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Desde su oficina en la sede del PS, donde próximamente cambiará dos cuadros reproducidos de Henri Matisse por dos originales que le obsequió Roberto Matta al partido, el senador Álvaro Elizalde cuenta que se encontró el pasado 9 de abril con el Presidente Sebastián Piñera en La Moneda. Se trataba de la presentación del proyecto de migraciones y había varios parlamentarios en la ceremonia. -¿Le dijo algo el Presidente? -Nada. Desde el 11 de marzo, nunca se han reunido y las relaciones hoy atraviesan uno de sus peores momentos, luego que La Moneda acusara a los socialistas de obstruir la agenda del Gobierno en respuesta a la sequía legislativa que acusa el partido. En ese debate estaba Elizalde, abogado de la Universidad de Chile, cuando el miércoles pasado se votó la nominación de la abogada Ángela Vivanco a la Corte Suprema y los socialistas recibieron duras críticas en la ex Nueva Mayoría: los acusaban de no haber cumplido un compromiso adquirido, tras la presión de los diputados del partido y el Frente Amplio. Vivanco, finalmente, fue designada con 30 votos a favor, ocho en contra y dos abstenciones. -¿Por qué el PS selló un acuerdo para apoyar la designación de la abogada Ángela Vivanco y a última hora retiró su respaldo? -El ministro Hernán Larraín señaló con posterioridad a la sesión que el Gobierno no había negociado nada, que el Gobierno no había negociado nombres, que solo había propuesto nombres. Nosotros expresamos que nos parecía una mala señal la designación de Ángela Vivanco como integrante de la Corte Suprema, porque ella ha tenido un rol en política contingente, muy activo, como líder de la Unión de Centro Centro y posteriormente, como candidata a diputada de RN. Obviamente, no tenemos problemas de votar por un abogado que tenga ideas distintas a las nuestras, pero para que integre la Corte Suprema debe dar garantías de ecuanimidad e independencia en la administración de justicia. Ángela Vivanco, además, ha sido muy activa en todas las causas contra los derechos de las mujeres, como la distribución de la píldora del día después y la ley que despenaliza el embarazo en tres causales, por citar algunos ejemplos. Bueno, nos parecía que era un nombre que politizaba la Corte Suprema y que repetía el error de conformación que hoy día tiene el Tribunal Constitucional en el máximo tribunal del país, que es la Corte Suprema. Por tanto, por todo lo anterior, votamos en contra de su nombramiento. -¿Cómo puede usted comprobar que ella politizaría la Corte Suprema? -El propio ministro Larraín dijo que había que netear a los jueces, que había que preparar más jueces de derecha. No hay que nombrar jueces ni de derecha ni de izquierda, sino jueces de derecho. Es decir, que tengan trayectoria profesional, que den garantía de ecuanimidad e independencia en la administración de justicia. Hicimos el punto y votamos en contra. La derecha votó contra la nominación de Carlos Cerda porque no le perdonaban haberse atrevido a actuar como juez ejemplar investigando en dictadura los crímenes del régimen. Tuvieron que pasar muchos años para que finalmente fuera aprobado su nombramiento en el Senado. Y ahora hace un escándalo por nuestro ejercicio del legítimo derecho de no compartir la propuesta del Gobierno. -Uno de los aspectos que han marcado el debate es lo paradójico que resulta rechazar la designación de un magistrado solo por no compartir su misma posición política, más aún cuando resta la designación de otros siete jueces de la Corte Suprema durante el gobierno de Piñera. ¿Por qué un juez debe tener ese requisito para acceder al máximo tribunal? -Yo estoy de acuerdo con esa postura. Obviamente, en la Corte Suprema se tiene que expresar la diversidad de Chile, las distintas corrientes de pensamiento. Por tanto, tal como lo dije en mi intervención, nosotros podemos aprobar como supremo a un ministro liberal, conservador, de izquierda o de derecha. Pero se debe dar garantías sobre lo que es la base de su vida profesional, que va a actuar con plena autonomía e independencia, porque eso es lo que le da prestigio a la Corte Suprema. El