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Bernardo Aliaga, experto en sistemas de alerta contra maremotos de Unesco:

La experiencia de 2010 hoy tiene a Chile entre los tres países más preparados ante un tsunami

viernes, 10 de agosto de 2018

Paula Leighton N.
Vida Ciencia Tecnología
El Mercurio

Tecnologías y sistemas de alerta confiables y robustos son parte de la herencia que dejó el 27F. Pero, a juicio de expertos, también han sido claves la preparación de las comunidades y la memoria colectiva.



Ramón Ramírez tenía 15 años para el terremoto de Valdivia en 1960. Cuando vino el tsunami , Ramón subió por entre las ramas de un ciprés ubicado en un llano al oeste de Maullín. Mientras estaba a salvo ahí, las aguas del tsunami se arremolinaban alrededor del ciprés cubriendo un par de metros de su base.

Este relato, que se acompaña con la foto de Ramón ya adulto junto al ciprés que lo salvó, es uno de los tantos que conforman el libro "Cómo sobrevivir a un tsunami : lecciones de Chile, Hawai y Japón" (2009), del Centro Internacional de Información sobre Tsunamis (ITIC), de Unesco (http://itic.ioc-unesco.org).

Muchas de las recomendaciones de ese y otros materiales sobre maremotos eran desconocidas para quienes en 2010 enfrentaron el que azotó las costas chilenas dejando 156 muertos.

"Hasta el tsunami de 2010, la sensibilización estaba más que nada en el sur de Chile, por el terremoto del 60. Los mayores sabían cómo reaccionar", dice Bernardo Aliaga, especialista del programa Unidad de Tsunamis de la Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la Unesco.

Sin embargo, el evento de 2010 no fue en vano.

21 bloques de evacuación

El experto en sistemas de mitigación y alerta contra tsunamis en América Latina y el Océano Índico, sostiene que "después de 2010 hay en Chile un cambio sustantivo. Creo que la sensibilización en el país está en su mejor nivel: estamos entre los primeros cinco o seis países más amenazados por tsunamis , y entre los tres primeros en preparación para enfrentarlos, junto a Japón y Estados Unidos".

Aliaga está en Chile como expositor del Programa Internacional de Entrenamiento de Tsunami (ITP Chile 2018), un seminario anual de capacitación que ayuda a los países a establecer Centros de Alerta y mejorar la preparación ante su amenaza y que culmina hoy en Valparaíso.

El evento, organizado por el ITIC, el Centro de Alerta de Tsunami del Pacífico y el Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada, se realiza por primera vez fuera de EE.UU. Y Chile fue escogido justamente por su preparación en temas de alerta y mitigación de maremotos dentro de la cuenca del Pacífico.

En cuanto a tecnología, señala Aliaga, "Chile está bien cubierto por una red de 148 estaciones de sismógrafos con GPS". Agrega que los sistemas de alerta hacia la población son redundantes (llegan a través de distintos medios), robustos, gracias a que han mejorado mucho los sistemas de comunicaciones para no caerse, y confiables, porque la información sale desde el Sistema Nacional de Alarma de Maremotos (SNAM) con buenos datos y a través de canales confiables. A esto se suma "el buen funcionamiento de Onemi y el SHOA".

Otro de los factores que han influido, destaca Rodrigo Cienfuegos, director del Centro Nacional de Investigación para la Gestión Integrada de Desastres Naturales (CIGIDEN), es la implementación en 2016 del Sistema Integrado de Predicción y Alarma de Tsunamis (SIPAT). Este segmenta el país en 21 bloques, lo que permite que en caso de un maremoto, "solo se evacuen aquellas zonas directamente afectadas y no el borde costero del todo el país, lo que era muy perjudicial para la confianza en el sistema", señala el también académico de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica.

El factor humano

Pero la mejor tecnología no sirve de nada si la población no está preparada.

"El tiempo que transcurre entre el terremoto y las primeras olas puede ser muy incierto. Por eso, los sistemas formales de alerta son para quienes no están justo frente a la ruptura sísmica. Para estos últimos, la autoevacuación es primordial: si siente el terremoto de más de 30 segundos y le es difícil mantenerse en pie, la evacuación debe ser inmediata", destaca Cienfuegos.

En las zonas costeras, este y otros conceptos de preparación y acción ante un tsunami están bien internalizados, coinciden los expertos.

A ello han contribuido acciones como la inclusión de educación sobre maremotos en el curriculum escolar, la elaboración de mapas de evacuación, la difusión de material y actividades educativas a la población de zonas de riesgo y simulacros regulares de evacuación.

Donde aún hay trabajo pendiente, opina Cienfuegos, es en "un enfoque más nacional que se dirija con información y material adaptados a distintos tipos de comunidades, no solo las costeras".

Para Aliaga tener una población preparada ante un tsunami "es un tema societal. Las personas tienen que tomarse las cosas en serio y con responsabilidad y, como miembros de una comunidad, trabajar en conjunto con el Estado".

2016
es el año en que se hizo la primera evacuación focalizada ante riesgo de  tsunami en Chile, tras el terremoto 7,6 que afectó a Chiloé. Antes de que el SNAM contara con esta tecnología, el terremoto 8,2 de Iquique en 2014 obligó a evacuar a 972 mil personas en las costas desde Arica a Magallanes.

"Lamentablemente tuvieron que venir tsunamis inmensos, como el de Samoa en 2009, Chile en 2010 y Japón en 2011 para crear conciencia en todo el mundo. No podemos dejar que la memoria de esos eventos decaiga".
BERNARDO ALIAGA
Comisión Oceanográfica Intergubernamental-UNESCO

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