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Aliados exigen a la líder alemana que establezca medidas más estrictas en materia migratoria:

Merkel intenta dejar atrás una semana negra

domingo, 01 de julio de 2018

Alicia Tagle Crichton
Internacional
El Mercurio

El partido socio con que dirige Alemania decidirá hoy si acepta los acuerdos que la Canciller alcanzó con otros países de la Unión Europea. Si no lo hace, podría desmoronarse su coalición de gobierno.



No solo la selección de fútbol intenta dejar atrás días difíciles en Alemania, luego de ser eliminada de la Copa Mundial. Esta semana es considerada como una de las más complejas que ha debido enfrentar Angela Merkel en sus 13 años como Canciller, cuando una vez más la crisis migratoria amenazó la continuidad de su gobierno.

El acuerdo de voluntades alcanzado el viernes entre los 28 países de la Unión Europea, para instalar centros para migrantes y ser más solidarios en la recepción de refugiados, podría darle un aire político a la Canciller alemana.

Para hoy Merkel debía presentar a la Unión Cristianosocial (CSU) -los socios bávaros con los que gobierna su partido, la Unión Cristianodemócrata (CDU)- un pacto que garantice que los migrantes ya registrados en otro país del bloque no puedan pedir asilo en Alemania. Los bávaros, que antes establecieron un ultimátum a la Canciller para conseguir un mejor acuerdo, se limitaron a decir que el pacto alcanzado "va en la dirección correcta", aunque de todas formas Merkel enfrenta horas cruciales cuando no se descarta que su coalición pueda hacerse trizas.

En un intento por inyectar optimismo a la situación, Merkel aseguró que la tensión interna en vez de dificultar su posición negociadora le sirvió de "incentivo" para tener resultados tangibles en Bruselas, como los acuerdos bilaterales con Grecia y España para devolverles inmigrantes que hayan accedido por primera vez a la UE a través de sus territorios.

En un escrito dirigido a la CSU, al que tuvo acceso ayer la agencia DPA, Merkel desgranó sus propuestas. Según la Canciller, catorce países aceptaron una rápida devolución de solicitantes de asilo registrados previamente en su territorio antes de seguir viaje a Alemania, y detalló que alcanzó compromisos de repatriación con Hungría, Polonia, República Checa, Bélgica, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Francia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Holanda, Portugal y Suecia.

Asimismo, Merkel propuso que los peticionarios de asilo sean alojados en los centros especiales ya propuestos por el ministro del Interior y líder de la CSU, Horst Seehofer.

El temor era que estas propuestas no calmen a los bávaros. El escenario más extremo que contemplan algunos analistas es que la CSU considere que el acuerdo sea insuficiente, lo que llevaría a Seehofer a empezar a aplicar el "plan maestro" con que amenazó a la Canciller, que consiste en devolver refugiados directamente en las fronteras e incluso en cerrar unilateralmente las puertas de Alemania. Ante ello, a Merkel no le quedaría otra opción que destituirlo, lo que implicaría la salida de la CSU del gobierno y la ruptura de la hermandad histórica del partido regional con la CDU.

"El problema de los migrantes puso al gobierno de Merkel en jaque", comentó Gero Neugebauer, politólogo de la Universidad Libre de Berlín, para quien la gobernante "realmente se ha sentido atrapada, no por el problema de los migrantes, sino por el momento que enfrenta con la CSU".

La decisión de la líder alemana de abrir las fronteras en plena crisis migratoria hizo que solo en 2015 llegaran unos 900.000 solicitantes de asilo a Alemania, creando una situación sin precedentes en el país. Desde entonces, han llegado casi 500 mil personas más y el gobierno alemán se esfuerza por buscar una solución, cuando se acercan las elecciones regionales (el 14 de octubre) y el partido populista de ultraderecha Alternativa Para Alemania (AfD) no ha dejado de capitalizar en los últimos años el descontento del electorado con la masiva llegada de migrantes.

De hecho, en los últimos comicios la formación nacionalista se consolidó como la tercera fuerza política en el Bundestag (con 12,6% de los votos), mientras que la CDU de Merkel obtuvo unos decepcionantes resultados, ya que si bien consiguió la primera mayoría, lo hizo con el peor resultado desde 1949 (33%).

El pulso dentro del bloque conservador se produce apenas cuatro meses después de alcanzarse el pacto de coalición que posibilitó la reelección de la "Canciller eterna" para un cuarto mandato tras un largo y trabajoso proceso de negociación.

"Estos días son extremadamente complejos, porque la Canciller necesita obtener el consentimiento en muchos niveles al mismo tiempo. Las últimas semanas mostraron que existe una conexión clara y directa entre la política interna (con la crisis de la coalición) y la política europea con sus 27 socios", explicó Weronika Priesmeyer-Tkocz, directora de programa de la Europäische Akademie Berlin. "Las crisis, tanto en la coalición como en la UE aún se pueden resolver, pero si se manejan mal, pueden producir efectos indirectos indeseables", agregó.

El problema es que mientras Merkel encuentra una política migratoria que satisfaga a sus críticos en casa, también tiene que encontrar medidas que sean aceptadas por los otros miembros de la UE. "Si tomamos decisiones en solitario es muy probable que Italia abandone el acuerdo de Dublín (para racionalizar los procesos de postulación de solicitantes de asilo), no registrará más refugiados y a la postre tendremos más refugiados", advirtió Armin Laschet, Primer Ministro de Renania-Westfalia y miembro de la cúpula de la CDU.

El Primer Ministro bávaro Markus Söder dijo ayer que los acuerdos migratorios "van en la dirección correcta".

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