Fondos Mutuos
La noche del 4 de octubre, Andrés Zaldívar se acostó preocupado. Estaba, dice casi 30 años después, "con la adrenalina al máximo". Eran las cuatro de la mañana y no lograba conciliar el sueño. A varias cuadras de su casa, en la comuna de La Reina, Ricardo Lagos estaba en una situación parecida supone hoy. No recuerda tanto el desvelo como la mañana del 5 de octubre. Deben haber sido las 7:30 u 8 de la mañana cuando salió hacia el comando desde la comunidad Castillo Velasco. Empezó a caminar por el corredor y avanzó en medio de una nube de periodistas. De pronto, miró para atrás "y lo único que se me vino a la cabeza fue si esa noche iba a volver o cuándo iba a volver para mi casa". Esa era su sensación. "Pero lo único que me quedaba hacer con los periodistas al frente era decir que estaba todo tranquilo, todo normal, todo muy bien y que la gente también podía estar tranquila, porque iba a ser un gran día. Esa noche íbamos a ganar". Genaro Arriagada, secretario ejecutivo del Comando del No, había mandado esa noche a sus dos hijas y a su nana a dormir a la casa de su amigo Alfonso Dulanto. "Con mi mujer, nos fuimos a alojar al hotel Crowne Plaza, que estaba casi al frente del comando", recuerda hoy, sentado en la Fundación Democracia y Desarrollo, donde la mañana del jueves se reunió con Lagos y Zaldívar a recordar lo que hoy parece una gesta, pero que ellos recuerdan con más humor que dramatismo. "Yo me alojé en mi casa porque todos mis vecinos eran del Sí", dice Zaldívar, y se ríen los tres. "Yo me sentía seguro, a pesar de que a mi casa normalmente la asaltaban con huevos y gatos para qué decir". Las horas antes -Ricardo Lagos (RL): Cuatro días antes del plebiscito, era el sábado 2, el capitán que estaba presente cuando yo estuve preso, el 86, pidió a través de mi cuñado que quería hablar conmigo privadamente. Nos juntamos en un departamento, ahí en los altos del pasaje Matte. Él me explicó que se habían robado seis buses del sistema público de transporte, seis buses Mercedes Benz, idénticos, del mismo modelo al que usan las Fuerzas Especiales de Carabineros. Eso fue todo lo que me dijo. Ahí pensé lo obvio, que los estaban pintando. Entonces, lo primero que hice fue llamar a Alejandro Hales, que siempre tenía muchos contactos y me dice, '¡no puede ser! Me llamó (Patricio) Aylwin y me dijo algo parecido'. Luego nos juntamos los tres. Telefónicamente habían llamado a Aylwin para decirle que se habían robado unos buses. -Genaro Arriagada (GA): Después supimos que eran más de seis. -RL: Es que esa es la parte pintoresca. Bueno y dijimos, ¿qué hacemos? Y pensamos que, primero, había que pedirle una entrevista a (Rodolfo) Stange. Y, de paso, también a Matthei, que parecía un poquito más abierto. Y pensando en los que eran de la Junta, el otro caballero estaba en Valparaíso y el otro era Pinochet mismo. Entonces, Alejandro quedó de conseguir la entrevista con Stange y yo, de hablar con un pariente político que era general de las FF.AA. Lo invité a jugar tenis y le expliqué esto y me fue mal. Matthei le dijo, 'sí, por supuesto, pero todo lo que quieran decirme, que se lo digan a usted'. Quien tuvo éxito fue Hales. Me llama y me dice 'nos recibe Stange a las cinco de la tarde'. Y llegamos los tres, Aylwin, Hales y yo. Nos hizo entrar por la parte de Marchant Pereira y le informamos sobre esto. Él nos mira y nos dice, 'señores, ustedes están equivocados. No son seis, son catorce los buses robados. Pero hemos tomado las medidas y por eso hemos ordenado que a nuestros buses de Carabineros se les pinte el escudo de la institución en el techo con luces reflectantes. De manera que si vemos buses de Carabineros (risas) sin el escudo reflectante, está claro que nosotros denunciamos o metemos bala altiro porque no son carabineros'. -Andrés Zaldívar (AZ): Y el día del plebiscito, un par de buses llegaron al comando... -RL: ¡Sí, pues! -AZ: Estábamos recordando cuando buscábamos el local de funcionamiento y nadie nos arrendaba algo para el No. Me tocó la coincidencia de ir pasando por la Alameda y vi 'Marcos Albo. Venta de autos'. Ahí me acordé que él me había pedido algunos favores en su vida, así que me metí al local y le dije. 