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El Presidente de EE.UU., Donald Trump, cierra una gira en la que se distanció de sus principales socios estratégicos con un broche de oro: la primera cumbre oficial con su par ruso, Vladimir Putin, uno de los mayores rivales geopolíticos de Washington. Helsinki, la ciudad que sirvió como puente entre la Unión Soviética y Occidente durante la Guerra Fría, acogerá mañana la cita que ambos mandatarios ven como una oportunidad para vigorizar a sus potencias, pero también para mejorar sus relaciones, socavadas por una seguidilla de conflictos en los últimos cinco años. "Debo constatar que los lazos ruso-estadounidenses no pasan por su mejor momento", dijo Putin hace unos días, y manifestó su esperanza por revertir la situación. La decisión de Rusia de conceder asilo al ex analista de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) Edward Snowden -quien filtró los documentos sobre el espionaje que realizaba la entidad- fue lo que complicó las cosas en 2013, cuando el entonces Presidente Barack Obama canceló los planes para reunirse con Putin. Hasta entonces, todo iba bien entre Rusia y EE.UU., a medida que el tiempo dejaba atrás la Guerra Fría. Precisamente, fueron fundamentales los Acuerdos de Helsinki de 1975, que pactaron 35 estados con el propósito de estrechar lazos entre Occidente y Oriente. Años después, ambos países firmaron tratados de desarme, acordaron la no proliferación de misiles balísticos e intercambiaron espías. Ahora la cumbre, más que una agenda, tiene una abultada lista de desacuerdos que tratar: La "trama rusa" Cada uno de los 18 meses que lleva Trump en la Casa Blanca se ha visto opacado por las acusaciones e investigaciones de la "trama rusa"; la interferencia de Moscú en la campaña electoral en EE.UU. en 2016, que podría haber beneficiado al republicano en los comicios frente a su contrincante demócrata. El Mandatario estadounidense asegura que se trata de una "falsa y corrupta" investigación, mientras Moscú niega una y otra vez las acusaciones. Lo concreto es que el fiscal a cargo del caso, Robert Mueller, confirmó la intromisión. Esta semana imputó a 12 agentes de inteligencia rusos por haber hackeado la campaña de la entonces candidata Hillary Clinton, lo que levantó algunos llamados a cancelar la cumbre de mañana. Independientemente de lo que piense el Presidente, la "trama rusa" ha contaminado las relaciones bilaterales -Washington impuso sanciones por este motivo contra 19 ciudadanos y cinco empresas rusas en marzo- y el propio secretario de Estado de Trump, Mike Pompeo, dijo al asumir en abril que pretende trazar una línea mucho más dura contra Moscú. En la cumbre de la OTAN esta semana, el Mandatario republicano aseguró a la prensa que tratará el tema con su par: "Va a ser muy interesante escuchar lo que tenga que decir. Puede que lo niegue. Todo lo que puedo decir es '¿lo hiciste?' y 'no lo hagas otra vez'. Pero puede que lo niegue". La guerra híbrida Si bien los funcionarios estadounidenses aseguran que Ucrania es uno de los temas a tratar en la cita, Rusia ha dejado entrever que minimizará el problema y sus representantes insisten en que "no hay nada de qué hablar" respecto de Crimea. La anexión de la península ucraniana de Crimea a Rusia, en el marco del conflicto interno de Ucrania entre proeuropeos y prorrusos en 2014, terminó por envenenar las relaciones (ya complicadas por el caso Snowden), que volvieron a su peor punto desde el fin de la Guerra Fría. En coordinación con la Unión Europea, Obama impuso sanciones contra autoridades y empresas rusas, y Moscú fue expulsado del grupo de los ocho países más industrializados (G-8). La "guerra híbrida" que lanzó el Kremlin -la que implica la combinación de campañas propagandísticas y apoyo logístico a los prorrusos- se ha mantenido en estos años. Aun así, Trump, quien ha demostrado cierta admiración por su par ruso, ya ha inquietado a las otras potencias planteando la idea de reincorporar a Moscú en el G-8. Siria, mecanismo estratégico Rusia quedó aislada y su intervención militar en Siria desde 2015 -que permitió a Bashar al Assad seguir en el poder- se convirtió en una estrategia hacia Occidente. Según Lilia Shevtsova, experta en política rusa de Chatham House, esto permitió a Moscú volver al diálogo con las otras potencias. En abril pasado, Putin se mostró indignado e incluso anunció un "caos en las relaciones internacionales" cuando EE.UU., París y Reino Unido bombardearon el corazón del programa de armas químicas de Siria, luego que las tropas leales al régimen de Al Assad atacaran con ese armamento la ciudad de Duma. "Existe una oportunidad para que ambos líderes se pongan de acuerdo sobre el futuro de Al Assad, aunque la presencia de Irán (que, así como Moscú, apoya el régimen de Damasco) sigue siendo una carta comodín para Siria, que parece estar fuera del control de EE.UU. y de Rusia", comentó a "El Mercurio" Phillip Lohaus, experto de American Enterprise Institute. Auge de la carrera armamentística El clima de desconfianza entre ambas potencias se ha incrementado luego de que Trump decidiera retirarse del pacto nuclear que EE.UU. acordó en 2015 con otras cinco potencias e Irán, socio estratégico de Rusia en Medio Oriente. "A pesar del afecto manifiesto de Trump hacia Putin, la desconfianza es muy alta en todos los niveles del gobierno. Putin está llevando a cabo un ambicioso plan de modernización y desarrollo de armas, y EE.UU. está considerando muy cuidadosamente un plan que contempla futuras adquisiciones", aseguró Lohaus. Hace cuatro meses, el gobernante ruso exhibió el "invencible" misil balístico RS-28 Sarmat con "alcance prácticamente ilimitado" y que convierte en "inútil" el escudo antimisiles de EE.UU. Esto, luego que Trump pidiera al Congreso aumentar 13% el presupuesto de Defensa, principalmente para modernizar el arsenal nuclear. "La estabilidad estratégica puede ser un tema clave en la cumbre", dijo a la prensa rusa Yuri Ushakov, asesor de Putin para asuntos internacionales. La salida de Washington del Tratado sobre Misiles Antibalísticos en 2002 le permitió desplegar el escudo antimisiles, que Moscú considera una grave amenaza a su seguridad. Y si bien Trump se niega a renunciar al polémico escudo, la cumbre podría concluir con un acuerdo de los presidentes para prorrogar por al menos cinco años el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START III), que expira en febrero de 2021. Se espera que, además, para minimizar la desconfianza, ambos líderes aprueben la creación de una unidad conjunta de ciberseguridad. Los expertos sostienen que sería una gran sorpresa si de la cumbre surgen acuerdos concretos. Pero mientras Trump aprovecha de conseguir nuevos amigos, apenas termina la Copa del Mundo en Rusia, Putin tiene la oportunidad de proyectar una imagen de poder internacional ante sus compatriotas en la misma línea de igualdad en que se situó la Unión Soviética con EE.UU. durante la Guerra Fría.