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Primer Ministro Li Keqiang se reúne mañana con Merkel:

Trump pierde respaldo por su guerra comercial y China se apura para afiatar sus lazos europeos

domingo, 08 de julio de 2018

Nicolás García de Val
Internacional
El Mercurio

El segundo día de la pelea arancelaria trajo malas noticias para el Presidente de EE.UU.: críticas por los efectos económicos en bastiones republicanos han llevado a los electores a apostar por los demócratas en noviembre.



La guerra comercial entre Estados Unidos y China está mostrando sus primeros efectos fuera del ámbito financiero: los granjeros estadounidenses que tradicionalmente apoyan al Partido Republicano del Presidente Donald Trump están mostrando su descontento en las encuestas, y los líderes de su formación insisten en que "este no es el camino correcto para nosotros".

Para China, el panorama es distinto. En una movida veloz tras la entrada en vigencia de los aranceles de EE.UU. y los que impuso Beijing en represalia, los dirigentes chinos ya están intentando afianzar sus lazos con Europa, donde hay varios afectados por la nueva política de Washigton.

La "mayor guerra comercial de la historia", como la llamó Beijing, partió el viernes, cuando Estados Unidos gravó con un impuesto de 25% una serie de productos chinos -por un total de US$ 34.000 millones- y llevó a China a responder con una tasa similar a bienes como la soya, el cerdo y el maíz, productos esenciales para los agricultores de la zona rural de Estados Unidos.

"Esta situación de los aranceles me tiene muy, muy preocupado", dijo a The Associated Press Jimmy Tosh (35), un granjero de cerdos en Tennessee, estado en el que Trump obtuvo el 60% de los votos en las presidenciales de 2016. Tosh, como su familia, ha votado toda su vida por el Partido Republicano, pero la incertidumbre provocada por los aranceles logró llevarlo al bando opuesto: votará demócrata en las elecciones legislativas de mitad de período de noviembre. En esos comicios los republicanos se juegan la mayoría de la que han gozado los últimos años en ambas cámaras del Congreso.

No es el único que piensa así, y varios candidatos republicanos en Missouri, Indiana, Pensilvania y Dakota del Norte han tenido que responder ante sus electores por las políticas comerciales del Presidente, aseguró AP.

Una encuesta de The Washington Post y la Universidad George Mason mostró que 56% de los votantes estadounidenses creen que la disputa iniciada por Trump será perjudicial para los empleos en el país y 73% creen que provocará que aumente el precio de los productos. Una sólida mayoría de republicanos a nivel nacional (56%) comparten esta preocupación. Sin embargo, el 64% de los votantes del oficialismo aún tiene la esperanza de que al final del día la guerra comercial será buena para la creación de empleos en el país.

El sondeo también dio cuenta de que la opinión es todavía más desfavorable en los distritos que estarán en competencia en las legislativas de este año, que renuevan toda la Cámara Baja y un tercio del Senado: un 78% de los votantes de esos estados calificó como "mala" la ofensiva comercial de Trump.

Los más complicados son los republicanos en el Congreso, que no han podido definir una postura clara ante la guerra comercial: aunque insisten en que "no es camino correcto", como ha dicho el líder en el Senado Mitch McConnell, no está claro si están dispuestos a ir en contra de su propio Presidente y tomar medidas para acotar el daño potencial a la economía estadounidense.

Es probable que los consumidores no vean un alza de precios inmediata. Empresas como Harley-Davidson han dicho que evitarán subir el valor de sus productos, pero los aranceles aumentarán los costos de producción para las empresas del país que dependen de los insumos chinos y, eventualmente, los precios subirán.

"Lo que ocurrió el viernes no es suficiente para llevar al país a una recesión, pero si el Presidente continúa imponiendo aranceles, es posible que ocurra", dijo a "El Mercurio" William Reinsch, experto del Center for Strategic and International Studies, que se desempeñó como subsecretario de Comercio de EE.UU. durante la administración de Bill Clinton. Instituciones estadounidenses, como el Bank of America Merrill Lynch, comparten ese temor.

"Nadie sabe cómo terminará esto. Es como ver a dos niños de ocho años en una competencia por ver quién parpadea primero", aseguró Reinsch.

Primeras víctimas

El frente abierto con China es, sin duda, el de mayor impacto de la guerra comercial; pero no es el único. Trump libra batallas contra la UE, Canadá y México, entre otros, que ya han cobrado sus propias víctimas.

Mid-Continent Nail Corporation, el mayor productor de clavos de EE.UU., se vio obligado a despedir a decenas de empleados la semana pasada y podría cerrar pronto. Volvo canceló más de 4.000 nuevos empleos que esperaba crear en Carolina del Sur; Harley-Davidson dijo que trasladaría parte de su producción fuera de EE.UU. y REC Silicon (empresa que entrega materiales de silicona a la industra energética) anunció ayer que deberá despedir a cien empleados. Todas estas empresas culpan a las tasas.

En el frente oriental de la guerra, China comenzó a mover sus fichas buscando apoyo económico. El Primer Ministro Li Keqiang viajó a Bulgaria para la VII Cumbre China-Europa Central y Oriental (China-CEEC, o 16+1), donde se reunió con líderes y empresarios de 11 miembros de la Unión Europea (UE) y cinco países de los Balcanes, y les prometió que China "seguirá abriendo sus mercados".

El objetivo del representante chino era estrechar las relaciones comerciales de Beijing con los gobiernos de la zona para potenciar su megaproyecto de infraestructura conocido como Iniciativa de la Franja y la Ruta (también llamada la nueva Ruta de la Seda). Pero Li también buscó un acercamiento con el resto de la UE.

"Apoyamos firmemente la integración europea, y esta posición no cambiará", dijo, destacando que la UE es una fuerza importante "para salvaguardar la paz y estabilidad mundiales", y también es "el mayor socio" de cooperación económica y comercial de China. Esas frases fueron interpretadas por los medios como un guiño al bloque europeo.

China ha buscado el apoyo de la UE para formar un frente unido contra los aranceles de Trump. En esa línea, Li llegará mañana a Alemania, para reunirse con la Canciller Angela Merkel.

Hasta el momento, Beijing se ha limitado a imponer aranceles recíprocos a las importaciones estadounidenses, pero podría tomar medidas adicionales si quisiera perjudicar a Trump. Por ejemplo, plantean los expertos, podría impulsar un boicot a empresas norteamericanas icónicas que hoy venden más productos en China que en su país de origen, como General Motors.

"Beijing tiene varias herramientas no arancelarias. Podría hacerles la vida más difícil a las compañías estadounidenses, podría ordenar a las industrias nacionales que compran componentes de EE.UU., que lo hagan en otra parte y, sobre todo, podría devaluar el yuan, haciendo más baratas las exportaciones chinas y, en la práctica, negando el incremento de tasas de Trump", dijo a este diario Richard Bush, codirector para Asia de Brookings Institution.

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