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Kathy Acker, el regreso de la escritora punk

domingo, 01 de julio de 2018

Roberto Careaga C.
Revista de Libros
El Mercurio

Provocadora y rutpurista, Acker (1947-1997) surgió en la escena punk del Nueva York de los 70 y construyó una obra experimental y feminista que la convirtió en toda una leyenda. Una editorial chilena lanza su novela Grandes esperanzas .



En la imagen aparece una mujer de cabeza casi rapada, que lleva numerosos aros en la oreja derecha. También, pulseras con puntas de metal en ambas muñecas. Viste un entero de lycra y en su cintura tiene un grueso cinturón de seguridad, pues está levantando pesas. Está en un gimnasio. Está en Nueva York. Corre 1984. La escena es seguida por productores alemanes que filman un documental que será transmitido por la televisión británica: es un perfil de una neoyorquina salvaje que ha estado asolandoel underground londinense, Kathy Acker, una escritora punk que por esos días iba y venía entre Inglaterra y Estados Unidos. Cuando estaba en Nueva York, seguía una rutina de fisicoculturismo en el gimnasio que tenía múltiples significados: "Es sobre cambiar tu cuerpo de la forma en que tú quieras", le dice a la cámara en un descanso. "Se vuelve un espejo de mi escritura, que es sobre mujeres decidiendo qué quieren ser y cómo serlo, ampliando las posibilidades de cómo ser mujer en el mundo", agrega.

Por supuesto, simplificaba. Era feminista, pero más que eso. Autora de una docena de novelas y varios volúmenes de ensayos, Kathy Acker surgió de la escena punk neoyorquina de los años 70 para transformarse en una provocadora que citaba a Julia Kristeva y Derrida, le dedicaba libros al psicópata de ficción Hannibal Lecter y entrevistaba a las Spice Girls. Niña rica, bailarina nudista, heredera de los beat , sus novelas eran autobiográficas, cargadas de sexo en los límites de la pornografía y plagadas de citas a decenas de libros que jamás identificaba. "Acker le da a su trabajo el poder reflejar el alma del lector", llegó a decir William Burroughs de uno de sus títulos centrales, Grandes esperanzas , el que ahora por primera vez es publicado en español por la editorial chilena Los Libros de la Mujer Rota, con la traducción de Matías Fleischmann.

Originalmente lanzado en 1983, Grandes esperanzas, llega a librerías chilenas justo cuando está siendo publicado en inglés por el sello Penguin en su colección Classics. Y es que eso es: tras libros con repercusión limitada, fue esta novela la que hizo despegar la carrera de Acker y, de hecho, hoy es un pequeño clásico de la narrativa posmoderna y rupturista de los 80. Quizás lo que más limitó su lectura fue ella, que fue un personaje que excedía su escritura. Y Acker no solo vivió como una leyenda, sino también murió así: falleció a los 50 años, en 1997, en México, tratándose un cáncer con medicina alternativa. Dijo no a la quimioterapia. Acker se resistía a todo. "La cultura es cada vez más una bolsa de trapo", decía en el apogeo de su fama subterránea.

Aunque el nombre de Acker está asociado a un esplendor de un underground ochentero algo olvidado, regresó de mano de la escritora Chris Kraus ( Yo amo a Dick ), quien el año pasado lanzó una biografía de la autora, After Kathy Acker . Hoy, más que la provocadora sexual que fue alguna vez, se la reconoce como una precursora de la tan de moda autoficción. En ese contexto, la escritora y editora de Los Libros de la Mujer Rota, Claudia Apablaza, se encontró con Acker y logró los derechos para publicarla en español. "Me empecé a meter de a poco en la vida y obra de esta escritora y todo me pareció alucinante, necesariamente rescatable y que encajaba directo con nuestra línea editorial. La propuesta estética de la autora, el lenguaje poético, una autora además completamente feminista y muy rupturista", dice Apablaza.

Pirata

"Nunca tenemos que avergonzarnos de sentir que vienen lágrimas, porque los sentimientos son la lluvia sobre el polvo enceguecedor de la tierra: nuestros propios corazones duros y egoístas. Me siento mejor después de llorar: más consciente de quién soy, más abierta", escribe Acker en Grandes esperanzas , indagando en sí misma y eso parece en principio la novela: el relato de una joven obsesionada con su madre que se ha suicidado, tratando de espantar la sombra de un padre que la abandonó. Está perdida en un Nueva York de "neblinas grises y pálidas". Anota: "El yo que siempre había conocido desertó. Toda mi historia se fue". Entonces, mientras la narradora cuenta cómo intenta rearmarse, aparecen los escombros: textos disgregados e inconexos y citas, muchas citas, sin mencionar de dónde provienen.

Entrevistada para el documental alemán, Acker traza su historia literaria como la de un desacato. No le interesaba la cultura que le enseñaban en la universidad, tampoco los grandes novelistas de su tiempo: "Mailer, Roth, Malamud, me parecen superfluos. El maravilloso fraseo de Updike no me dice nada", afirma. "Ese tipo de novelas, las novelas del estilo del siglo XIX, son solo una forma posible en la literatura. Necesitamos aumentar nuestras posibilidades. Todo es una herramienta, todo es utilizable y la novela del siglo XIX está terriblemente usada. Pareciera que fuera la única manera de escribir una novela. Pero es ridículo". Y de hecho, Acker hace justamente lo contrario a lo clásico: "Nunca me interesó contar una historia. Hay demasiadas. En lo que yo estoy interesada es en destruir el significado".

Nacida como Karen Lehman en 1947 en Nueva York, Acker se fue de casa lo más rápido que pudo. Su padre dejó a su madre meses antes que ella naciera, pero en cualquier caso su hogar era uno de clase acomodada. Ella prefirió la calle: sin dinero, bailó en clubes nudistas a inicios de los 70 y grabó algunas escenas pornográficas. Conectó con la escena punk neoyorquina y encontró un camino. Aunque siempre insistió en que era bisexual, se casó dos veces y tuvo una larga relación con el crítico literario Sylvere Lotringer, para muchos el responsable de llevar a Estados Unidos el post estructuralismo francés. Pero donde de verdad Acker encontró un maestro fue en William Burroughs: su técnica de "cut up" -recortar y pegar textos- ella la transformó en una teoría del plagio. Ella optó por otro nombre: piratería.

En sus libros se encuentran citas de Genet, Shakespeare, Cervantes, Keats, el marqués de Sade, pero también de escenas del cine, frases de televisión. Acker era una pirata y con el tiempo fue, además, una artista punk obsesionada con el fisicoculturismo, los piercings , los tatuajes y el sexo. A mediados de los 80, al llegar a Inglaterra, una recopilación de sus primeros libros publicada por la editorial Picador se agotó a las tres semanas. Fue una estrella fulgurante del underground londinense. Luego de Grandes esperanzas , Acker publicó la que sería su novela más famosa Blood and guts in high school -sin traducción al español-, luego lanzaría reescrituras de El Quijote y ensayos, y continuaría como una presencia constante de la bohemia subterránea de Nueva York y Londres. Era una mujer fuerte, tanto que cuando en los 90 se le declaró un cáncer de mamas, optó por una mastectomía doble y nada de quimioterapia. Prefirió un tratamiento alternativo en Tijuana. A los 50 años, la muerte no la asustaba.

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