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Fue el 9 de enero, solo pocas semanas después de que Alejandro Guillier perdiera la segunda vuelta presidencial, cuando la entonces presidenta de la DC, Myriam Verdugo, le informó al resto de los partidos que conformaban la Nueva Mayoría, que su colectividad había tomado la decisión de restarse a futuro de las reuniones de coordinación de la centroizquierda. "Estamos en un momento difícil como para participar de este tipo de instancias", dijo Verdugo, causando sorpresa en uno de los salones de la sede del Partido Radical. Desde esa fecha han pasado casi seis meses. Nunca más volvieron a reunirse. Solo en el Senado, durante almuerzos fijados para los días martes, los representantes de la DC, el PPD y el PS continuaron un diálogo político conjunto a partir del 11 de marzo. Las tratativas continuaron hasta el miércoles pasado, cuando la Sala del Senado tuvo que votar para el nombramiento de Ángela Vivanco como ministra de la Corte Suprema. La centroizquierda votó dividida y, pese a que la abogada obtuvo los votos suficientes en el Senado para llegar al máximo tribunal, las recriminaciones cruzadas volvieron a instalarse en la ex Nueva Mayoría. De Valparaíso a Santiago Hace un mes, en una de las reuniones que sostienen los senadores que conformaban la Nueva Mayoría, los miembros de la comisión de Constitución -Felipe Harboe (PPD), Alfonso de Urresti (PS) y Francisco Huenchumilla (DC)-, en conjunto con el presidente del Senado, Carlos Montes, se acordó respaldar la propuesta del Gobierno y la necesidad de alcanzar un entendimiento con el Ejecutivo. A los pocos días, la información le llegó al representante del Frente Amplio en la Cámara Alta, Juan Ignacio Latorre (RD), tras participar en una de las reuniones que tuvo el comité del Partido Socialista, del cual él forma parte. "Aquí se repite la lógica binominal, donde los partidos obligan a las bancadas a un voto, ¿por qué la oposición tiene que entregarse tan fácil al Gobierno?", habría dicho Latorre a los socialistas. En algunos sectores de izquierda no olvidaban que la abogada se había mostrado a favor del alza en los planes de isapre, que había rechazado la entrega de la pastilla del día después y su postulación como candidata a diputada por RN. Así, en privado, el senador de RD envió un mensaje a un integrante de la directiva PS: "Si votan a favor, vamos a mostrar nuestra crítica política". Latorre, de acuerdo con sus cercanos, habría sido informado la noche del martes -horas antes de la votación para designar a Vivanco- que había un cambio de planes en el partido que lidera Álvaro Elizalde: se contactó entonces con los diputados del Frente Amplio y se inició una campaña por las redes sociales para ejercer presión frente a los senadores socialistas. Al día siguiente, una hora antes de que comenzara la votación, Elizalde llegó a un almuerzo que estaban sosteniendo los senadores PPD y les notificó cómo votarían en el hemiciclo. El mensaje generó profunda molestia en sus interlocutores. Lo mismo en la Democracia Cristiana, que también formaba parte del acuerdo. En la DC dicen que no tuvieron ninguna señal de los socialistas. Y que si no hubiera sido por una conversación de José Miguel Insulza (PS) con el jefe de comité de senadores de la DC, Jorge Pizarro, nunca se hubieran enterado de cómo iban a votar."El presidente del PS sostuvo que no había acuerdo, que era algo líquido, y se aleja de la verdad. Eso hace que su interlocución deje de ser válida. ¿Qué le voy a creer ahora? ¿Le tendré que pedir que me firme las cosas por escrito, ante notario? Hubo acuerdo, no una, varias veces", dijo el democratacristiano. La fractura ya estaba instalada en el Congreso. En Santiago, casi a la misma hora, en la sala de conferencias del Centro de Estudios Públicos (CEP) se realizaba el ciclo "La centroizquierda en Chile: ¿Cómo se llegó a esto? ¿Cómo se sale?". Parte de las conclusiones estaban en total sintonía con los comentarios que buena parte de los senadores de la ex Nueva Mayoría comentaban entre sí. En el CEP, el socialista y analista político Ernesto Águila señaló: "Luego de la derrota del pasado 17 de diciembre, se ha abierto un escenario para la centroizquierda de desunión y dispersión, que tienen, a mi juicio, condicionantes estructurales que complejizan una revisión de este acuerdo en el corto y mediano plazo". Entre los expositores también se encontraba la ex alcaldesa de Santiago Carolina Tohá (PPD). Su diagnóstico fue igual de crítico: "Esto es algo así como el agotamiento con poco glamour de un ciclo que tuvo muchos logros, que generó una fuerza que por largo tiempo le dio una conducción al país, y que hoy se ve tan profundamente destartalada, desorientada, dispersa... Cómo pudimos llegar a esto". El ex militante PS Alfredo Joignant decía que "lo que se encuentra en juego hoy es una nueva hegemonía dentro de la izquierda. Yo ya dejaría de hablar de la izquierda en singular, aquí derechamente nos tenemos que