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Carlos Larraín cuenta que viene llegando de Madrid y que de marzo a esta parte estuvo en el campo. Ya lleva veinte días en Santiago y se quedará hasta mediados del próximo mes, hasta cuando regrese al sur. El ex presidente de RN, antes de abordar en detalle la agenda política, realiza un paralelo de lo que pasa en España con Chile. "Hay una lección. Hay que usar el poder con inteligencia para conseguir un plazo más largo de gobierno y lograr reconstituir lo que el gobierno de la Nueva Mayoría rompió o debilitó", dice. -Hablando de la escena política en Chile, ¿no lo han llamado de su sector para que esté más activo? -No, no. -En algún momento se comentó de que a usted le habían ofrecido ser embajador. -Eso sí fue cierto, en Roma, pero no. No quise no más. Sobre todo por mi mujer. Ser embajador hoy en día es muy exigente, muy apretador. -¿No ha echado de menos estar activamente involucrado en la actividad política? -No. Diez años de presidencia de partido es mucho. Y luego también tanta indiferencia. Hay poco interés por la política, que en parte explica alguno de los problemas que estamos teniendo. Así que estoy aliviado. -¿No se sintió de alguna manera inhibido por el tema de su hijo para opinar? -Yo terminé mi período en medio de los juicios de nuestro hijo y no me inhibí, pero por supuesto que el esfuerzo dirigido contra mi persona tenía ese propósito, pegarme a mí, sacarme del circuito dañando al hijo y, claro, eso duele mucho. Cumplí cabalmente, participé en la elección y ayudé en lo que pude en la parte parlamentaria. No me sentí inhibido, aunque sabía que precisamente ese era el propósito: inhibirme. Pero yo soy vasco. -Usted hoy es vicepresidente de RN y en noviembre hay elecciones internas en su partido, ¿va a participar de alguna lista? -No, no. -¿Y si se lo pide Mario Desbordes, el presidente de su partido? -Ahí veremos, pero no creo que me lo vaya a pedir (ríe). "Debemos tener un gramscismo de derecha" -Algunos analistas planteaban que en el primer Gobierno del Presidente Sebastián Piñera usted era el menos piñerista de los piñeristas, ¿cómo es su relación hoy, están distanciados? -No, honestamente, es normal. Él es un hombre que trabaja con la gente, según lo que pueden contribuir, y se da cuenta de que yo ayudo a mover a RN. -¿Y cómo ha visto el desempeño del Gobierno en estos primeros meses? -Me parece que el gobierno aprendió definitivamente que cuando se tiene la baraja completa, no se puede jugar con una sola carta, que es la económica. De una vez por todas debemos tener un gramscismo de derecha. -¿A qué se refiere? -Gramscismo de derecha tiene que ver con una recuperación de las estructuras sociales. Chile está con un problema muy grave de tasas de natalidad bajísimas, 70% de los niños nacidos en Chile son extramatrimoniales, la tasa de nupcialidad se desplomó en menos de cinco años y el sistema escolar en Chile está en crisis franca. Hay que hacer una labor de reconstrucción cultural y social. En la derecha prima a veces ese criterio hipereconómico que piensa, al igual que los marxistas, que si cambia la infraestructura económica, cambian las demás realidades de la vida, y no es así. A la derecha le falta explicar. -¿Cree que ese gramscismo de derecha lo está interpretando alguien hoy? ¿Joaquín Lavín, por ejemplo? -No. -¿Por qué? -Yo veo con preocupación la gestión de Joaquín Lavín porque tiene una municipalidad con grandes excedentes, del orden de 300 millones de dólares, después de gastos, incluyendo los de educación y salud. Las Condes podría ser perfectamente modelo de desarrollo de muchas otras comunas, y no se está haciendo un trabajo urbanístico. En cuanto a integración, en Las Condes muchas veces se han hecho proyectos de la misma índole y en eso podríamos hacer una enormidad si