Fondos Mutuos
Bastante más allá más del fundamento conceptual de su obra, Fernanda Gutiérrez, una de las tres expositoras actuales de Galería La Sala, sobresale por la fortaleza de su voluntad expresiva. Cada uno de sus trabajos lo atestigua. De partida, su políptico de contundentes fotografías, con ella como admirable y teatral protagonista, registra seis prototipos femeninos, tocados por la maldad. Así posa ante nosotros cual dura intelectual, secretaria sibilina, nana resentida, estudiante nada de fiar, anciana calculadora, exagerada mamá ejemplar. Sus instalaciones surgen aun más agresivas. Tenemos, pues, un enorme ovillo de lana blanca que constituye una etapa de un tejido interminable -proceso documentado por video-, cuya Penélope utiliza para apaciguar angustias. O la aguzada ironía del banco escolar provisto de represivas amarras para dominar inquietudes infantiles. Asimismo, la caja protagonizada por un perturbador rosario, en el cual sus cuentas emergen, en mezquina interpretación, como ojos de la omnipresente vigilancia divina. En general, desde la coloración del conjunto hasta la distribución física en el lugar de sus cuatro integrantes revelan impecable sentido espacial y del equilibrio formal. Aunque ubicado en un sector de La Sala probablemente menos favorable, la levedad de las composiciones con bolsitas de té en diversos estados de decoloración, manifiesta el adecuado empleo por Denise Blanchard del ámbito asignado. Mediante tan frágiles y desvalidos materiales emprende la artista abstracciones murales delicadas, ricas en variaciones monocromáticas, sutiles y hasta capaces de provocar las ondulaciones graciosas de un manto colgante. Tres tacitas preciosas, elegantes, completan este aporte. En cambio, desde el punto de vista del montaje, Andrea Fischer causa un desfavorable hacinamiento de productos suyos. Y no es que las obras con fibra artificial y lucecitas led que hoy nos muestra carezcan de atractivos visuales. Al contrario, bien lo demuestran la blanca instalación "Paisaje" y su justo equilibrio entre inocente hojarasca y visceralidad; la serie de cajas "Latidos de la muerte", que introduce desde la evasiva figura humana hacia un desarrollo abstracto, junto a los parecidos personajes se reúnen dentro de una bien facturada caja de madera en "Ausencia". "Nicho" y "Desapego", en cambio, claman por un espacio aparte que les permitiera respirar más unitariamente. Un pintor español El madrileño Mateo Maté muestra primero en Galería Isabel Aninat seis pinturas, elaboradas por intermedio de un proceso de impresión en tela de pequeños retazos de uniformes militares de todo el mundo, siguiendo cada vez el modelo paisajista de otro pintor; entre estos, Sorolla resulta el más importante. Cabe pensar que procedimiento semejante bien puede caer en una sistematización un tanto reiterativa y mecánica. Más allá de los colores, por momentos un poco ácidos, las circunstancias anotadas no obstan para que se logre un par de aciertos: "Paisaje uniformado 23", dominado por su feliz trazo oblicuo, y el agresivo efecto de altas cumbres nevadas en "Paisaje uniformado 28". Sin embargo, más nos convence Maté con la monocromía de sus irónicos territorios con ropa de cama, invadidos por férrea cartografía militar. Un tercer trabajo suyo corresponde a un video, cuya bien actuada escenificación responde, hoy día, a lo políticamente correcto.