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Educación temprana en Finlandia

Equidad e independencia desde la sala cuna

martes, 04 de septiembre de 2018

Por Francisco Moreno, desde Helsinki.
Crónica
El Mercurio

Autonomía y libertad de aprender; al año ya se alimentan solos y comienzan a resolver sus problemas en grupo. Así es la educación temprana en Finlandia, que tiene un sistema de sala cuna que valora la opinión de los padres y desarrolla la igualdad. Cuando hoy en Chile se discute un proyecto de ley de sala cuna universal, esta es una mirada a uno de los mejores sistemas educativos del mundo.



E n el patio, al lado de un arbusto y en torno a una hormiga se produce la conversación. Son dos niños y dos niñas, tienen entre dos y cuatro años. Ellos miran, exploran, se ríen, comentan. El diálogo dura siete minutos y se produce en finés. Todos observan, todos aprenden.

A unos metros, dos educadoras y un educador los miran. El mismo acto lo repite Hertta Jalasjoki, la directora del recinto, mientras camina por las instalaciones de la sala cuna. Sonríe al ver cómo los niños se divierten en una tarde de verano en Helsinki. "La interacción y el hecho de estar juntos en esta fase de la vida son determinantes, también el intercambio de ideas. Los niños saben que hay que trabajar en grupos". En el mismo sitio, otros pequeños corren, un par juega en la arena. Así es la forma de descubrir, así se entretienen. "El juego es muy importante en nuestro sistema. Los niños aprenden en la medida que juegan, los dejamos ser, aquí los ayudamos a ser sociables, a interactuar, se les da libertad", dice Hertta Jalasjoki, quien añade que cualquier diferencia se resuelve en el instante. Aquí se negocia y se solucionan los conflictos.

La libertad en una sala cuna finlandesa se mezcla con disciplina. Las actividades están establecidas, pero siempre hay tiempo y flexibilidad para que cada niño experimente y se desenvuelva de acuerdo a sus intereses. Hay paseos al bosque, al parque, al centro de la ciudad; así los niños sienten que son parte de un entorno.

Son las cuatro de la tarde, el momento en que la mayoría de los padres recoge a sus niños para llevarlos a casa. Mientras carga a su hijo de dos años en los brazos, Heikki Valkonen comenta: "Desde que llegó aquí, ha aprendido muchísimo de sus pares y también de los niños mayores. Ha logrado independencia de una forma más rápida; es mejor que estar en casa".

El niño fue por primera vez a los 10 meses a la sala cuna, un mes después de lo que permite la ley, que establece un período de posnatal de 9 meses. Algo poco habitual, porque lo más común es ver niños sobre dos años, dado que los padres tienen el derecho al acompañamiento hasta que su hijo o hija cumpla tres años; en ese período reciben un porcentaje de su sueldo.

En la sala cuna es posible ver a otros padres dialogar con las educadoras. "Al final del día ellos llevan un reporte completo de las actividades de su hijo durante la jornada. Eso implica que debemos estar pendiente de cada uno de ellos", cuenta desde su experiencia la educadora chilena Claudia Lincopán, al tiempo que presencia el episodio. Claudia llegó a Finlandia en 2007, perfeccionó sus estudios y desde esa fecha trabaja con niños en el sistema público finlandés.

La ley establece que tres especialistas deben encargarse de los niños. Una profesora, una asistente social y una profesional que vela por sus cuidados personales. Sus competencias son transversales, trabajan unidas. Ellas observan las capacidades de los niños, los apoyan, toman notas, están atentas a sus intereses, a las dificultades. "Cada uno es una historia y una prioridad", dicen.

En Finlandia, la protección desde la primera infancia está orientada a favorecer a los niños en su desarrollo integral. Claudia Lincopán relata: "En el jardín los niños se pueden desenvolver; trabajamos mucho con lo que ellos quieren, les damos espacio. Los profesores tienen los programas, pero se les pregunta a los pequeños si quieren trabajar en un tema de su preferencia. Aquí se cumplen sus sueños, es libertad. Los niños son niños todo el tiempo".

Y esa independencia es precisamente un valor en la cultura finlandesa. Se es autónomo desde los primeros hasta los últimos días de vida. "A la edad de un año los niños comienzan a comer solos, a tomar su leche, sus vasos. Se promueve la independencia desde muy pequeños. Eso naturalmente es extraño para nosotros, dado que en Chile somos muy apegados, les damos todo, les hacemos todo", dice Claudia Lincopán.

Y esa es una característica única del sistema nórdico.