'Mira, estoy en esto'. Tenía dos pisos arriba y me dice: 'Estoy complicado, si estamos al lado del caballero'. Bueno, le dije yo. Yo asumo las responsabilidades. Te firmo el contrato. Firmamos y tuvimos que darle cheques en garantía. Fue él único que se atrevió a arrendarnos un local. "Después, cuando faltaban dos días antes del plebiscito estábamos en el comando y nos preguntamos: '¿Y si nos cortan la luz?'. Era muy fácil. 'Busquemos a alguien que nos facilite un generador', coincidimos. Hablamos con José Luis del Río padre, que era cercano a nosotros, y le contamos el problema. Nos dijo que tenía un generador. Y llegó uno que era del porte de la mitad de la mesa que teníamos, y lo instalamos en la entrada. Casi no podíamos pasar, pero con eso mantuvimos extinta la posibilidad de evitar que nos silenciaran". -GA: Esa mañana (del 5) yo estaba un poco más tranquilo. No pasaba tanto. Eso sí, era bien impresionante ver todo porque había una emoción cívica. Había filas enormes, la gente no hablaba. -RL: El No también, para mí, es el triunfo de una estrategia. -GA: No fue un entusiasmo. Hubo distintos momentos previos. Un año y medio antes, por lo menos, Máximo Pacheco Gómez consiguió unos fondos de George Soros, para que hiciéramos un estudio de opinión. Teníamos encuestas, pero en ese momento estaban empezando los focus group y (en Chile) no había ninguna empresa que los hiciera. Contratamos a Sawyer and Miller. Ellos vinieron y les pusimos tres contrapartes. Una era el Centro de Estudios del Desarrollo, donde estaban (Edgardo) Boeninger y Gabriel Valdés; otro era Sur, donde estaba (Eugenio) Tironi, Carlos Vergara, Javier Martínez; y otro, ILET, donde estaban Juan Somavía y Juan Gabriel Valdés. Hicieron un tremendo informe que titulamos 'Dignidad' y que indicaba: 'La gente tiene una mala impresión del gobierno de Pinochet, pero creen que es invencible'. En consecuencia, si queríamos movilizar a la gente había que hacerlo sobre la base de una cosa positiva y no confrontacional. Ese es el origen que va a terminar después en la campaña del No. "Otro momento muy importante fue el de la Tencha (Hortensia) Bussi, porque ella era el ícono del allendismo. La Tencha Bussi estaba viviendo en Buenos Aires, así que mandamos a Sergio Bitar -que era amigo de ella- y a Lucho Maira, para que fueran a verla. Ahí, ellos le pidieron que llegando a Chile se bajara del avión y dijera: 'Aquí hay que inscribirse'. Era muy decisivo. Y la Tencha Bussi se bajó y lo dijo: 'Hay que inscribirse'. Después de eso, sigue esta cosa, y más o menos por allá por el mes de junio, fines de junio, el Partido Comunista, que había partido diciendo que éramos unos imbéciles con esto de inscribirse, finalmente se sumaron a la inscripción". -RL: Bueno, volviendo al día del plebiscito, nos juntamos en el comando. Fuimos a votar, después de la votación pasé por el Hotel Galería y más tarde volví al comando del No y ahí estuvimos un buen rato. -GA: Yo creo que estuve todo el tiempo ahí. -AZ: Salvo cuando fuimos a las cosas de prensa. -RL: Pero todos con cara de ascensor (ríen). -GA: Así es, yo que recuerde, solo recibí dos pequeñas agresiones verbales, un gallo me dijo 'tení en la cara la derrota, huevón' . Pero no más que eso. Es que había toda una acción cívica en que la gente seguía y seguía votando. Imagínense que, para formarse una idea, el año pasado votó la misma cantidad de gente que hace 30 años en el plebiscito. La misma cantidad de gente, siete millones y medio. La noche del triunfo Eran ya las 19:30 horas de ese miércoles, cuando el entonces subsecretario del Interior, Alberto Cardemil, entregaba los primeros resultados del plebiscito. El gobierno de Augusto Pinochet anunciaba que la opción Sí tenía un 58% frente al 42% del No. -GA: ¡Pero era con un 0,8 de los votos! -RL: En ese momento voy donde Genaro y le digo: 'Tenemos que dar los cómputos oficiales'. Porque todos teníamos cómputos, pero el que hablaba era solo Genaro. Era el dueño, porque o si no, si cada uno salía con sus cómputos, no valía. Luego viene el segundo cómputo, un poco antes de las 9, con una diferencia mínima. Nos estaban pistoleando a todos. "Y la gente empezó a llamar diciendo '¡oye, por qué siguen callados!'