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Emparejando la cancha

jueves, 13 de septiembre de 2018

Economía y Negocios Online


Hernán Cheyre V. Master en Economía, Universidad de Chicago, EE.UU. Director Instituto de Emprendimiento UDD

Un reciente seminario organizado por la Sofofa y la UDD relativo a la regulación de las plataformas digitales permitió constatar que a nivel de Gobierno, de las empresas “desafiadas” por los nuevos modelos de negocio y de parte de los “desafiantes” a los incumbentes, hay no solo “preocupación” por el tema, sino que una activa “ocupación”. El ministerio de Economía tiene plena conciencia del rol que va a jugar la conectividad digital para poder insertarse exitosamente en la nueva revolución industrial en curso, con iniciativas que se orientan en esa línea mejorando regulaciones y eliminando trabas a la competencia. El proyecto de modernización tributaria también avanza en esta dirección, al incorporarse por primera vez tributos específicos al uso de estas plataformas. “Desafiantes” y “desafiados” dan cuenta también de que esta es no es una guerra de unos contra otros, sino que una oportunidad para aprovechar las nuevas tecnologías e ir convergiendo hacia un esquema en el que todos ganen, especialmente los consumidores y usuarios de los servicios.

El primer paso natural ante una situación de este tipo es el de mirar la experiencia comparada, y ver lo que se está haciendo en otras partes. La Comisión Nacional de Productividad (CNP), organismo que está bastante a la vanguardia en el estudio de estos temas, deja ver con claridad que no hay una referencia única a tomar en cuenta, y que en todos los países se está enfrentando una situación similar, en una suerte de prueba y error. Para Chile esto representa una oportunidad importante, ya que muestra que nuestro país no solo no se está quedando atrás, sino que además tiene la posibilidad de ir marcando pauta, lo cual indudablemente le permitirá ir posicionándose en mejor forma para aprovechar las oportunidades que ofrece esta nueva revolución industrial. Idealmente, se debería intentar a nivel internacional la convergencia hacia un esquema relativamente homogéneo, de manera de evitar oportunidades de arbitraje, protecciones artificiales y distorsiones que limitan la capacidad de generación de valor a nivel global que posibilitan las nuevas tecnologías digitales.

Pero sin perjuicio de la forma en que se avance en regulaciones específicas para uno u otro tipo de plataformas, es importante no olvidar en ningún momento que los cambios asociados a esta revolución digital no solo son de naturaleza tecnológica -que ciertamente constituye un ingrediente fundamental- sino que en definitiva lo que están significando es la incorporación de nuevos modelos de negocio para satisfacer de mejor forma las necesidades de las personas. En este sentido, el análisis de las condiciones de contexto en las que estos nuevos modelos de negocio se van a desarrollar resulta tan importante como las regulaciones específicas, y por tanto no deben ser desatendidas, habiendo dos aspectos que ameritan una mención especial: la regulación de las condiciones de trabajo y la política de reconversión laboral.

En lo que respecta a legislación laboral, son conocidas las inflexibilidades que contiene la normativa vigente, las cuales tradicionalmente han sido defendidas con una lógica de siglo pasado, es decir, bajo la premisa de que las personas realizan trabajos bajo un formato estandarizado. Sin embargo, las nuevas tecnologías permiten el trabajo a distancia, el desempeño de labores en forma discontinua, e incluso el desarrollo de trabajos temporales “por encargo” (en lo que se conoce como GIG economy). Esta nueva forma de poder desempeñar labores productivas es propio de lo que las nuevas generaciones de trabajadores más jóvenes están demandando, y a la vez facilita el desarrollo de nuevos emprendimientos, que necesitan contratar personas en condiciones más flexibles. No avanzar en esta dirección va a frenar la incorporación de jóvenes a la fuerza laboral, y también va a privar a muchas empresas de utilizar trabajadores bajo condiciones de mayor flexibilidad. En simple, la mantención de la situación vigente es una en la que todos pierden.

Y respecto de la reconversión laboral, el fenómeno de la nueva revolución industrial, con el uso de tecnologías digitales y robótica, impone un desafío diferente a los trabajadores actuales y del futuro. Quienes actualmente se están viendo amenazados ante la irrupción de nuevos modelos de producción obviamente deben buscar la manera de reconvertirse. No es efectivo el mito de que la automatización genera desempleo: en países como Estados Unidos, donde los cambios tecnológicos han sido significativos, la tasa de desempleo se encuentra en uno de sus mínimos históricos. Esto significa que junto con la destrucción de empleos está como contrapartida la generación de muchos nuevos puestos de trabajo en otras áreas, y también desarrollando otro tipo de funciones. El desafío es el de generar condiciones para que los trabajadores puedan ir reconvirtiéndose en el tiempo, y en esto tienen una importante tarea por delante tanto las propias empresas que están cambiando su modelo de negocio y formas de producción -reubicándolos y preparándolos para otras posiciones-, como también reenfocando los sistemas nacionales de capacitación para hacerse cargo de este problema con una perspectiva de más largo plazo. Tampoco debe quedar fuera de esta “reinvención” el sistema de enseñanza y aprendizaje en la educación superior -técnica y universitaria-, pero eso da para un tema aparte.

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