Mientras su hijo Diego de cuatro años corre y se abalanza sobre ella, Elena Piñero, una madre española, cuenta lo beneficioso que este sistema resulta para los padres e hijos: "Veo que tienen una independencia muy grande, se les pide que se vistan, se aten los zapatos, que coman su comida, que recojan sus platos. El hecho de que haya más profesoras permite también que los niños puedan desarrollar esas habilidades. Al año y medio, Diego tomaba su plato y su vaso y lo dejaba. Hay naturalmente supervisión, pero el punto es que los ayudan a sentirse independientes, orgullosos y que son parte de la guardería".

En enero del próximo año, el único hijo de Katinka Heikkilä cumplirá tres años. Cuando el niño tenía 13 meses ingresó a una sala cuna cerca de su casa. "Creo en las personas que educan a mi hijo, él está bien cuidado", cuenta esta joven madre universitaria. Añade que hace un par de semanas el niño pasó al grupo de los mayores, donde hay -explica- más espacio para la interacción. "Ellos aprenden muchas habilidades; a sentarse en círculos, levantar sus manos para pedir permiso para hablar, descubren las partes del cuerpo, está aprendiendo mucho. Él es muy independiente", sostiene orgullosa.

Las políticas sociales que Finlandia impulsó hace décadas permiten contar hoy con un exitoso modelo educacional y de políticas públicas que pone a los ciudadanos en el centro de todas las prioridades. Que cada niño tenga el derecho a una buena educación es un principio inalterable.

El experto en educación temprana e instructor de Fun Academy, Olli Kumanen, sostiene que en Finlandia la sala cuna cumple dos tareas fundamentales. La primera es promover el cuidado de los niños mientras sus padres trabajan. La segunda, darles la educación más temprana, pues aquí es donde está la base para el desarrollo de los niños, que finalmente favorecerá también a la sociedad.

La suma perfecta

Pedagogía + cuidado + educación. Esos son los tres componentes que permiten entender la lógica finlandesa. "Lo más importante es que los niños reciban una muy buena educación cuando son pequeños. Lo que realmente aprenden son las habilidades que luego les servirán para enfrentar la vida con independencia, comunicación, creatividad y pensamiento crítico", argumenta Kumanen. Añade que la etapa de mayor desarrollo de los niños es precisamente esta. "Las habilidades de los seres humanos se construyen en la fase de la sala cuna. Entre más preparación tienen en sus primeros días de vida, mayor será el nivel de desenvolvimiento en las siguientes etapas", finaliza.

En agosto de 2017, el gobierno de Finlandia modificó el currículum para la educación temprana, y el cuidado de los niños. Es lo que se denomina ECEC (Act on Early Childhood Education and Care), un acta que rige todas las decisiones en esta materia, y que considera a los menores entre los cero y seis años. Allí se establece claramente que la educación debe "responder a las necesidades de los niños, escuchándolos y considerando sus intereses".

Pia Kola-Torvinen es consejera y especialista en primera infancia en la Agencia Finlandesa para la Educación, el organismo encargado de diseñar las políticas públicas en esta materia. Sostiene que a los nueve meses de vida del niño o niña los padres pueden elegir si criar en casa o llevar los niños a una sala cuna, ya sea pública o privada. En Finlandia, tres de cada cuatro niños (76%) se atienden en las salas públicas, solo el 7% va a las privadas. En este país, el pago depende de los ingresos y aumenta proporcionalmente, con un tope de 290 euros por mes (220 mil pesos chilenos). Las familias con menores ingresos no pagan. Así también el posnatal es respaldado económicamente. "Si decides no poner a tu hijo en una sala cuna, recibes dinero mensual como compensación por no llevarlo; aquí podemos elegir", dice Katinka Heikkilä.

Las cifras oficiales sostienen que el Estado gasta 11 mil euros por niño en su etapa temprana por año ($8,5 millones). El fenómeno que se ha observado es que los padres también quieren estar presentes en la crianza. Una cosa común en el crecimiento es su participación en el proceso formativo. Son ellos quienes desarrollan un plan con los educadores.

Si bien la escolaridad de este país nórdico de 5,5 millones de habitantes es alta, la cantidad de niños que atiende un centro de educación a los cuatro años está 10 puntos porcentuales por debajo del promedio de la Unión Europea, que alcanza el 94,3%. Por eso se enfatiza en los beneficios de la sala cuna, dice la experta Pia Kola-Torvinen. "Aquí hay una mirada holística, global, que incluye la salud, pedagogía y educación. Creemos que la infancia es esencial dado que esta afecta muchísimo el futuro de los niños, por eso ponemos foco en esto. También es un derecho para ellos ir a la sala cuna. Es equidad, igualdad y diversidad".

