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Tate Modern La primera exposición individual del español

"Picasso 1932" Amor, fama y tragedia

domingo, 08 de julio de 2018

Maite Armendáriz Azcárate (desde Londres)
Artes y Letras
El Mercurio

La retrospectiva, que se detiene en el "año de las maravillas" de la vida y obra del artista malagueño, es catalogada por la crítica europea como la muestra histórica más importante del momento.



Picasso es un espectáculo hoy en Londres. Nadie quiere perdérselo según consignan las colas que se forman a la entrada de la Tate Modern.

Diez salas ha dispuesto el luminoso Museo británico de arte para revivir 1932, catalogado como "el año de las maravillas del artista más influyente de los últimos tiempos".

Es una retrospectiva que muestra mes a mes el momento más erótico y prolifero del malagueño, según lo enunció el Museo Picasso de París al lanzarla en octubre pasado. En Londres se podrá visitar hasta septiembre.

Si bien Picasso realizó 300 obras durante 1932, aquí se han reunido las 100 más emblemáticas, provenientes de colecciones de todo el mundo, para demostrar el amor apasionado, la fama pero también la tragedia que protagonizó Pablo Picasso solo en ese año, asegura el curador Achim Borchardt-Hume, director de exposiciones y programas de la Tate Modern.

"Picasso pinta como quien escribe su diario de vida", asegura el comisario y agrega que al recorrer estos 12 meses de su vida "se logra descubrir sus decisiones creativas, al ver muchas de sus obras más innovadoras y queridas en una nueva y sorprendente luz".

La sensualidad prima en este lote de pinturas, esculturas y bosquejos en papel, pero también se pueden revisar contratos de exposiciones, facturas, imágenes de las casas en que vivió y de sus estudios o talleres, porque el montaje incluye fotografías familiares y momentos de su vida personal.

Celos y traición

Tal cual si se leyera en una apasionante novela, el recorrido da cuenta de qué modo se inspira y crea el artista a sus 50 años, cuando vive en París y espera ser reconocido más allá de su tierra natal. Está casado con Olga Khokhlova, tiene un hijo, Paulo, de 11 años, y a la par cultiva una potente relación con quien fue su musa por largo tiempo, una mujer de 23 años llamada María Teresa Walter.

La rubia tenía sólo 17 años cuando Picasso la vio por primera vez en los grandes almacenes Lafayette. Un día de 1927 el pintor se le acerca para asegurarle que su rostro es interesante y le pregunta: "¿Te gustaría posar para mí?".

Hoy ella está en todas esas salas de la Tate, se le descubre en las más variadas poses y hasta dormida. Despierta lo más noble, pero también los más bajos sentimientos del pintor y sobre todo de Olga Khokhlova, la bailarina rusa que comienza a sentir el distanciamiento de su esposo. Ya en la primera sala de la exposición se manifiesta esta lucha, con la pintura Mujer con daga. El artista la termina de vuelta de celebrar las fiestas de Navidad y Año Nuevo; la imagen se presenta como una pesadilla surrealista que habla de una mujer que mata a su rival sexual.

Entre sus telas más queridas, según indica el curador, hay tres pinturas inspiradas en María Teresa que Picasso realiza en no más de cinco días del mes de marzo. Se trata de Mujer desnuda en un sillón rojo, Mujer ante el espejo, que en forma casi inédita sale para esta exposición del Museo de Arte Moderno de Nueva York, y El sueño: la más erótica y provocativa de las tres, elegida como ícono de la exposición y por ello es la pintura que en estos momentos se ve publicitando la muestra en las principales calles de Londres. El sueño presenta el rostro de la mujer fraccionado y completado con un pene en la parte que mira hacia arriba. "Después de 86 años, estas obras se juntan por primera vez. Lo más probable es nunca más vuelvan a reunirse", asegura el curador.