acostumbrar a hablar de izquierdas en plural". El factor Montes Tras la votación de Vivanco, parte de las miradas apuntaron a Elizalde. En el comité de senadores DC se creía firmemente en que, con la decisión de su partido, el presidente del PS estaba generando las condiciones para levantar un nuevo bloque al interior de la centroizquierda, en el que los socialistas y el Frente Amplio tuvieran un papel protagónico. Desde el Frente Amplio toman la votación socialista como un gesto hacia su bloque. "Acá ha habido un espacio de apertura y de diálogo de las izquierdas, por decirlo así, en torno a un proyecto", señala Latorre. Las críticas, sin embargo, no solo apuntaban a Elizalde. En el nudo del conflicto también estaba el presidente del Senado, Carlos Montes (PS), quien ha jugado un rol central en la articulación de la oposición desde el 11 de marzo, pero que ahora había votado en contra de Vivanco. "Yo no he participado de ninguna negociación de ninguna naturaleza. Ese es un tema de los partidos", afirma Montes. El senador tiene claro que las conversaciones que la mesa del PS tuvo con el movimiento feminista de su partido tuvieron efecto en la votación de Vivanco, así como las presiones de la bancada de diputados ese día. Dos situaciones en las cuales, dice, él no habría tenido injerencia. Sí reconoce que, "efectivamente, este es un momento muy difícil". El día anterior, en tanto, los senadores PPD se habían negado a participar de las reuniones de coordinación que tienen los parlamentarios de oposición, los martes en Valparaíso, por la manera en cómo el presidente del Senado está manejando la corporación en algunos aspectos. Dicha decisión surgió luego de que Montes manifestara su interés de hacer públicos los informes de las asesorías externas desde 2015, pese a que existiría un acuerdo de que sea solo desde marzo pasado. Se suspenden reuniones A la decisión del PPD de no seguir participando de las reuniones de coordinación, se plegó el comité de senadores DC, en señal de disgusto por la votación en el caso de Vivanco. Mientras, el senador Ricardo Lagos Weber (PPD) indica que "la centroizquierda hoy tiene que debatir si quiere una visión compartida amplia o si se va a reducir a una mirada autoflagelante y autocomplaciente dos". En el Partido Comunista, en tanto, han tenido su propio itinerario interno. La colectividad, que ha seguido con atención la fractura de esta semana en la oposición, ha estado en constante diálogo con el Partido Humanista, con miras a una mayor convergencia con el Frente Amplio. Por estos días, además, la mesa del partido se encuentra trabajando en lo que será una conferencia nacional de la colectividad, fijada para agosto y que congregará a más de 300 militantes. Será en esta instancia donde se realizará un análisis de la última derrota presidencial, el rol que deben tomar con el Gobierno y su política de alianzas. El otro acuerdo En los mismos días de la votación se desencadenaron otros episodios en el Congreso. En su oficina, en el piso 13 del Congreso, recibió el martes en la noche el presidente de la comisión de Constitución, Francisco Huenchumilla, al ministro secretario general de la Presidencia, Gonzalo Blumel. El encuentro habría tenido como objetivo discutir otro de los nombramientos en que el Ejecutivo requiere acuerdo, ya que se necesitan 2/3 del Senado. Durante la semana pasada, el Gobierno envió a la comisión un oficio en el que ponía urgencia a la solicitud de acuerdo para el nombramiento de los abogados Rodrigo Delaveau y Álvaro Fuentealba como ministros suplentes del Tribunal Constitucional (TC). Dichos cargos están vacantes hace dos años. Sin embargo, previamente, Huenchumilla junto a Harboe (PPD) y De Urresti (PS) ya habían conversado que, para respaldar las opciones del Ejecutivo, el Gobierno debe abrirse a la posibilidad de generar cambios en las competencias del TC. Fue esa información la que Huenchumilla le dio a conocer al Ejecutivo, donde, de todas formas, señalan que el Presidente actuará con total libertad para designar al futuro presidente del tribunal y que la situación de los ministros suplentes no constituye una agenda sensible en Palacio. De todas formas, al término de la sesión del martes, Huenchumilla señaló que "para este nombramiento de Ángela Vivanco hubo acuerdo, pero para el siguiente tenemos que conversar". Se refería precisamente a los ministros suplentes del TC. El tema en todo caso, reconocen en la oposición, tendrá que reevaluarse ante el nuevo escenario político, ya que, como han señalado en reiteradas ocasiones en los últimos días, las confianzas con el PS hoy están trizadas. "La centroizquierda hoy tiene que debatir si quiere una visión compartida amplia o si se va a reducir a una mirada autoflagelante y autocomplaciente dos".
RICARDO LAGOS WEBER
Senador PPD
"El presidente del PS sostuvo que no había acuerdo, que era algo líquido, y se aleja de la verdad. Eso hace que su interlocución deje de ser válida".
JORGE PIZARRO
Jefe de comité de senadores PS