. Entonces, Genaro me mira y me dice, 'no (los voy a dar), porque fui yo el que le dijo a la prensa que cuando tuviéramos un 10% más menos de los votos escrutados, daríamos a conocer los cómputos'". -GA: Claro, yo no me manejaba solo... -RL: Pero nosotros teníamos nuestros cómputos y te digo (mira a Genaro): 'No, hay que darlos ahora'. Y tuvimos una pequeña diferencia y al final le dije por teléfono, porque estaba en el (Hotel) Galería que a las 21:30 iba a citar una rueda de prensa. Y Genaro me llamó de vuelta a las 21:25. -GA: A estas alturas ya teníamos unos 250 mil votos. -RL: Entonces, ahí Genaro me dice 'don Pato (Patricio Aylwin) está de acuerdo. Vamos a dar a las 9:30 los cómputos'. Ah, macanudo, les dije. Y bueno, llegó toda la gente a escucharme a mí en la rueda de prensa y les tuve que decir, 'les tengo una buena noticia. Conéctese de inmediato con Genaro Arriagada'. Y esa ya fue una cifra contundente. El secretario ejecutivo del comando del No, confirma ante los cerca de 400 periodistas que estaban en el comando -muchos de ellos fuera del edificio- que su sector ya contaba con un 58,7% de respaldo, versus el 41% de los votos que por esas horas obtenía el Sí. Cerca de las 23:00 horas, Alberto Cardemil le informó a Pinochet del triunfo del No. El ex comandante en Jefe del Ejército citó a los miembros de la Junta Nacional, momento en que Fernando Matthei -de la Fuerza Aérea- reconoció la derrota del Sí, cerca de la una de la madrugada, ya del 6 de octubre. -AZ: Yo después de ese momento, personalmente, me quedé tranquilo, me acuerdo, y lo comentamos ahí. Después de la declaración de Matthei y del reconocimiento de (Sergio Onofre) Jarpa en la televisión. -GA: Claro. -AZ: Yo después tuve la ocasión de presentar el libro de las memorias de Matthei, que él me pidió que lo presentara en la Telefónica y él en su libro relata toda esta noche. Pero luego, en privado, se me acerca y me dice: "mire Andrés, la verdad es que estuvimos a punto, muy a punto de que hubiera un golpe de Pinochet. Y yo mismo corrí el riesgo de que me hubiera pasado cualquier cosa'. Y es que el ambiente que había adentro era de desesperación de Pinochet, de su derrota. -GA: Y así fue como, habrán sido las dos de la mañana, cuando Patricio Aylwin da su declaración confirmando la victoria. -RL: Debe ser el momento más fuerte cuando Aylwin lee los resultados. -GA: Mientras tanto, en el edificio Diego Portales no había nadie. -AZ: Nadie. -RL: ¡Nadie, pues! Si nosotros no fuimos, ¿quién iba a ir al Diego Portales a escucharlos perder la elección? -AZ: Bueno, Aylwin pidió que la gente se fuera con tranquilidad, que no saliera a la calle. -RL: 'Hay que irse a la casa con tranquilidad', dijo, y nadie salió a la calle. En ese momento nos dimos un abrazo con Patricio Aylwin. Salió mucho esa foto en la prensa extranjera, Después, en mi caso, volví al Hotel Galería y ahí les agradecí a los que estaban y a todos los extranjeros que nos acompañaron. -AZ: Yo no he tenido una emoción igual en mi vida. Era una sensación entre alegría y, a su vez, una carga de adrenalina que uno mismo se preguntaba, ¿es cierto? ¿no es cierto? -RL: Me acuerdo que un periodista me dijo 'pero dicen que usted va a ser candidato presidencial'. Yo le dije, 'a lo mejor, pero le puedo asegurar que si me eligen Presidente, no va a ser como hoy día'. Y no fue así, pues. Porque está bien, ganaste la elección presidencial, estuvo peleada, que Lavín, que no sé cuánto, pero estás ahí, en el Hotel Carrera, como caballeros, ¿verdad? El miedo posplebiscito Seis de octubre en la mañana y el Comando del No se reúne para definir los pasos a seguir. Se tomó como decisión evitar la confrontación y llamar a la calma, en medio de la tensión que aún se sentía en el aire por la postura que tomaría Augusto Pinochet con los últimos resultados que lo obligaban a dejar el poder en un año más. -GA: Era impredecible lo que iba a suceder. Fuimos muy responsables, porque para evitar una confrontación en la cual nosotros perdíamos siempre, que era la violencia, hicimos un llamado a que nadie salga. Pero al día siguiente, sorprendentemente, salió como un millón de personas a la calle. Los militares que estaban al cuidado del Diego Portales se encontraban ahí en posiciones hieráticas viendo qué hacer. Había unas señoras que venían con guaguas, que les pasaban las guaguas a ellos y, finalmente, no hubo un solo acto de violencia. "Pero de repente esta masa decide avanzar hacia La Moneda, lo que era más complicado. Y ahí estaba nuestro Alejandro Hales. Aparece entonces un coronel despavorido y le dice: '¡van avanzando hacia La Moneda ¿qué hacemos?'