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El mapa literario de un continente postergado

domingo, 15 de julio de 2018

Gaspar Ramirez
Internacional
El Mercurio

El pasado colonialista, regímenes opresores, las supersticiones, son temas que tratan algunos de los novelistas africanos actuales.



El Presidente de Eritrea llegó a Etiopía para firmar la paz luego de 20 años de conflicto; los yihadistas de Al Shabab atacaron el palacio presidencial de Somalia; una ONG de derechos humanos acusó al Ejército de Camerún de ejecutar a 15 personas por tener supuestos vínculos con Boko Haram. Todo eso pasó ayer en África -y el 30 de julio se viene la primera elección sin Robert Mugabe en Zimbabue-, un continente del que se habla poco y al que se puede entrar a través de las letras.

Novelas, cuentos y algunos ensayos -disponibles en español y casi todos en Chile-, muestran los distintos aspectos de un continente de mil millones de habitantes repartidos en 54 estados soberanos, y con problemas como el yihadismo, las supersticiones, las migraciones, dictaduras y el pasado colonialista que marcó a toda África.

Novelas como "El corazón de las tinieblas", publicada por Joseph Conrad en 1902, son citas frecuentes para mostrar la barbarie de la colonización europea en África. En ese caso, la conquista del Congo por parte del rey Leopoldo II de Bélgica. "El fantasma del rey Leopoldo" (Malpaso, 2017), del historiador estadounidense Adam Hochschild, narra el saqueo al territorio que rodeaba el río Congo emprendido por el monarca. "El río Congo. Descubrimiento, exploración y explotación del río más dramático de la tierra" (Turner, 2002) es otro estudio de esa zona clave de África escrito en 1977 por Peter Forbath, corresponsal de la revista Time.

En cuanto a colonialismo, el Nobel sudafricano J. M. Coetzee trató el tema en "Tierras de poniente", su primera novela, publicada en 1974, el mismo año en que "el gobierno racista de Pretoria impuso el afrikáans en las escuelas, desatando una oleada de descontento entre la población negra (...). En esos años de sangre, sudor y plomo, la desaparición del apartheid parecía una quimera", publicó El Cultural en la reseña de ese libro.

La novela está dividida en dos partes. La segunda, "La narración de Jacobus Coetzee", muestra una expedición colonizadora/genocida en el norte de Sudáfrica a mediados del siglo XVIII, en voz de Jacobus, el hijo bastardo de un holandés y una criada hotentote. Jacobus dice: "(...) una chica bosquimana (tribus indígenas del sur de África) salvaje no está atada a nada, a nada literalmente. Puede que esté viva pero es como si estuviera muerta. Te ha visto matar a los hombres que representaban el poder para ella, te ha visto abatirlos a balazos como si fueran perros. Ahora tú te has convertido en el Poder y ella en nada, en un trapo con el que te limpias y luego lo tiras. Ella es completamente desechable".

Intentos por explicar el pasado, los orígenes profundos del racismo y de otros conflictos recientes.

Afuera y adentro

"Las literaturas africanas desde hace tiempo hablan sobre lo que viven fuera y dentro del continente. Voces desde la diáspora y otras que surgen en África (aunque esta separación no suele ser fácil)", dice Sonia Fernández, experta española en literatura africana.

La editora del blog Literafricas y colaboradora del diario El País destaca autores, temas y países de origen: los niños-soldado del marfileño Ahmadou Kourouma ("Alá no está obligado", Muchnik), el yihadismo en Marruecos que trata Mahi Binebine en "Los caballos de Dios" (Alfaguara); "Algún día escribiré sobre África" (Sexto Piso), del keniano Binyavanga Wainaina que cuenta su vida y su carrera como escritor, o la mirada externa-interna que dan los migrantes exitosos de Taiye Selasi en "Lejos de Ghana" (Salamandra).

Fernández destaca también al escritor somalí Nuruddin Farah (1945). Candidato frecuente al Nobel, Farah publicó una trilogía sobre Al Shabab y la violencia en su país: "Eslabones", "Nudos", "Huesos cruzados", los tres editados en español por Siruela.

En "Eslabones", Farah cuenta el regreso a Mogadiscio de Jeebleh, un ex preso político radicado en Nueva York. Veinte años después de dejar el país, Jeebleh encuentra una sociedad desgarrada por la guerra civil y dividida entre clanes del norte y del sur.