se quisiera de veras transformar el sector de Colón Oriente, donde hay una superficie del orden de 80 hectáreas. -¿Se siente más interpretado por este gobierno que el anterior? -Más, me interpreta más y mejor. Lo que yo pedía entonces no era ponerle dificultades a Sebastián Piñera, sino que proveerlo de más munición. -Usted habla de que plantear la economía como el "todo" es un error, pero la semana que pasó fue el tema. ¿Siente que hay ahí un flanco que se le abrió al Gobierno? -No es un flanco que se le haya abierto al Gobierno, es un forado preexistente. Porque el gobierno de la Nueva Mayoría en materia económica fue absolutamente desastroso, como lo fue en términos culturales y sociales. O sea, el hoyo que heredó el gobierno de Sebastián Piñera es enorme, y eso es lo que me hace en parte admirar el coraje que tuvo para meterse en esto de nuevo. Con el desplome literal de la inversión en los cuatro años de Michelle Bachelet se disparó el gasto público, se duplicó el déficit, creció la deuda pública en un 50% en cuatro años y se aumentó la carga tributaria. O sea, el Gobierno, en lo económico, la tiene muy difícil, pero evidentemente no es, a mi juicio, el gran tema; eso tiene que ir corrigiéndose de a poco y con un cierto grado de espontaneidad, porque no somos dirigistas en lo económico. -¿Y qué le parece este concepto de derecha social, instalado por el senador Ossandón? -Tenemos que abrir el abanico de trabajo político y creo que los viajes de Manuel José Ossandón, Andrés Allamand y Francisco Chahuán por el país son buenísimos, porque están poniendo temas que corresponden a la mentalidad de derecha. Y la mentalidad de derecha en Chile existe y eso quedó demostrado del hecho que Sebastián Piñera sacó nueve puntos de ventaja sobre el candidato de la izquierda, que era ultra agradable el hombre, hasta que alabó al Che Guevara y ahí el agrado se esfumó. En ese escenario, creo que, entre otros factores, hay que inflar el pulmón político de la derecha y eso están haciendo los tres senadores que nombré y el propio Gobierno en algunas instancias. -¿Quiénes del Gobierno están inflando ese pulmón político? -Alfredo Moreno y Antonio Walker. -Ninguno de RN... -Bueno la verdad es que me da un poco lo mismo si acaso están trabajando bien. Críticas a Evópoli -¿Cómo ha visto el rol de Evópoli en la centroderecha? -Yo creo que fue flor de un día eso de la nueva derecha, aquí hay que recurrir a la derecha tal cual se le conoce, que es heredera de muchas tradiciones profundas, tomando en cuenta los partidos. La nueva derecha es la manera de sortear a los partidos existentes, porque como estábamos en ese momento en plena fiebre de la refundación universal, las mismas que padece la izquierda a veces, inventaron el cuento de la nueva derecha. Y no resultó, obviamente. -No se siente muy cómodo con Evópoli... -Evópoli va a crecer en la medida en que los otros partidos no hagan lo que tienen que hacer. Tienen una ventaja y es que reclutaron cierto número de personas relativamente jóvenes que simplemente no estaban dispuestos a pasar por la moledora de carne de la vida política común. Entonces se saltaron esas vallas y crearon un partido a su medida. La cuestión es que no tienen que caer en la tesis económica hiperliberal. Porque ahí sí que estamos cocidos. -En su partido también han tomado esas banderas. Hay un ala liberal de un grupo de parlamentarios de RN, que está a favor de debatir temas como la eutanasia, la adopción homoparental y el matrimonio igualitario. -Es una cosa episódica y marginal. Lo único que hace es crearle problemas al gobierno de Sebastián Piñera. Eso va a morir de muerte natural, porque se lo va a comer la izquierda. "El gobierno aprendió que definitivamente, cuando se tiene la baraja completa, no se puede jugar con una sola carta, que es la económica".