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Ciento cuarenta y siete millones de brasileños se preparan para, de aquí a una semana, votar en las que son calificadas como las elecciones más complejas desde el fin de la dictadura militar (1985). Tras haberse enfrentado a su peor recesión en 25 años; con los mayores partidos políticos manchados por escándalos de corrupción, y con una crisis de seguridad que no cesa, Brasil, la mayor democracia de América Latina, rinde examen el próximo 7 de octubre. Hasta el momento, las encuestas revelan un escenario completamente polarizado. El que lidera todos los sondeos en primera vuelta es el candidato de extrema derecha Jair Bolsonaro (28%), seguido por el aspirante del izquierdista Partido de los Trabajadores, Fernando Haddad (22%). Muy detrás están el centroizquierdista Ciro Gomes (11%), el socialdemócrata Geraldo Alckmin (8%) y la ecologista de centro Marina Silva (5%). Los otros ocho candidatos cuentan con menos del 3% de intención de voto. Si las encuestas están bien, sería la primera vez desde 1994 que el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) no estaría representado en segunda vuelta contra el PT. Y la primera vez desde la elección indirecta de 1978 -cuando João Figueiredo fue elegido- que un militar retirado está entre los más votados (Bolsonaro es ex capitán del Ejército). También podría redibujarse la distribución espacial del voto en Brasil. Por lo general, los estados del norte y noreste votan por candidatos de izquierda que promueven programas sociales; mientras los estados del centro, sureste y sur del país apoyan a aspirantes de centro y de derecha, con programas de desarrollo económico. Sin embargo, 43,2% de los homicidios en 2017 fueron cometidos en los estados del norte y noreste del país, por lo que Bolsonaro -quien promete mano dura contra la violencia- ha ganado fuerza en esas regiones. Los otros comicios Con tanto revuelo por la competencia presidencial, la campaña para las elecciones generales casi ha pasado inadvertida. Pero el 7 de octubre los brasileños también deben escoger a 27 gobernadores, 513 diputados federales, 54 senadores para un mandato de ocho años (lo equivalente a dos tercios de la Cámara Alta, de 81 miembros) y 1.059 diputados de asambleas regionales. "Nosotros, los electores brasileños, deberíamos preocuparnos más de estas elecciones, porque es en el ámbito de las cámaras legislativas donde podemos hacer que nuestra voz sea más escuchada y es donde el diálogo se impone. Pero hasta ahora nuestros estudios indican que todo se va dibujando por la mantención del status quo ", comentó a "El Mercurio" Irapuã Santana, abogado y analista del Tribunal Superior Electoral de Brasil. Uno de los mayores problemas de las últimas administraciones ha sido contar con dos tercios de los votos en la Cámara Baja y la Cámara Alta para aprobar reformas y proyectos. Después de la redemocratización, el número de partidos representados en el Congreso ha aumentado: 19 en 1991; 21 en 2007; 22 en 2011; 28 en 2015. Hoy, de las 35 colectividades brasileñas, 25 poseen diputados y/o senadores. Las dificultades del llamado "presidencialismo de coalición" dieron margen a la compra de votos para aprobar grandes reformas, lo que se tradujo en megaescándalos de corrupción, como Mensalão y Petrobras, una prueba de que esa forma de hacer política está fallando. En una entrevista esta semana con "El Mercurio", el ex Presidente Fernando Henrique Cardoso dijo que el sistema político brasileño "está agotado". "Un gobierno no puede funcionar con un Congreso que tiene 25 partidos, porque estos ya no siguen intereses ideológicos, sino que se transforman en asociaciones de intereses corporativos, que miran los fondos públicos para sostenerse (...). De los cuatro presidentes que han sido votados después de 1989, dos sufrieron impeachment (Fernando Collor de Melo y Dilma Rousseff), uno está en la cárcel (Lula da Silva). El único que está más o menos libre soy yo. Algo está equivocado en el sistema político", aseguró. Sin embargo, 19 imputados, 12 acusados y 63 indagados en la Operación Lava-Jato -que investiga la red de sobornos en la estatal Petrobras- son candidatos en estas elecciones. Asimismo, según sondeos, los favoritos para el Congreso son diputados y senadores que van por la reelección, varios de ellos investigados por corrupción. Cuestionamientos Durante mucho tiempo las elecciones en Brasil fueron definidas como modelo para las naciones en desarrollo, porque fue uno de los primeros países en implementar la urna electrónica, los jóvenes de 16 y 17 años pueden votar acompañados de un apoderado y porque se entregan los resultados de forma relativamente rápida, pese al tamaño del país. Según las autoridades electorales, las urnas son absolutamente seguras, porque no tienen acceso a internet y todo el sistema es verificado periódicamente para evitar ataques de hackers . Asimismo, cuando finaliza la votación, la urna emite una copia impresa de los resultados, como comprobante. Sin embargo, varios candidatos del Partido Social Liberal, incluyendo Bolsonaro, han alertado sobre los presuntos riesgos de un fraude en el balotaje, el 28 de octubre. Otra prueba de que la democracia brasileña vive en constante desafío. OBLIGACIÓN El voto en Brasil es obligatorio a partir de los 18 años, pero quienes quieran pueden sufragar desde los 16.