prestigio de la Corte Suprema costó mucho recuperarlo después de la dictadura y debemos preservarlo entre todos, y a nuestro parecer la nominación de Ángela Vivanco representaba una tendencia a la politización de la justicia, algo que tanto daño ha hecho en muchas democracias latinoamericanas, daños irreparables, y que además constituyen una repetición de los errores que se han cometido en la conformación del Tribunal Constitucional, que ha llevado a que este tribunal sea hoy cuestionado no solo por el contenido de sus fallos, sino que por la calidad y la fundamentación jurídica. Por eso votamos en contra. -Los senadores Guido Girardi (PPD) y Jorge Pizarro (DC) plantearon que hace 15 días hubo un acuerdo en toda la ex Nueva Mayoría -incluido el PS- para apoyar a la abogada, y recalcaron que ellos sí cumplían los acuerdos. -Creo que debimos, con mayor anticipación, haber advertido públicamente algo que era evidente: por razones de convicción, el Partido Socialista no apoyaría la nominación de Ángela Vivanco a la Corte Suprema. Nunca hubo real voluntad de la bancada de senadores de apoyar la candidatura de Ángela Vivanco por los argumentos que he señalado, nunca hubo condiciones para que el PS la apoyara, por lo que deberíamos haber explicitado con anticipación esta decisión a las demás bancadas de la oposición. -¿Pero empeñó o no el PS su palabra para respaldar a Vivanco? -Me remito a lo que señaló el propio ministro de Justicia. Sí puedo señalar que cuando este tema se conversó dentro de los integrantes de la bancada, prácticamente ninguno tenía disposición de votar por Ángela Vivanco, por los argumentos que he señalado, y el día que fuimos convocados para tomar la decisión se adoptó finalmente esta resolución. -¿Para usted es importante cumplir la palabra empeñada en política? -Sin lugar a dudas. Y por eso creo que nosotros deberíamos haber sido explícitos en nuestra voluntad de no apoyar a Ángela Vivanco con mayor anticipación. -¿Es una autocrítica? -Sí. -Algunos senadores han planteado que la decisión del PS es grave, como planteó Carolina Goic (DC), ya que rompe las confianzas en la Cámara Alta. -Todo el año pasado Carolina Goic se dedicó a hablar contra el Partido Socialista. Por un sentido de responsabilidad y para preservar entendimientos básicos con su partido, nosotros guardamos riguroso silencio. Parece que este año quiere perseverar en esta actitud. Nosotros mantendremos la nuestra. -¿Los senadores socialistas cambiaron de opinión por presión de la bancada de diputados socialistas y el Frente Amplio? -No. Nosotros actuamos sobre la base de convicciones, no de presiones. -Tras la votación del miércoles se ha instalado la idea de que la designación de Ángela Vivanco terminó abriendo un profundo quiebre en la izquierda chilena. ¿Lo comparte? -Creo que este episodio obviamente genera dificultades adicionales a los desafíos que tenemos por delante, pero tenemos que tener la capacidad de superarlos, porque si queremos trabajar por los cambios que Chile demanda, debemos potenciar el diálogo y la unidad de todas las fuerzas progresistas. "Hay que establecer una forma de entendimiento con el Frente Amplio" -¿Es partidario de revivir el eje DC-PS, que actuó como un sostén político durante los gobiernos de la Concertación? -La construcción de mayoría para transformar Chile exige la capacidad de que nos pongamos de acuerdo con quienes, teniendo diferencias, compartamos valores y principios. En democracia, solo se pueden impulsar cambios a través de la construcción de mayorías. Y por eso nos parece fundamental el entendimiento de la izquierda con el centro político. En ese contexto, a la DC le corresponde un rol relevante para la construcción de esa mayoría. Una cuestión distinta es que, consolidada la democracia y como resultado de los cambios que nosotros hemos impulsado cuando fuimos gobierno, han surgido nuevos actores políticos que llegaron para quedarse y que deben ser considerados a la hora de trabajar por la construcción de una amplia mayoría para impulsar cambios. -El Frente Amplio. -Durante todo el siglo XX y el siglo XXI, los gobiernos democráticos han sido de coalición, con