. Entonces, don Alejandro responde: 'mire, ustedes tienen ahí el guanaco, que tiene micrófono'. Entonces, se sube al guanaco y empieza a decir a la gente: 'les habla Alejandro Hales -Genaro imita la voz, causando la risa de Lagos y Zaldívar- y es hora de darse vuelta, nadie vaya para La Moneda'. ¿Y qué pasó? La gallá obedeció. -RL: Yo creo que nunca tuvimos garantía absoluta de lo que iba a pasar. -AZ: Nunca tuvimos la seguridad. Nosotros, si bien habíamos ganado el tema, teníamos que definir el proceso de cómo íbamos a hacer la elección democrática al año siguiente. Y, en todo ese período de tiempo, podía haberse producido, en cualquier momento, un quiebre. Ahora, yo, personalmente, siempre tuve confianza en que no se iba a producir porque el respaldo internacional era muy fuerte. -GA: Bueno, 48 horas después del plebiscito tenemos otra anécdota. Un día, tú (mira a Lagos) me fuiste a ver a la casa. -RL: ¡Ah, claro! -GA: Yo vivía en Américo Vespucio y me estaba recién cambiando de casa y llegó Ricardo. Y se hizo tarde, porque conversamos largo, y en ese momento empezamos a escuchar un sonido que nos llamó la atención y eran cientos de gallos del pinochetismo gritando en masa. Esto, arriba del paso sobrenivel, era un desfile de autos. Ahí estaba la Escuela Militar. "Entonces, le digo a Ricardo: 'mira, aquí esto está peligrosísimo porque te agarran, y te van a sacar la cresta, y a mí también. En consecuencia, yo me puse una gorra que era de Mariano Fernández y a Ricardo lo tiramos en el asiento de atrás y le pusimos encima un chal y salimos. ¡Pero esto fue 48 horas después! Entonces, esto nunca fue un paseo por un jardín de rosas, en donde salíamos y decíamos, 'bueno, vamos a tomarnos un café'. No, no, no. Era duro. -RL: Y me quedé con el gorro (ríe). -GA: Un gorro de marinero y yo me fui de chofer. -AZ: A mí también me pasó algo. Llegó un momento dado, cuando se incorporó Pinochet al Senado y yo era presidente del Senado. En mi discurso, le dije: 'Usted no me respetó mis derechos, pero yo se los voy a respetar a usted porque así es la democracia'. De ese día, Pinochet me pedía permiso a cada rato para asistir o no asistir a las sesiones. Era el único que me llamaba (todos ríen). -GA: Pero más allá de eso, yo tenía la siguiente sensación, algo que pensaba internamente. Y que era que si nosotros nos habíamos metido en esto, yo no tenía cara para decirle a la gente 'nos robaron la elección, perdimos', si es que algo salía mal. Era muy jodido para nosotros llegar y decir 'oye Ricardo, vámonos. Andrés, vámonos a las Bahamas'. -AZ: Cierto, pero yo estaba optimista, porque creo que esa noche del plebiscito se provocó el primer quiebre interno dentro de las Fuerzas Armadas, además. -RL: Eso es cierto. -AZ: Y era optimista porque con la presencia internacional y con la solidaridad tan transversal que teníamos, era muy difícil para Pinochet retroceder. Era optimista, pero sabía que iba a ser difícil. -RL: Ahí hay una anécdota muy divertida. Se produce ya luego con el cambio de gobierno (cuando asume Patricio Aylwin), cuando descubren que en la oficina del ministro de Interior había un micrófono en una pata, una mesa, qué sé yo. En vista a lo cual, nos dimos cuenta que la cosa venía en serio. Y pedimos ayuda extranjera para revisar cuanta oficina había. Y en este proceso de revisar las oficinas, se encuentra en la parte de atrás de un clóset que estaba en el despacho del Secretario General de la Presidencia, un montón de encuestas del plebiscito, previas al 5 de octubre. En todas las encuestas ganaba Pinochet, sobrado. -GA: Yo creo que ellos nunca se imaginaron que iban a perder. -AZ: Es verdad, Pinochet estaba convencido que ganaría. "La Tencha Bussi estaba viviendo en Buenos Aires, así que mandamos a Sergio Bitar -que era amigo de ella- y a Lucho Maira. Le pidieron que, llegando a Chile, se bajara del avión y dijera: 'Hay que inscribirse'. Era decisivo", dice Arriagada.
"Yo no he tenido una emoción igual en mi vida. Era una sensación entre alegría y a su vez una carga de adrenalina que uno mismo se preguntaba, ¿es cierto? ¿no es cierto?", recuerda Zaldívar