Fondos Mutuos
"14 de febrero de 1968. Hoy, la vecina de arriba, Anka Silverberg, ha muerto en circunstancias misteriosas", escribe Karen Reyes en su diario, un cuaderno común en que además de anotaciones textuales, ella llena de dibujos. Esa entrada está justo sobre un gran retrato de la vecina muerta, que -dicen- se suicidó. Pero quizás la mataron. Y justo enfrente de la página, Karen ha dibujado una portada de "Ghastly", una de las revistas de cómic de terror que su hermano le compra y que ella adora de tal modo que vive como si estuviera dentro de sus páginas: todo lo ve a través del prisma de lo fantástico e incluso cree ser una mujer lobo. Encerrada en su mundo, esa niña de 10 años de Chicago decide que tiene un caso en sus manos: resolver el misterio de Anka. Y eso es Lo que más me gustan son los monstruos , la primera novela gráfica de Emil Ferris, uno de los más explosivos títulos del género de los últimos años. Publicada el año pasado en inglés, Lo que más me gustan son los monstruos fue un éxito de crítica, recibió elogios de maestros del género, como Art Spiegelman, y ganó tres premios Eisner 2018, incluido a Mejor Artista del Año. Se trata de un libro del tamaño de un cuaderno universitario y más de 400 páginas, en el que Ferris nos muestra cómo Karen Reyes se refugia en la imaginería del terror porque se siente rara y discriminada, mientras investiga la vida de su vecina muerta, una joven sobreviviente del Holocausto. El telón de fondo son los agitados y políticos 60. Emotiva y gráficamente sorprendente, el libro acaba de llegar a Chile editado por Reservoir Books. Por cierto, es parte de una ola de novelas gráficas que están refrescando el género y sacándolo ya definitivamente de las fronteras del cómic. Del pasado al futuro Si de valorar el género se trata, este año, por primera vez, el Premio Booker, el clásico galardón literario anglosajón, incluyó entre los finalistas una novela gráfica: Sabrina , del estadounidense Nick Drnaso. Es una historia sencilla, expresada igualmente por dibujos simples y en colores pasteles: una mujer desaparece y su hermana y su pareja se hunden en la tristeza. El fondo del asunto, como en la buena literatura, está en los detalles que no pueden describirse fácilmente. "Dada la forma cambiante de la ficción, era solo cuestión de tiempo antes de que se incluyera una novela gráfica. Sabrina le exige al lector exactamente de la misma manera que cualquier buena ficción", informó el jurado del Booker, que en esta versión -que se falla el 16 de octubre- podría seguir los pasos del Pulitzer, que en 1992 vio el futuro sin prejuicios y premió a Maus , la ya clásica novela gráfica de Art Spiegelman. Disponible en Chile desde hace años, Maus es una historia de Spiegelman (1948) en torno a la Segunda Guerra Mundial donde los judíos son retratados como ratones y los nazis como gatos. El libro está basado en la experiencia del padre del autor, un judío polaco que sufrió el nazismo en carne propia. De hecho, la novela incluye la entrevista que Spiegelman le hizo a su padre para el libro. Maus consagró al escritor e ilustrador entre los puntales de la novela gráfica, una zona por años considerada como una extensión del cómic, con Alan Moore ( V de Vendetta , Watchmen ) y Frank Miller ( 300 ) como figuras icónicas, y narradores dotados como Neil Gaiman, autor de la alabada The Sandman (1996). En todo caso, el género tiene una larga historia y no hace falta ir muy lejos para verla: entre 1957 y 1959 se publicó en Argentina El eternauta , clásico de Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López, que al lanzarse en inglés en 2013 fue nominado a tres premios Eisner. Acá en Chile también hay historia. Probablemente quien relevó la novela gráfica en los últimos años fue el ilustrador Gabriel Rodríguez, autor, junto al estadounidense Joe Hill, de la premiada Locke & Key (2008-2012). Aunque antes de él estaba Alejandro Jodorowsky, que además de cineasta y psicomago, ha sido un histórico autor de cómic, llegando a lo más alto en El incal , ilustrado por Moebius. Historia de un detective místico, El incal tuvo el año pasado una reedición en un solo libro de sus seis volúmenes publicados originalmente entre 1981 y 1988. Junto con el título de Jodorowsky, otro libro chileno ineludible del género llegó a librerías locales íntegramente: Juan Buscamares , de Félix Vega, un relato apocalíptico y onírico que circuló por partes entre 1996 y 2003 en diferentes países. Paralelamente, desde un cruce de fantasía e historia, Francisco Ortega ha lanzado 1889 y Mocha Dick , mientras que en 2014 Lola Larra retrató la revolución pingüina con el destacado Al sur de la Alameda , ilustrado por Vicente Reinamontes. El foco de Larra sobre un momento específico, tiene en el extremo de la no ficción a un autor especializado en periodismo: Joe Sacco, de quien se encuentran en Chile Reportajes , que incluye obras gráficas sobre las guerras de Irak y Afganistán, pero también sobre la inmigración clandestina africana en Europa. Así, la novela gráfica muestra su elasticidad. Dos de los más famosos títulos del género de los últimos años en España están ligados a la historia del arte. El primero: Las meninas , de Santiago García y Javier Olivares, una obra basada en la iconografía del cuadro de Diego Velásquez, pero también en su historia previa y subsecuente. En una línea similar, aunque de carácter más infantil, Pedro Villar y Gemma Capdevila publicaron en 2016 Los sueños de Gaudí , sobre la biografía y obra del arquitecto. Pero los giros de la no ficción no son los dominantes en la novela gráfica, sino que al igual que la literatura clásica, el género alcanza algunos de sus mejores momentos en la mera ficción: el más influyente autor actual, Daniel Clowes ( Mundo fantasmal ) acaba de lanzar en español su nuevo libro Paciencia , una historia de ciencia ficción, en la que un hombre consigue viajar en el tiempo luego de que su mujer embarazada aparece muerta. Complejo y atrapante, el libro de Clowes ya está disponible en Shazam Comic. Ahí y en casi todas las librerías locales se encuentra Lo que más me gustan son los monstruos , la sorprendente novela de Ferris: un enorme relato escrito y dibujado únicamente con lápices Bic en que la vida de la niña Karen Reyes, cruzada por su amor a los monstruos y una crisis familiar, se va enlazando con la de Anka Silverberg, una mujer que sufrió en la Alemania de la preguerra, pero también en el Chicago de los 50 y 60, donde la acosaban los fantasmas. Y este es solo el tomo uno. Premiada y elogiada, "Lo que más me gustan son los monstruos" sigue a una niña que investiga la vida de una sobreviviente del Holocausto.