Desnudo en un sillón negro

No obstante, en su columna sobre esta retrospectiva el director de arte de la BBC, Will Gompertz, prefiere Desnudo en un sillón negro, una cuarta pintura de esta misma época. El prestigiado crítico que dirigió la Tate Gallery durante siete años, considerado una autoridad mundial en arte moderno -si bien denuncia a Picasso como un hombre que trata a las mujeres que ama como objetos y luchando su puesto como únicas-, piensa que esta es una pintura de tan exquisita belleza, equilibrio y sensualidad que no hay más opción que detenerse y mirar. "Y cuanto más miras, más ves". En su reseña de esta exposición para la BBC News, Gompertz analiza en detalle esta pintura porque permite resumir la trayectoria artística del español. Explica que si bien a primera vista, hay un voluptuoso desnudo femenino reclinado en una silla negra, iluminado por un sol ardiente, visible a través de una ventana parcialmente oscurecida por las hojas verdes de una planta de interior, en esta obra se notan además las influencias de grandes creadores en Picasso, tanto en su composición como estilo. "Hay un indicio de la Venus de Tiziano, de la Olimpia de Manet y de la Odalisca de Matisse, con las Magnolias". Para el crítico, Desnudo en un sillón negro evidencia el viaje artístico del español: "Una losa de color azul de sus primeros días, las partes inconexas del cuerpo haciendo eco de su época cubista, las líneas sinuosas de su primitivismo modernista de la posguerra y el ensoñador de otro mundo con su más reciente interés en el surrealismo".

Cae el invierno en Boisgeloup

A medida que pasan los meses, las pinturas del autor del Guernica exploran los reinos más oscuros del inconsciente. "Dependiendo del punto de vista del espectador, las figuras pueden pasar de desnudo a pulpo sosteniendo una calavera y viceversa", apunta el curador.

Pero también durante el recorrido se descubren los bellos paisajes invernales de Boisgeloup, que es el nombre del castillo del siglo XVIII que Picasso adquiere en Normandía donde instala su estudio, se encuentra con su musa y pinta algunos episodios íntimos de su familia. Son estas obras más un autorretrato de su periodo azul las que exponen la primera gran retrospectiva que inaugura ese mismo año en las Galeries Georges Petit de París.

Las retrospectivas de artistas vivos eran inusuales en esa época. Solo Henri Matisse lo había logrado un año antes. Picasso se preocupó personalmente de la selección y su montaje, no quiso intervenciones de sus distribuidores, como las que había sufrido su par. Y para abocarse por completo a ello rechazó las ofertas del Museo de Arte Moderno de Nueva York y la Bienal de Venecia. Cuando se le preguntó cómo curaría su retrospectiva, respondió provocativamente: "Mal".

Todo el glamur de París

Los famosos se reunieron en la glamorosa inauguración, menos el propio artista que esa tarde prefirió ir al cine. Igual no vendió demasiado, el mercado del arte estaba golpeado por la gran Depresión y muchos de los coleccionistas presentes vieron sus fortunas menguar tras la agitación económica y política que envuelve al mundo ese año. Fue la última exposición importante celebrada en las Galeries Georges Petit, que se clausuró en 1933.

Al término de su retrospectiva, el pintor se relaja y la transformación en que una cosa se convierte en otra, sigue siendo central en su imaginación. Ahora retrata a las mujeres con sus extremidades convertidas en aletas puntiagudas, cual sirenitas, tal vez inspirado por la destreza de María Teresa como nadadora.

Durante septiembre y octubre el maestro intercala sus desnudos reclinables junto a flautistas con oscuras representaciones del sufrimiento de Cristo. En la muestra sorprenden 13 dibujos sobre la Crucifixión realizados en tinta negra como si el pintor enunciara una metáfora de la guerra ya cercana.

Al español nunca le gustó ser miembro de un grupo determinado o que lo incluyeran en algún encuadre teórico del arte, lo suyo era confiar en la intuición y el proceso. Ello no quita su orgullo de que su trabajo fuera reproducido y discutido extensamente por el poeta y provocador surrealista André Breton, como queda de manifiesto en el primer número de la revista Minotaure.

En las pinturas finales del año, el color se desprende de la línea o se reduce a tonos de gris. Esta vez el tema es la amenaza de ahogamiento y la posibilidad de rescate, inspirado tal vez en una infección grave que contrae María Teresa Walter mientras nadaba en el contaminado río Marne.

El nacimiento en 1935 de Maya, la hija de ambos, marcó el final de su matrimonio con Olga Picasso. The Rescue, pintado en los primeros días de 1933, presagia la angustia de la madre y el niño en la emblemática pintura antibélica de Picasso, Guernica (1937). Para entonces, "el mundo de Picasso como lo había sido en 1932 se perdió para siempre", termina diciendo el curador Achim Borchardt-Hume.

En tanto, el crítico de arte inglés Will Gompertz, al salir de la muestra pregunta: "¿Qué pintor desafía hoy al medio de la misma manera que lo hizo Picasso hace casi 80 años?".

"¿Qué pintor desafía hoy al medio de la misma manera que lo hizo Picasso hace casi 80 años?".

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