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Viña Montes expande la frontera del vino y se lanza a producir en Chiloé

domingo, 08 de julio de 2018

Constanza Capdevila de la Cerda, desde Mechuque, Chiloé.
El_Mercurio

Para 2020 estarán listas las primeras botellas. Aurelio Montes, fundador de la compañía, lidera la iniciativa, que dejará posicionada a la empresa como la viña instalada en la zona más austral de Chile. "Si paro, me muero", dice Montes.

Si una persona quisiera recorrer por tierra los más de 1.200 kilómetros de distancia entre Santiago y la isla de Mechuque, en el archipiélago de Chiloé, se demoraría por lo menos 16 horas. Además de albergar uno de los paisajes más hermosos de Chile, es el escenario para el más extremo emprendimiento de la Viña Montes.

Más de dos hectáreas con nueve mil parras terminaron de plantar esta semana, dejando a Montes instalada como una de las viñas más australes de Chile. La hazaña tiene un responsable: Aurelio Montes Baseden.

La primera cosecha la espera para el 2020, previendo obtener media tonelada de uvas, que van a permitir elaborar mil botellas. Así comprobará si los esfuerzos van en la dirección correcta.

"Soy amante de la navegación y conozco los canales y mares que rodean esta zona como la palma de mi mano. Mechuque es uno de mis lugares favoritos y hace ocho años que vengo soñando con plantar algo en estas tierras", confiesa Montes.

A sus 69 años, este enólogo de la Universidad Católica, presidente y accionista mayoritario de la viña (29%) que lleva su apellido, está empujando en primera persona el proyecto. Aunque podría estar descansando y disfrutando de los logros que ha literalmente cosechado, Aurelio Montes no tiene entre sus planes dejar de emprender. "Si paro, me muero", advierte.

Reconoce que, cuando planteó al directorio la idea, lo miraron con desconfianza. Pero terminó por convencer a sus socios que la aventura valía la pena, tal como en el pasado innovaron en otras áreas: en el mercado internacional, exportando vinos premium ; fueron los primeros que se atrevieron a plantar en laderas de cerros; y los primeros en incursionar en el Valle de Zapallar, entre los tantos hitos en los 30 años de vida de la compañía.

"No nos desesperamos por el éxito. Nunca hemos hecho un estudio de mercado, ni factibilidad. No lo hemos necesitado. Mi filosofía es echarle para adelante y lo único que nos mueve es el afán de hacer las cosas bien", declara el empresario.

El experto precisa que Mechuque está en latitudes similares a las islas más australes de Nueva Zelandia y Tasmania, regiones productoras de vinos. Además, sostiene, con el cambio climático, la temperatura del agua es en promedio de 10 grados, en circunstancias que en la zona central es ocho. "Estamos protegidos por el continente y hacia el otro lado, por la Isla Grande de Chiloé", detalla, y agrega: "Tenemos la tecnología para proteger las parras del clima y de la lluvia, en caso que sea necesario". "Esto no es un negocio más. Se trata de paisajes, de personas que van a tener una fuente laboral, apostar por ellos, por esta tierra, por esta cultura, por la magia que hay en este lugar", resume sobre el proyecto.

"Si no arriesgamos, nunca vamos a aprender"

Una vez escogido el lugar, en mayo de 2017 iniciaron la búsqueda del terreno adecuado, y en septiembre dieron con Don Carmelo -José del Carmen de la Cruz-, descendiente de belgas, quien ofrece alojamiento y pensión a los turistas que llegan hasta Mechuque. El acuerdo fue arrendarle dos hectáreas por un período de cinco años, con la posibilidad de compra. Además están avanzando en la compra de 10 hectáreas más y les han ofrecido otras 15 adicionales.

"La viña en esta zona es un experimento. Queremos ver cómo se adaptan las plantas a un suelo de cenizas volcánicas y a este clima. Si no arriesgamos, nunca vamos a aprender. Yo estoy convencido que nos va a ir bien", asegura entusiasmado Montes, mientras recorre las plantaciones.

Con una inversión total de US$1,5 millones, en marzo de este año se pusieron manos a la obra. Encabezados por el gerente agrícola de Viña Montes, Rodrigo Barría, un grupo de trabajadores se trasladó desde Colchagua hasta Mechuque, a los que se sumaron habitantes de la isla.

Llegar hasta el lugar no es fácil. Una vez en Puerto Montt, hay que recorrer una distancia de una hora para embarcarse en un ferry, que cruza hasta la Isla Grande de Chiloé. Luego, una hora y media más por tierra hasta el poblado de Tenaun, donde hay que abordar un lanchón que recorre los canales del archipiélago, hasta llegar a Mechuque.

Fue en esas barcazas donde se trasladaron tractores, maquinaria y fertilizantes para preparar la tierra. Consiguieron permiso con Conaf para las quemas controladas, y gracias al especial microclima de la isla, la apuesta fue plantar seis variedades: Sauvignon Blanc, Riesling, Chardonnay, Pinot Gris, Pinot Noir y Gewürztraminer.

"Estoy feliz de encarar este desafío. Es una zona que puede darnos una sorpresa, un refresque para la industria vitivinícola chilena (...) Aunque no tengamos producción, con la reacción de la planta podremos saber si se adaptó al terreno y vamos a aprender mucho. No existe ningún proyecto que tenga esta connotación, de investigación, con miras a algo más potente", explica Montes.

El empresario cuenta que en un viaje a Asia durante mayo, aprovechó de dar a conocer el nuevo emprendimiento. "Nuestros clientes quedaron fascinados con la idea", concluye.

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