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Entrevista Periodista y escritor mexicano

Juan Villoro: "Las tragedias producen literatura"

domingo, 12 de agosto de 2018

Pedro Pablo Guerrero
Revista de Libros
El Mercurio

El autor distinguido esta semana con el VII Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas repasa su larga vinculación con Chile y adelanta detalles de los libros que prepara.



"Nací en México y volví a nacer en la tierra donde Huidobro aconsejaba 'apagar un gallo como un incendio'", afirma desde su país citando un verso de Altazor . El Premio Manuel Rojas a Juan Villoro (1956), además de reconocer la calidad de su "prosa malabarista" -como expresa el fallo-, no hizo más que refrendar la estrecha relación del escritor mexicano con Chile.

"Mi primer contacto fue la ilusión que en México despertó la Unidad Popular", recuerda Villoro. "Luego están los chilenos -y sobre todo las chilenas- que llegaron a mi escuela después del golpe. De 1981 a 1984 viví en Berlín, donde conocí a muchos otros, entre ellos Antonio Skármeta y Carlos Cerda. En México traté mucho a Poli Délano y a un jovencísimo Roberto Bolaño, que luego emigró a Barcelona. Nos volvimos a ver allá y fuimos grandes amigos hasta su muerte". A José Donoso lo conoció el día en que dio su primera lectura significativa, en compañía de Sergio Pitol. "Mantuvimos una muy buena y muy chismosa amistad", admite Villoro.

Su primera visita a Chile, sin embargo, fue recién en 1990. Acá se reencontró con amigos que habían vuelto del exilio. "Fue muy emocionante ser testigo de eso", afirma. "Pasé mi luna de miel en los glaciares chilenos y le debo a un chileno, Ivo Basay, que mi equipo de futbol, el Necaxa, volviera ser campeón después de 57 años de sequía. En 2010 sentí el furor de la tierra chilena durante el terremoto y comprobé por qué Pablo Neruda le había dedicado una oda al edificio". De esa experiencia nació el libro 8 ,8: el miedo en el espejo (Ediciones UDP, 2010).

Pocos chilenos pueden decir, como Villoro, que han recorrido casi todas las regiones del país, incluyendo el desierto de Atacama y el observatorio de Paranal, "donde los astrónomos duermen de día". En Antofagasta estrenó su obra de teatro "La desobediencia de Marte", protagonizada por dos cosmógrafos, y que volverá a escena en Santiago a comienzos del próximo año.

"¿Qué más puedo decir? He recibido toda clase de asombros de un país donde los locos saben de maravilla, con o sin mayonesa", afirma el escritor, cuya capacidad para mantener una "sonrisa lejana" hasta en los "temas más tremendos" fue otro rasgo que elogió el jurado del Manuel Rojas.

A este escritor chileno lo había leído gracias a Poli Délano, según recuerda. "Desde su título, el libro El delincuente, El vaso de leche y otros relatos me pareció que enmarcaba los extremos de la imaginación: el delito y los horrores que conlleva y la inocencia de las cosas cotidianas. Me da mucho gusto que sea uno de los tantos escritores chilenos que han pasado por México y que haya militado en el anarquismo", dice Villoro.

La noticia del galardón le llegó cuando estaba corrigiendo un libro. "Escribo una novela sobre la relación entre el sueño y la violenta realidad de México", adelanta. "El protagonista es un director de documentales que, de manera inadvertida, altera la realidad que aborda. Desde mucho tiempo atrás huye de una muerte en la que participó en forma indirecta y el destino lo vuelve a situar en una circunstancia similar. Y en medio de todo esto hay, por supuesto, una historia de amor".

Será su primera novela desde Conferencia sobre la lluvia (2013). "Publico novelas cada siete u ocho años, nunca ha podido ser de otra manera. Cada vez que termino una me hago el propósito de no esperar tanto, pero se me atraviesan otros proyectos. Soy una persona muy dispersa; si este defecto dura lo suficiente, tal vez puede simular que soy versátil".

Dentro de unas semanas, Juan Villoro publicará El vértigo horizontal. Una ciudad llamada México . Lo considera un "libro testimonial sobre la locura de vivir en la Ciudad de México". El primer texto es de 1994. "En este cuarto de siglo el libro se expandió como su tema: en forma caótica. Más que un editor necesitaba un urbanista". El terremoto de 2017 le puso punto final. "No sabía cómo concluir un libro sobre un tema inagotable", advierte. "Tiene 400 páginas, pero aun así es solo un atisbo muy personal. El 19 de septiembre marcó un quiebre en la vida de la ciudad y la gente se volcó a las calles. Yo recibí a una familia que había perdido su casa".

