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Los desafíos del próximo gobierno mexicano

lunes, 02 de julio de 2018

C.A.
Internacional
El Mercurio




Corrupción

Una práctica endémica que ha dejado terreno fértil para los otros problemas. México es el país de América Latina y el Caribe con el índice de corrupción más alto, de acuerdo con una encuesta de Transparencia Internacional (142 de 183 naciones en todo el mundo), que reveló que 51% de sus encuestados admitieron haber pagado algún soborno para acceder a servicios públicos básicos en los últimos 12 meses.

La corrupción debilita el Estado de derecho, resta confianza a los inversionistas, genera relaciones viciadas con las autoridades y les cuesta dinero a los mexicanos.

Los casos más sonados de los últimos años involucran a gobernadores cercanos al gobierno, que desviaron fondos desde el presupuesto estadual. Además de la casa que compró la Primera Dama a un contratista de gobierno bajo condiciones inusualmente favorables; la adquisición por parte del Ejecutivo de un software espía para vigilar a periodistas y defensores de DD.HH. y del uso de fondos públicos para financiar campañas oficialistas, están los sobornos de Odebrecht. Ejecutivos de la constructora brasileña admitieron que pagaron coimas por US$ 10,5 millones a funcionarios mexicanos, incluyendo a cercanos del Presidente Enrique Peña Nieto, pero las dos investigaciones federales están frenadas, presuntamente por presiones políticas.

La corrupción está en todos los niveles del gobierno y permea a toda la sociedad. Según cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en 2017 las "mordidas" que pagaron los ciudadanos sumaron 7.218 millones de pesos (unos US$ 362 millones).

"El 70% de la gente reconoce que nuestro trabajo es bueno. Nada más que hay malos policías que no hacen bien sus labores, y nos marcan a todos", dijo a este diario Elías Guzmán, un policía federal que custodiaba un edificio público de Ciudad de México.

Sin embargo, es la segunda preocupación que expresan los mexicanos (56,7%), de acuerdo con el sondeo del Inegi. El primer lugar lo tienen indiscutidamente la inseguridad y la delincuencia (73,7%).

Seguridad

La "diversificación" de la violencia en México -narcotráfico, delincuencia común, política, de género- provocó un alza en la inseguridad. El número de homicidios rompió récords en los últimos dos años (este año podría superar los 30 mil) y el fenómeno traspasó las fronteras de lo que había sido su territorio.

Hace unas semanas aparecieron unos cadáveres mutilados en Tlatelolco, en el norte de la Ciudad de México. "El narco está lamentablemente metido en todos los estratos de la sociedad", dice a este diario Víctor Martínez, quien dirige una empresa de proyectos multimedia.

La guerra contra los traficantes de drogas lleva más de una década, ha descabezado carteles, empujado a los narcos a otros territorios e incluso ha logrado dar con sus jefes más emblemáticos, como Joaquín "El Chapo" Guzmán, quien después de escapar de la cárcel y ser recapturado, fue extraditado a EE.UU., donde está preso y enfrenta un juicio. Pero nada de eso ha podido terminar con el negocio (y la violencia) que mueve miles de millones de dólares al año y que tiene de rehenes a miles de campesinos que se han visto forzados a plantar amapolas, materia prima del opio.

También tiene que ver con un ciclo político. Debido a la alternancia que se produjo tras las elecciones locales de 2016 -por ejemplo en Chihuahua, Veracruz y Puebla, donde se dispararon los índices de violencia- se rompieron viejos pactos con grupos delictuales y se intentaron establecer nuevos acuerdos con organizaciones rivales, produciendo un reacomodo de los grupos dominantes de la delincuencia, explica Rubén Salazar, de la consultora de riesgo Etellekt, que estudia la violencia política. La pelea entre carteles los ha fracturado y los ha llevado a cambiar de "giro" y de territorio: aparecieron el robo de combustible, el robo de cargas y al transporte de mercancías y los secuestros en represalia por la acción de las autoridades.

Economía

México está en la posición número 15 entre las economías del mundo gracias a una industria que se diversificó y es una de las naciones que más inversión extranjera directa capta (12ª según el ranking de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo). Sin embargo, no ha logrado que el crecimiento estable de sus últimos años (2,1% en 2017) se acelere, ni ha podido reducir la amplia brecha de desigualdad: el 1% de los mexicanos concentra casi la mitad de la riqueza, mientras que 43% de la población vive en condiciones de pobreza.

Aunque el panorama no sea demoledor, la percepción ciudadana es otra: "Los neoliberales locales no supieron 'vender'" las ventajas del modelo, comenta el analista Alberto Olvera. Además, una reforma para abrir el mercado energético, que incluyó la liberalización del precio de los combustibles, encareció no solo el transporte, sino que también los alimentos. La informalidad laboral (que supera el 56%) y una reducción de los salarios promedios (12% entre 2005 y 2016, según la OIT) tampoco ayuda. "Todo sube y los empleos están muy mal pagados. A mí no me rinde. Cuando se enfermó y murió uno de mis tíos, que no tenía hijos y nunca tuvo jubilación porque trabajaba solo, yo tuve que pagar los gastos y no me alcanzó con mi sueldo. Lo que se necesita son mejores salarios", dijo a este diario Adriana Gómez, una empleada del gobierno.

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