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Usan uniforme militar, combaten, y cuando salen victoriosos, el Kremlin los condecora. Pero ninguno de ellos está en las listas oficiales, así es que cuando mueren en batalla no son contadas como bajas rusas. Son mercenarios bien pagados por Wagner, la empresa de un oligarca cercano al Presidente Vladimir Putin, que ha estado en los principales conflictos bélicos que le interesan a Rusia desde 2014. El nombre de Wagner reapareció hace poco por la muerte violenta de unos periodistas rusos que investigaban las operaciones de la firma de mercenarios en la República Centroafricana (RCA), un país rico en diamantes, oro y uranio. Ahí, Rusia participa oficialmente como miembro del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en la misión de paz que tiene el organismo (la Minusca). Orkhan Dzhemal, Alexander Rastorguyev y Kiril Radchenko no son los primeros periodistas en morir en extrañas circunstancias mientras investigaban a Wagner. En la RCA, Rusia ayuda a entrenar y armar a las FF.AA. locales y se encarga también de parte de la seguridad del Presidente Faustin-Archange Touadéra. Para esa misión envió a cinco oficiales y 170 "formadores civiles". Este término escondía "muy probablemente un regimiento de la sociedad Wagner", según el Conflict Intelligence Team (CIT), una organización sin fines de lucro, que ha estado monitoreando los movimientos militares del Kremlin. En marzo, el canciller ruso, Serguéi Lavrov, dijo que Moscú estaba trabajando con la República Centroafricana para estudiar "el mutuo beneficio del desarrollo de los recursos naturales de RCA". Desde el Kremlin, ni Putin ni su ministro de Defensa, Serguéi Shoigú, se refieren a Wagner. Las compañías militares privadas ( Chastnye Voennie Company ) son ilegales en Rusia. Aun así sus soldados, que participaron en la anexión (a Rusia) de Crimea en Ucrania y en la liberación de Palmira, Siria, recibieron condecoraciones oficiales del Ejército. Para el gobierno, Wagner "provee un ejército a bajo costo, desechable y completamente negable (por el Kremlin) para alcanzar sus metas", dijo Jeffrey Mankoff, del programa para Rusia y Eurasia del CSIS. La península de Crimea en Ucrania fue la primera operación, conocida, y el primer experimento de Wagner. En 2014, Dimitri Utkin, fundador del grupo militar, un antiguo miembro de los servicios de inteligencia militar rusos (GRU), cruzó la frontera hacia Ucrania con un escuadrón, para apoyar a las fuerzas prorrusas en Donbáss. Con el "éxito" ucraniano como precedente, dos años más tarde Utkin, financiado por Yevgeni Prigozhin, oligarca ruso y amigo de Putin, mandaba un nuevo grupo de soldados mercenarios, esta vez a Siria. Se estima que a este país viajaron entre 2.000 y 3.000 hombres, con un sueldo de US$ 3.700 mensuales, en comparación con los US$ 790 (base) de un soldado del Ejército ruso, según Fontanka.ru, medio independiente digital de periodismo de investigación ruso, que fue el primero en desvelar las actividades del ejército privado en Siria. Estos sueldos solo son posibles gracias a los contratos que Prigozhin logra cerrar con el gobierno ruso y con los altos mandos de los países en los que se va a involucrar. Prigozhin es conocido como el "chef" de Putin, porque sus empresas prestan servicio a la mesa y al armamento del Kremlin. Una de sus compañías, Concord M, es utilizada para entregar alimentos a los colegios públicos, al Ejército ruso y para la banquetería en los eventos más privados del Presidente. Además es contratista del Ministerio de Defensa, con el cual ha cerrado 23 contratos por un total de 387 millones de dólares, como documentó Fontanka. Según Pavel Weber, profesor del Kennan Institute del Woodrow Wilson Center, mientras el Kremlin puede ignorar los fracasos de Wagner, incluso si murieron ciudadanos rusos "si las campañas 