Un niño, un plan

En Finlandia, a nivel gubernamental se define el currículum, y las municipalidades lo ejecutan y adecuan de acuerdo a sus necesidades. Pero también hay un tercer nivel que incluye a los padres. Ellos son parte activa en la formación de sus niños. Ellos tienen injerencia en las soluciones pedagógicas y las rutinas que su hijo o hija debe tener, la alimentación que debe recibir, la forma en que deben crecer.

Las necesidades especiales también están reguladas. Los pequeños van a la misma sala que otros y tienen un soporte especial, con soluciones pedagógicas a su medida. "Cuando estás en la educación temprana, es la mejor forma de integrarlos en el sistema completo, no separarlos", dice Kola-Torvinen. Añade: "En cada sala cuna, una vez al año, las educadoras se reúnen con cada padre. En ese encuentro se crea un plan que está específicamente orientado en su hijo o hija, para definir las cosas que el menor debe aprender y en las cosas que se deben profundizar". Luego de eso, se reportan avances y evaluaciones cada cierto tiempo.

Es un sistema basado en el soporte del Estado. Hay cooperación entre la familia y las distintas instituciones. La directora Hertta Jalasjoki dice que es un trabajo conjunto con los profesores. "Los papás quieren estar presente en este proceso; ellos tienen su responsabilidad y su espacio. En este proceso el niño también toma decisiones cuando opta por una u otra actividad", sostiene.

El principio nórdico

El desarrollo de una política integral de salas cuna en las naciones nórdicas responde a una completa estructura de bienestar que se ve reflejada en la preocupación desde la primera infancia. Finlandia y los países vecinos han implementado y mejorado permanentemente las políticas de cuidado de los niños y niñas, bajo la premisa de la independencia, la exploración, pero por sobre todo la igualdad desde los primeros días.

La apuesta es lograr el desarrollo socio-intelectual de los niños y niñas. Para esto existe una completa estructura de bienestar apoyada fuertemente por el Estado. El sistema de salas cuna va de la mano de un sistema de posnatal compartido entre el padre y la madre. Eso también permite el desarrollo igualitario entre ambos y distribuye las responsabilidades en relación al cuidado de los menores. Suecia es otro ejemplo exitoso de políticas vinculadas a la educación temprana. Anna Tornberg, asesora de la Asociación Sueca de Autoridades Locales y Regionales, que agrupa -entre otros- a municipios, que son los organismos que tienen a cargo las salas cuna, dice que allí los pequeños deben asistir mínimo 15 horas por semana. "Creo que la filosofía de la temprana infancia en Suecia y los países nórdicos es combinar la educación y el cuidado. Es holístico, puedes combinar la visión de los padres; la idea es promover oportunidades para los niños. Es accesible y alcanzable, en comparación con otros países".

En Suecia también es fundamental la participación de los padres en el currículum individual de los niños. Eso permite detectar falencias y orientar prioridades. En ese país, el posnatal dura un año y medio. Es un derecho para el padre y la madre; el tiempo es transferible, pero la ley exige que ambos progenitores deben estar con el niño por lo menos tres meses.

La opinión de Tornberg coincide con la de otros expertos en cuanto a que una mirada parcial sobre el tema no sirve y que se debe observar desde un aspecto global. "Siempre es necesario considerar toda la niñez, el cuidado, la educación. Hay muchas razones por la que es importante: primero la equidad, y la necesidad de que alguien cuide a los niños. Hay extensos reportes que la niñez temprana es crucial para el desarrollo del lenguaje", señala.

La mirada es similar en Dinamarca y Noruega, donde la clave es estar pendiente de las necesidades de los niños. Desde la propia experiencia, quienes conocen el sistema saben que hay elementos culturales que son intransferibles a otras realidades, pero que sí hay habilidades que se pueden impulsar, independiente del lugar donde se esté. "Enseñar a los niños ciertas cosas, no de acuerdo con el currículum, sino con la capacidad que tiene su cerebro de absorber conocimientos. No es solo enseñar cosas, datos, información, sino enseñarles cómo resolver problemas, cómo salir de una situación, cómo ser responsables, enseñarles a negociar, a colaborar con los demás, todo en un sentido más relajado, con más juego y exploración", dice Elena Piñero.

Eso sirve para promover la seguridad y responsabilidad de los niños, dice Claudia Lincopán, quien además concluye: "Cuando he ido a Chile me ha impactado cuando he visto que las mamás visten o dan la comida en la boca a niños ya grandes. Eso aquí es impensado. Creo que a los niños se les debe inculcar la responsabilidad y la independencia con actos como estos, que validan a los pequeños, que les permiten crecer fuertes y preparados para enfrentar la vida".

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