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Concesiones: Aló, ¿hablo con el Estado?

lunes, 02 de julio de 2018

Marcos Vergara Médico-Cirujano Profesor asociado, Facultad de Medicina, Universidad de Chile
Opinión
El Mercurio

"...no basta con apropiarse de los hospitales, es necesario hacerlos funcionar con estándares libres de riesgos evitables. En este escenario, las concesiones representan la posibilidad de no postergar decisiones urgentes de inversión....".



Si las concesiones son financiamiento privado de un inmueble para la operación de un hospital público, representan una oportunidad para el sector, más si redundan en mejor mantenimiento de ese capital. Por cierto, ello es válido si la tasa de interés de la operación no tiene utilidades anormales y se acerca al costo de oportunidad país, en ambiente competitivo.

Lo que preocupa es que las concesiones de hospitales sean materializadas por una tecnocracia ajena y poco sensible a temas que importan en el sector. No es raro que los procesos en marcha presenten problemas que ponen a las concesiones en tela de juicio y que son aprovechados en su contra, a veces con no poca carga ideológica. Por ejemplo, aquel que dice relación con la reposición del Hospital del Salvador, donde no tuvo sentido incorporar al contrato servicios que han sido siempre externalizados. En eso coincidimos con los sindicatos, porque no hacía falta y se confunde un tema inmobiliario, donde hay necesidades financieras, con asuntos de gasto corriente en que los hospitales siempre incurren.

Bachelet abrió a este sistema de financiamiento los hospitales de La Florida y Maipú, que serían objeto de evaluación ex post de su implementación, puesta en marcha y operación. Eso está en el marco de lo que debería hacer el Ministerio de Desarrollo Social con toda inversión pública o quizás la propia Dirección de Presupuestos. Así aprenderíamos de estas experiencias y podríamos saber por qué después de cinco años de adjudicado, el nuevo Hospital del Salvador es un hoyo en tierra, cercado por murallones de madera, con portones cerrados que anuncian salida de camiones frente a los que estacionan automóviles permanentemente: un espectáculo de abandono.

Sin evaluación, se discute la materia con supuestos y juicios infundados, y aún no sabemos si es apropiada para la salud de Chile. Se dice que los plazos de ejecución y costos se habrían excedido. Pero ¿es cierto? ¿Alguien ha realizado esta comparación con rigor "epidemiológico", considerando lo comparable y neutralizando variables que ensucian la reflexión? En salud pública sabemos cómo hacer esto, pero quienes estuvieron a cargo temen hacerlo, pues tal vez hubo improvisación en los diseños. La receta, sospechamos, tuvo mucho de Ley de Concesiones -creada para carreteras- y poca inteligencia sanitaria.

Otra desgracia de gobernanza es que la gestión del inmueble -la administración del contrato- no está en manos de los gestores del core business , quienes han de correr tras intermediarios para resolver problemas del uptime de infraestructura y equipos. Así se capturan recursos estratégicos críticos para gestionar la prestación de servicios, que es lo que importa a los ciudadanos. El administrador del contrato no debería ser otro que el director del hospital.

¿Y ahora qué? Está claro que el sector público de salud necesita una expansión presupuestaria relevante para inversiones, considerando la sistemática pérdida de capital que ocurre cada año y los requerimientos de transformación que surgen del perfil demográfico y epidemiológico, y del rotundo avance de la industria médica.

Los hospitales son empresas de servicios que usan capital, tecnología y personal especializado para obrar. El Ministerio de Salud, su dueño, no es como la Secretaría General de la Presidencia o Bienes Nacionales, ejemplos de instituciones fiscales que, como la mayoría, no requieren uso intensivo de capital para producir servicios. El Ministerio de Salud requiere de inversiones para cumplir su misión, pues en caso contrario hipoteca el futuro y compromete la salud de la población. El Estado debe responsabilizarse de incursionar en el giro. No basta con apropiarse de los hospitales, es necesario hacerlos funcionar con estándares libres de riesgos evitables. En este escenario, las concesiones representan la posibilidad de no postergar decisiones urgentes de inversión.

Este camino permitió al Reino Unido rescatar su infraestructura pública del deterioro en que estaba hace unas décadas. Hasta el edificio del Ministerio de Finanzas en Londres está en perfecto estado gracias a las concesiones, y nadie podría pensar que esté privatizado. Por cierto, cientos de hospitales y escuelas han tenido acceso al mecanismo, que al final no es más que un crédito inteligente.

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