'comerciales' resultan exitosas para alguien que está tan conectado con el Kremlin, entonces los intereses de estas pasan de ser privados a ser del Estado". La campaña de Siria Siria resultó ser la gran apuesta de Wagner. Los hombres que participaron en la liberación de Palmira recibieron condecoraciones oficiales, pero los que murieron en febrero tras un ataque aéreo estadounidense en la zona de Deir Ezzor no fueron reconocidos por el Kremlin. Ese episodio evidenció la presencia de mercenarios rusos en el país. Deir Ezzor es una zona rica en petróleo, que en febrero estaba bajo control de los kurdos, apoyados por EE.UU. Las tropas de Wagner avanzaban, sin control del Kremlin, a hacerse con una de las plantas de petróleo. El interés por el control de esta planta era el millonario contrato entre Prigozhin y Bashar al Assad. A través de una de las empresas de su imperio, Evro Polis, el magnate había acordado con la empresa estatal siria General Petroleum Corp., recibir el 25% de las ganancias de la producción de petróleo y gas en las zonas recuperadas. El 7 de febrero, Estados Unidos realizó un bombardeo durante cuatro horas sobre la zona de Deir Ezzor, en defensa de sus aliados kurdos. Fue la intervención más mortífera de EE.UU. en Siria. Moscú negó la participación de fuerzas rusas, pero días más tarde reconoció la muerte de cinco ciudadanos y "decenas" de heridos que se encontraban en Siria "por iniciativa propia". No hay claridad sobre el número de muertos, las cifras van desde las "decenas" hasta unas 200 personas. Entre estos fueron identificados miembros de Wagner, y la operación de Utkin y Prigozhin quedó al descubierto."Estos ejércitos hacen posible negar el involucramiento ruso en alguna operación militar. Cuando los mercenarios rusos mueren, el Kremlin puede decir que no hubo soldados rusos involucrados", dijo Daniel Triesman, profesor de Ciencia Política en UCLA y coordinador de Russia Political Insight, grupo enfocado en la comprensión del panorama político ruso. Las pérdidas humanas no frenaron las acciones de Wagner. En marzo, BBC Rusia estimaba que el número de integrantes rondaba los 4.840. En la base de entrenamiento de Wagner, cerca de la ciudad de Krasnodar en el sur de Rusia, varios ex militares aseguraron hace meses que los mercenarios estaban siendo enviados a Sudán, con negocios similares a los de Siria. En noviembre de 2017, Putin sostuvo reuniones en su residencia en Sochi con su Primer Ministro, Dmitri Medvedev, el ministro de Defensa y el Presidente de Sudán, Omar al Bashir. Ahí se negoció la construcción de una base militar rusa en el Mar Rojo, a cambio de seguridad para Sudán. Mientras, la banquetera de Prigozhin, Concord M, servía a los asistentes. Entre los acuerdos que se alcanzaron estaba la concesión para la extracción de oro entre el Ministerio de Recursos Naturales de Sudán y la compañía M Invest, asociada al empresario culinario y a la "la fábrica de trolls", que contrató a cientos de personas para escribir noticias falsas en favor del Kremlin, acusada por la justicia de EE.UU. por la injerencia en las elecciones estadounidenses. En marzo de este año, la Duma -el Parlamento ruso- intentó legalizar las compañías militares privadas. El proyecto fue frenado por el Ministerio de Defensa, el Ministerio de Relaciones Exteriores, la Guardia Nacional Rusa (Rosgvardia), el Servicio de Seguridad Federal, el Servicio de Inteligencia Exterior y el Servicio de Guardia Federal de la Federación Rusa. Es que a pesar de que Putin "apoye" a Wagner, los servicios de inteligencia no quieren ciudadanos rusos en situaciones que puedan requerir un mayor uso de recursos militares o de inteligencia oficiales, y porque no quieren competidores que no pueden controlar. SELECCIÓN Los expertos clasifican a los ejércitos privados en profesionales de élite, soldados semiamateurs y "carne de cañón".