Capital y el Comando Vermelho -originarias respectivamente de São Paulo y Río de Janeiro- han extendido su influencia por todo el territorio y también por algunos países como Colombia y Paraguay, según el Ministerio Público Federal. En 2017 se produjeron casi 64.000 asesinatos, una cifra récord, con un incremento de 2,9 % en relación con el año anterior.

La crisis ha sido capaz, incluso, de modificar las lealtades políticas, que antes se podían trazar en el mapa. El norte y noreste de Brasil, bastiones históricos del PT debido a los programas sociales de educación, vivienda y alimentación, ahora reparten sus apoyos entre el candidato Haddad y Bolsonaro, quien promete erradicar la violencia en esos estados, golpeados por una tasa de homicidios que llega a 60 por cada 100.000 habitantes (a nivel nacional es de 30,3; mientras que la de São Paulo es de 10,9 y la de Río de Janeiro de 36,4).

El tema ha sido una parte fundamental del debate ciudadano, en particular después de que el mismo Bolsonaro fuera apuñalado en septiembre durante un mitin, algo que obligó a todos los aspirantes presidenciales a reforzar sus dispositivos de seguridad. Tan solo el jueves, un candidato a gobernador de São Paulo, Adriano da Costa e Silva, sufrió un ataque a tiros.

Las propuestas para atacar el crimen se dividen entre un mayor uso de la fuerza y la asignación de más recursos sociales.

Por un lado, Bolsonaro, líder en todas las encuestas (39%, según Datafolha), propone la liberalización de la tenencia personal de armas para combatir el crimen.

"No podemos tratar a los delincuentes como seres humanos normales que necesitan ser respetados", dijo el excapitán del Ejército en agosto. Agregó que la policía debe descargar "10, 15 o 30 balas sobre cada uno y luego recibir premios" por sus esfuerzos.

Por otro lado, Haddad, quien le sigue en los sondeos con 25% de los apoyos, insiste en que "violencia genera más violencia". El candidato del PT propone la creación de un Plan Nacional de Reducción de Homicidios que contempla entregar mejores servicios públicos en territorios dominados por el crimen organizado, imponiendo así la presencia del Estado. También promete invertir en tecnología y equipos de seguridad; despenalizar el uso de algunas drogas para reducir el tráfico y promover ofertas laborales a jóvenes de comunidades vulnerables para evitar que ellos sean reclutados por pandillas.

El problema es que el PT ya estuvo 13 años en el poder (2003-2016) y la pregunta entonces es por qué no aplicó antes fórmulas que evitaran la expansión del crimen.

Lo urgente, afirmó a "El Mercurio" Samanta Bueno, del Fórum Brasileño de Seguridad Pública (FBSP), es reformar las policías. "Los policías en Brasil son responsabilidad de los estados, no del poder federal, y no existe ningún tipo de unidad entre las 27 policías militares y 27 policías civiles existentes hoy. Es un sistema caro, que ofrece pésimas condiciones de trabajo, que suele ser abusivo con los más pobres y que no resuelve los crímenes", comentó. Según datos del FBSP, ocho de cada diez homicidios no tienen autoría identificada. "Es fácil vivir en la impunidad en Brasil, y eso estimula cada vez más la violencia y soluciones violentas, como las que propone Bolsonaro".

Ante la incapacidad policial, los brasileños buscan otras alternativas. Mientras los habitantes de Paraisópolis evitan el contacto con los agentes, en otros sectores de São Paulo muchos gastan entre 2% y 5% del valor total de su propiedad para incrementar su seguridad con cámaras o alarmas. Asimismo, la mayoría de los colegios particulares tiene torniquetes que se activan con una tarjeta disponible solamente para alumnos, apoderados y funcionarios.

En las calles también se ven muchos vehículos blindados. Brasil lidera el ranking mundial, con una flota de 190 mil autos blindados, cinco veces más de lo que producía hace diez años.

Pero ni tener el auto blindado y con alarma, ni transitar por calles consideradas "más tranquilas" impidió que Rafael Gasparini (25) sufriera un asalto violento. Dos niños de entre 13 y 16 años, uno de ellos portando una escopeta y otro con un revólver calibre 38, lo amenazaron cuando iba camino a la casa. "Estaban visiblemente drogados. ¿Qué hace uno, culpa a los narcos y ayuda a esos muchachos o usa un arma para protegerse?".

Gasparini aún no ha decidido qué es mejor para combatir la violencia, ni a quién apoyará en los comicios.

GASTOS Muchos brasileños gastan entre 2% y 5% del valor de su propiedad para protegerla con alarmas y cámaras.

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