En medio de esas tareas debía enviar su columna al periódico Reforma. No tenía nada especial que decir, recuerda; solo podía pensar en el sismo. Resolvió describir el gesto más conmovedor de las jornadas de rescate: de pronto, un brigadista levantaba el puño para que se hiciera el silencio y se pudiera escuchar si alguien vivía. "Ese gesto determinaba la solidaridad en medio de la angustia", dice el escritor. "Traté de describirlo y me salió un texto opaco. Entonces escribí en dos horas una letanía que se interpretaría como poema. Si me preguntan a qué género pertenece ese texto, más que un criterio literario escojo uno sísmico: es una 'réplica'".

"El puño en alto" se volvió viral, se adaptó en videos y camisetas, suscitó discusiones acerca de si alguien debe escribir cuando hay cosas más importantes que hacer. "Nunca antes unas líneas mías habían conectado de ese modo. Entendí que era la mejor despedida para mi libro: levantar el puño para que se hiciera el silencio y los que se expresaran fueran otros", dice Villoro.

"El periodismo me vuelve velocista"

Carlos Franz, jurado del Premio Manuel Rojas 2018, recuerda la vez que visitó a Villoro en su casa de Barcelona y fue testigo de cómo escribió en veinte minutos un artículo que tenía que despachar. "Se escribe sobre todo en la mente", explica Villoro. "Todo el tiempo estás buscando material, cotejando frases, pensando para qué te va a servir cierta metáfora. Pero lo decisivo es el empujón que te obliga a trabajar de prisa. Durante el pasado Mundial estuve escribiendo crónicas para las que tenía un plazo de entrega de 60 minutos. Con el tiempo me he acostumbrado a eso, amparado en una frase de George Steiner: 'El hombre acorralado se vuelve elocuente', aunque quizá solo se trate de una superstición. Soy lento para muchas cosas -ahí está todo el tiempo que me tardo en ir de una novela a otra-, pero el periodismo me vuelve velocista, es un sello del oficio".

Según Guadalupe Nettel, jurado del Premio Manuel Rojas, Villoro dijo una vez que la diosa de los escritores debería ser la hiena. "Ella estuvo en mi taller de cuento y ahí discutimos a Boris Pilniak, escritor ruso que Sergio Pitol tradujo al español", recuerda Villoro. "Uno de sus cuentos trata de los desperdicios, los desastrados restos de la vida de los que se alimenta un escritor, y postula que su avatar debe ser la hiena. Las tragedias producen literatura".

Premios, traducciones, antologías de revistas prestigiosas. ¿Por qué la literatura latinoamericana está pasando por un buen momento y el fútbol por uno tan malo? "La derrota es el principal estímulo de la literatura; por eso América Latina tiene grandes escritores", contesta. "El fútbol, por desgracia, depende del marcador. Fue una tristeza que la mejor generación de jugadores chilenos no estuviera en el Mundial".

El mismo día en que Juan Villoro ganó el Premio Manuel Rojas en Chile, la escritora Margo Glantz -quien había recibido la misma distinción en 2015- fue nombrada directora del Fondo de Cultura Económica. "Celebro su designación", comenta Villoro. "Hace más de cuarenta años Margo Glantz fundó un proyecto para jóvenes escritores: Punto de Partida. En esa revista, Bolaño y yo publicamos nuestros primeros textos. Nos conocimos en una premiación de Punto de Partida donde él obtuvo tercer lugar en poesía y yo, segundo en cuento. Poli Délano era uno de los jurados, y también ahí trabé amistad con él. Desde esos días, Margo ha animado la literatura con enorme generosidad".

Sobre la paridad de género, Villoro recuerda: "México es un país patriarcal. No en balde nuestro mayor clásico, Pedro Páramo , es la historia de un cacique. Hay que luchar mucho para cambiar esto. Un amigo científico me asegura que en unos siglos el mundo va a estar dominado por mujeres. Creo que no debemos esperar a esa lejanía evolutiva. No se trata de buscar una mera paridad mecánica. Las mujeres deben tener el espacio que les corresponde, y en muchos casos y en muchos oficios, eso significa tener más espacio que los hombres".

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