Fondos Mutuos
En una historia sin nombres propios y que reproduce el habla popular de una región que se intuye es Veracruz, la escritora mexicana Fernanda Melchor (1982) abre su novela "Temporada de huracanes" (Literatura Random House, 2017) con un cadáver que flota en un río, y con personajes como Luismi, Munra, la Bruja, Brando, Cuco Barrabás, que muestran un México donde la violencia de todo tipo, la homofobia, el machismo, el narcotráfico no se cuestionan. Están y siempre estuvieron ahí, como parte del paisaje. "Precisamente porque forman parte del paisaje físico y emocional de mi estado natal (Veracruz) y de mi país, y yo me atrevería a decir que incluso de muchas regiones de nuestro continente, donde imperan la desigualdad y la explotación del hombre por el hombre, es que aparecen en la novela", dice la autora del libro incluido entre los mejores de 2017 en varias listas mexicanas. Sobre qué se puede hacer para solucionar estos males de la sociedad que describe en "Temporada de huracanes", la periodista dice que no sabe cómo se podrán solucionar "de una vez por todas" la desigualdad, la corrupción, el machismo, la misoginia. "Ni siquiera estoy muy segura de si realmente podamos erradicarlos por completo, pues la crueldad hacia nuestros semejantes es un rasgo humano; tan humano como lo es el altruismo. Creo que a los mexicanos nos haría bien ponernos a reflexionar crítica y colectivamente sobre nuestra historia, sobre los numerosos traumas que hemos recibido como sociedad; pero esto, de ninguna forma puede ser una solución a los problemas del país, sino apenas un pequeño paso para empezar a formular el problema". En un pasaje, Munra invita a Luismi a trabajar en la campaña del candidato Pérez Prieto, quien pertenece al "Partido": "El chiste es ir a los eventos y que te vean con la bola, estar ahí nomás al pendiente de ver qué se ofrece, y el chamaco necio con que no, que no quería, que la pinche política era una mierda y que él no quería andar de gato por tres miserables pesos". -¿La posición de Luismi es una especie de resumen del desencanto que existe hoy ante la política en México? "No sé si desencanto sea la palabra adecuada para resumir la postura de Luismi, porque la suya es una generación que ya no conoce las esperanzas del desarrollismo posrevolucionario. Yo creo que es más un intento por demostrar algo de dignidad (o lo más parecido a la dignidad) entre tanta miseria, de decir: 'vendo mi cuerpo por dinero, pero no mi voto; ese prefiero arrojarlo a la basura antes de dárselo a los políticos'. Y sí creo que sí es una postura con la que muchos jóvenes mexicanos podrían identificarse". -La homofobia y el machismo están muy presentes en tu libro. ¿Cómo está tomando la sociedad mexicana los debates sobre igualdad de género y feminismo? "Lo que yo percibo es que la sociedad mexicana no es una sola, única y homogénea: hay muchas, y una diversidad de posturas al respecto de estos temas. En la Ciudad de México el avance hacia la equidad es notable, pero en la gran mayoría de los estados de la República no se garantizan los derechos básicos de las mujeres o de las personas con preferencias o identidades sexuales distintas". -¿Cómo explicas esta especie de alejamiento de los artistas actuales de las luchas políticas, comparado, por ejemplo, con los autores del boom , como Carlos Fuentes, o un poco antes con Octavio Paz, que eran creadores muy movilizados políticamente con el tema de la Guerra Fría y la Revolución Cubana? "No puedo hablar por nadie más que por mí; y en lo personal, es porque yo no tengo ilusiones políticas, ni quiero tenerlas. Tal vez es la niña maltratada que fui la que habla por mí, pero hace mucho que yo no confío en ninguna clase de promesa. Pero entiendo a las personas que se entusiasman por ciertos candidatos o ciertos movimientos, pues es totalmente humano encontrar esperanza y consuelo en los grandes relatos, y muy mexicano creer que un gran hombre surgirá de la nada y resolverá los problemas nacionales. Pero no puedo hablar por nadie más que por mí".