solo una excepción: el de Eduardo Frei Montalva. Chile tiene un sistema multipartidista, pero con partidos con vocación de entendimiento para construir alternativas que se constituyen en opción de mayoría. Por tanto, tenemos que trabajar por la convergencia entre los distintos actores. Entendemos que hay determinados partidos políticos que están menos resueltos que el PS en trabajar en esto. Nosotros hemos sostenido que vamos a fomentar un amplio diálogo de la DC al Frente Amplio para generar convergencia en torno a las ideas que nos permitan construir una mayoría social y política comprometida. Reconocemos que hay otros partidos que tienen ciertas indefiniciones en la materia. Y como el proceso de construcción de unidad implica el respeto a los ritmos y voluntades de los distintos actores, somos contrarios a imponer fórmulas. Pero sí nos parece imprescindible actuar con un sentido de responsabilidad, para que establezcamos cierta capacidad de entendimiento y resolver así nuestras diferencias. El Frente Amplio llegó para quedarse. Por cuanto es un actor con el que tenemos diferencias, también con el que tenemos coincidencias, pero que merece respeto, y yo soy un convencido de que hay que establecer alguna forma de entendimiento. -¿Que similitudes percibe en las formas con que tanto el Frente Amplio como Podemos, en España, han enfrentado a las fuerzas políticas socialistas? -Hay diferencias. En España hay un sistema parlamentario, hay una monarquía parlamentaria. Chile es una república presidencialista, pero en la relación PSOE-Podemos hay similitudes con lo que fue la Nueva Mayoría y el Frente Amplio. Efectivamente, el Podemos se impuso en su tiempo a la tesis de reemplazo, que pasaba por la derrota electoral del PSOE. Eso significó que Podemos no aprobara el voto de confianza para que Pedro Sánchez asumiera como Presidente del gobierno, lo que obligó a repetir las elecciones y terminó con el Partido Popular ampliando su diferencia. Vale decir, el resultado fue que la derecha terminó gobernando. Transcurridos los meses, Podemos cambió su postura y concurrió al voto de censura contra el gobierno de Rajoy, lo que provocó que Pedro Sánchez asumiera como Presidente del Gobierno. ¿Cuál es la similitud? La división del progresismo termina siendo funcional a los conservadores, y, por tanto, nuestra obligación es generar puentes de entendimiento. ¿Cuál es la forma específica que va a adoptar ese entendimiento? Eso está por verse, y parece que en el marco chileno la DC tiene un rol fundamental, así como el PPD y el PR. -Esta semana, durante un seminario en el CEP, la ex alcaldesa Carolina Tohá planteó que la izquierda se ve profundamente destartalada y su mundo, el del PS y el PPD, no tiene un relato más que renegar de sí mismo. ¿Lo comparte? -No soy de los que reniegan de nuestra historia. Al contrario, creo que el PS ha sido un actor fundamental en las luchas sociales por construir un Chile más justo desde su fundación. Eso no quita, obviamente, que, si uno analiza el pasado, lo pueda hacer desde una mirada crítica, porque el paso del tiempo permite evaluar de mejor forma lo que se hizo en el pasado. Se han cometido dos errores. El primero es juzgar el pasado con los ojos del presente, porque las sociedades cambian y lo que los chilenos demandaban hace dos décadas es distinto a lo que se demanda hoy. Pero hay un error más grave, que es pretender construir un futuro con los ojos del pasado. -¿Cree que la defensa del legado de la ex Presidenta Bachelet es el punto de partida del rearme de la oposición? -Para ser alternativa, lo relevante es una propuesta de futuro. Las elecciones se deciden desde el futuro, no del pasado. Cosa distinta es que vamos a defender todas las conquistas sociales del pasado, muchas de las cuales fueron impulsadas bajo el gobierno de Michelle Bachelet. "Yo soy un convencido de que hay que establecer alguna forma de entendimiento con el Frente Amplio". "Creo que este episodio obviamente genera dificultades adicionales a los desafíos que tenemos por delante".
"Nosotros estamos dispuestos al diálogo, siempre que sea de buena fe y en un marco institucional".