En esa novela, Farah/Jeebleh escribe: "Siendo una de las ciudades más antiguas del África subsahariana, Mogadiscio había conocido siglos de guerras de desgaste: un ejército dejaba la muerte y la destrucción a su paso y venía a sustituirlo otro y otro y aún otro más, todos destructivos por igual: llegaron los árabes y en gran medida se adueñaron de la península y tras sacar adelante el comercio junto con la fe islámica, dejaron su lugar a los italianos y luego vinieron los rusos y, más recientemente los estadounidenses, nerviosos, de gatillo fácil (...). La ciudad se llenó de armas y la presencia de los estadounidenses, enloquecidos con las armas, supuso una escalada del conflicto a cotas más elevadas".

Otros autores vuelven a la infancia para explicar los conflictos.

Antes y después

En su debut literario "Solo en el mundo" (Salamandra, 2007), Hisham Matar (1970) noveló los primeros años del coronel Moammar Gaddafi al mando de Libia a través de un niño, Solimán, que no comprende bien las desapariciones de su padre, un empresario culto y opositor al régimen -igual que el padre del escritor en la vida real- y las aflicciones de su madre.

Matar/Solimán escribe: "Cogí la radio y me eché en la cama. 'Las fuerzas revolucionarias -era la voz del Guía- tienen derecho a utilizar el terror para eliminar a todo el que se levante contra la revolución. Ahora podemos realmente acabar con la vieja sociedad libia y construir la nueva, donde los elementos revolucionarios se unan para combatir los movimientos contrarrevolucionarios en las universidades, las fábricas y las calles'".

En sus siguientes novelas, "Historia de una desaparición" (Salamandra, 2012) y "El regreso" (Salamandra, 2017), el autor estadounidense de padres libios trata el exilio en Egipto otra vez desde la visión de un niño, mientras que en el segundo cuenta su viaje a Trípoli en 2012, junto a su mamá y su señora, luego de la caída de Gaddafi.

El escritor nigeriano Chigozie Obiona (1986) escribe en "Los pescadores" (Siruela, 2016) de guerras civiles, golpes de Estado, y también la vida diaria. "(...) La gente de Akure y la mayoría de las ciudades pequeñas de África occidental eran palomas: criaturas pasivas que paseaban ociosamente por los mercados o los patios de recreo andando como patos, como si esperasen el retazo de un rumor o una noticia, juntándose dondequiera que se echase al suelo un puñado de cereales. Todo el mundo te conocía; tú conocías a todo el mundo", escribe Obiona.

De Nigeria también es Chimamanda Ngozi Adichie (1977), escritora reconocida por tratar temas de migración y feminismo en sus libros superventas y traducidos en todo el mundo, como "Americanah" (Literatura Random House, 2014) o "Todos deberíamos ser feministas" (Literatura Random House, 2015); y también Chinua Achebe, que publicó en 1958 "Todo se desmorona", uno de los primeros éxitos en inglés de esa región.

En cuanto a migraciones y novelas gráficas, Astiberri -editorial vasca especializada en cómics- publicó en 2011 "A todo volumen Bruno", del francés Hervé Barulea, "Baru", que cuenta la historia de Slimane, futbolista joven de una ex colonia, que viaja a Francia oculto en un avión, huye de la policía, trabaja como ilegal, juega fútbol amateur, se enreda con unos asaltantes de bancos. Regresa.

De colonialismos y supersticiones escribe Mia Couto en "Venenos de Dios, remedios del diablo. Las incurables vidas de Villa Cacimba" (Almadía, 2010). El escritor mozambiqueño -que dice que en África el realismo mágico se ve en las calles- cuenta la historia de un médico portugués en un pueblo africano, uno de sus pacientes es un ex mecánico naval que cree que su esposa hace brujería.

Un diálogo resume varios de los grandes problemas de ese continente:

"El destino de las mujeres es ser culpables. La edad las hace aún más dueñas de peligrosos saberes. No son necesarias las pruebas. Basta con que recaiga sobre ellas la acusación de hechicería. La justicia es sumaria, sin jueces, sin juicios. El veredicto se facilita: las mujeres ya han sido juzgadas antes de que haya tribunal.

-¿Sabes lo que le sucedió a una viuda que vivía aquí al lado? Fue acusada de brujería, la apedrearon y la mataron.

Asesinada por manos anónimas, legitimadas por temores milenarios".

DESTACADOS
Otros libros destacados son "Sundiata Keita o la epopeya mandiga", de Djibril Tamsir, y "El bebedor de vino de palma" de Amos Tutuola.

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