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Sólo 8% de los chilenos habla inglés

martes, 08 de julio de 2008

Pablo Obregón Castro
Economía y Negocios, El Mercurio

El 3,7% de los trabajadores locales que se capacitaron vía Sence en 2007 estudió inglés. Ello representa una inversión pública de $8.138 millones.Aunque la estrategia de desarrollo del país exige aun alto dominio de una segunda lengua, sólo 8,7% de la inversión pública en capacitación se destina a ese ítem.



Una de las grandes debilidades de la fuerza de trabajo en Chile es el bajo nivel de inglés.

Y lo más preocupante es que los avances exhibidos durante los últimos años no son muy auspiciosos. Un estudio de la Universidad de Chile y el Ministerio de Educación revela que sólo 2% de los mayores de 15 años tiene un nivel avanzado de inglés y 6% habla con relativa fluidez.

Como punto de comparación, el Eurobarometer dice que más del 56% de la población de la Unión Europea maneja una segunda lengua (fundamentalmente inglés) y el 28% habla al menos dos lenguas adicionales al idioma nativo.

Los españoles son los menos avanzados en esta materia y, aun así, superan ampliamente a cualquiera de los sudamericanos: entre 25% y 30% de ellos puede sostener una conversación en inglés de manera relativamente fluida.

El dato no es menor si se recuerda que las empresas locales están dispuestas a pagar entre 25% y 33% más por un postulante que domina este idioma.

Fuera de foco
Con todo, el foco de la capacitación sigue puesto en materias operativas y no en aquellas competencias que pueden resultar claves a la hora de mejorar la empleabilidad.

Tal como reconoce el director del Servicio Nacional de Capacitación y Empleo, Fernando Rouliez, sólo 3,7% de los chilenos que se capacitaron vía Sence en 2007 estudió inglés. Ello representa una inversión pública de $8.138 millones (8,7% del total).

Tampoco existe certeza de que esas personas hayan aprendido, pues no hay mecanismos de seguimiento que permitan certificar estas nuevas competencias. En casos excepcionales, las propias empresas están implementando acciones de evaluación que den cuenta de si efectivamente la inversión en capital humano tiene efectos en la productividad o las utilidades.

La apuesta de Sence es que la nueva ley que crea el Sistema Nacional de Competencias Laborales permita avanzar desde una evaluación autónoma por parte de las propias empresas a una certificación que correría por parte de un tercero.

Claro que los alcances de aquella certificación serían voluntarios, así que nada garantiza que los dineros que se invierten en idiomas -y en cualquier materia- terminen con los trabajadores aprendiendo.

De hecho, la última versión de ese proyecto ni siquiera resuelve los conflictos de intereses ni la integración vertical que se da entre los institutos que imparten los cursos y quienes los compran.

Universidades bilingües
El dominio del inglés ha pasado a ser una preocupación más para las universidades. Algunas instituciones como la Del Desarrollo, Mayor, Católica, Austral, Chile y De los Andes han integrado clases en inglés para sus alumnos de pre y postgrado y, en esa línea, los profesores deben manejar esa lengua.

Del mismo modo, los jóvenes chilenos que no accedieron a una segunda lengua en sus colegios están buscando nuevas formas de aprenderlo. El programa australiano work and travel que partió 2006 con 100 cupos iniciales hoy ofrece 500 cupos para ir a trabajar y perfeccionar el inglés

Iniciativas públicas son insuficientes
Desde el mundo empresarial, las expectativas tampoco son muy alentadoras. El presidente de la Corporación de Capacitación de la Construcción, Bernardo Ramírez, advierte que los programas de capacitación no pueden resolver por sí solos las debilidades de la educación en su conjunto. "Se le pide demasiado a la capacitación. No se le puede pedir a los trabajadores que hablen correctamente inglés si en el colegio se presenta una situación tragicómica: los profesores que imparten inglés no hablan inglés".

Un estudio de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de Chile muestra que el porcentaje de personas que se expresan fluidamente en inglés se incrementa de un cero a un 3% al pasar de educación básica a media completa, a un 8% en la educación técnica y recién a un 30% en la educación universitaria completa.

En esa línea, Ramírez es un convencido de que las iniciativas que está acometiendo el Estado son insuficientes: Corfo, por ejemplo, abrió un programa de perfeccionamiento para mil personas, lo que resulta marginal si se piensa que Chile necesita al menos 28 mil trabajadores bilingües adicionales para poder absorber la actual demanda de inversión.







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