Fondos Mutuos
Las ciudades son complejas, lo sabemos, lo vivimos a diario. Y esa complejidad puede fomentar la democracia o ser tierra fértil para el fascismo. Lo último no es tan evidente, pero es lo que cree el sociólogo estadounidense Richard Sennett (Chicago, 1943), autor de libros como "El extranjero. Dos ensayos sobre el exilio", "El declive del hombre público" y "Vida urbana e identidad personal". Sennett fue invitado a la celebración del décimo aniversario de la Cátedra Globalización y Democracia, de la Universidad Diego Portales (UDP), el pasado lunes, donde dictó la conferencia "La ciudad abierta: los desafíos de la democracia actual". Allí habló del creciente movimiento fascista, desde Europa a Estados Unidos: "En los países del norte tenemos una crisis de la democracia", dijo, y frente a eso apostó por la creación de ciudades abiertas. Es decir, aquellas que favorece el encuentro entre diversos actores; como ocurre -el ejemplo es de Sennett- en una gran zona comercial o mercado de Nueva Delhi, India, conocida como Nehru Place: un espacio abierto, no uno de oficinas, en el que los hindúes y musulmanes interactúan, quieran o no. Algunas horas después, en el bar de un hotel santiaguino, Sennett profundiza: "Hoy estamos amenazados por un nuevo tipo de fascismo que apunta a los outsiders y los extranjeros. Y pienso que las ciudades, porque son lugares complejos, pueden resistir este fascismo de nivel nacional. Es un hecho práctico, incluso en un país como Hungría -que logró cuadrar el círculo, porque son a la vez antimusulmanes y antisemitas-, incluso allí, digo, la gente en Budapest tiene una orientación completamente distinta hacia la libertad de expresión, los outsiders , etcétera. Mi esperanza es que podamos hacer de las ciudades lugares que resistan esta marea fascista" -¿Es solo una esperanza? "En una gran ciudad hay distintos elementos presentes, y lo que quiero es fortalecer los elementos de apertura y quitarles poder a los de clausura. Al hacerlo, pienso, podemos tener el efecto político de urbanizar a las personas que viven en las ciudades, hacerlas más tolerantes, más capaces de manejar la complejidad. Las ciudades son lugares posibles para luchar contra el fascismo, ya que son entornos complejos que una hegemonía no puede controlar fácilmente". Ciudades Estado En el bar del hotel, sentada junto a Sennett, está la también socióloga Saskia Sassen (La Haya, 1949), nacida en Holanda, pero con un incuestionable español argentino (se crió, en parte, en Buenos Aires). Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, en 2013, es autora de libros como "La ciudad global", "Territorio, autoridad y derechos" e "Inmigrantes y ciudadanos". También fue invitada a la Cátedra Globalización y Democracia, de la UDP, donde dictó la conferencia "¿De quién es la ciudad? Contradicciones en el pensamiento global". (No es coincidencia que Sassen y Sennett hayan venido juntos a Chile: son pareja.) En una entrevista del año 2013, con el diario ABC de España, Sassen dijo: "Las ciudades van a ser más importantes que los Estados". Cinco años después, la afirmación sigue vigente en un mundo en el que hace tiempo es claro que la soberanía de los estados nacionales está presionada interna y externamente. "Hoy la ciudad es un espacio cargado de contradicciones que va más allá de ella", dice Sassen: "Ha adquirido roles que antes estaban en el Estado nacional". Como ejemplo menciona los "circuitos" entre ciudades generados por las altas finanzas, la presencia de las sedes de las grandes empresas multinacionales y el auge de la digitalización. Es decir, la ciudad se ha convertido en un lugar de mucha importancia para la economía, además de ser "un espacio donde se encuentran los pobres y los ricos, como ocurre en pocos otros sitios", explica Sassen. "Se instala en la ciudad un gran sector, muy poderoso, que logra acaparar tierras centrales, espacio central, y eso significa que las clases medias, modestas y no tan modestas -no la ricas, esos se arreglan-, están sufriendo un poco, pues han sido empujadas hacia los márgenes". De ahí que Sassen diga que vivimos una crisis que genera reacciones como, por ejemplo, protestas de sectores medios que ya no pueden comprar ni siquiera arrendar viviendas. -¿Cuándo cambia la ciudad? "La clave está en el inicio de las desregulaciones y privatizaciones en la década del 1980, ahí comienza un cambio que es lento y un poco invisible, pero que penetra gradualmente en más y más sectores, incluidos sectores dentro de los gobiernos nacionales, que gradualmente se privatizan. Esto es algo que se da, con variantes, en muchos países de las Américas, África y Europa. Un resultado de ello es que esta acumulación, ocurrida a lo largo de décadas, finalmente se hace fuertemente visible en los últimos diez años y solo entonces se vuelve evidente cuánto ha cambiado la ciudad. Es alarmante que no hubiera una lucha mucho más activa ni un análisis de los futuros que se podrían generar con esas políticas; cada paso en esta transformación se vio como un 'pasito' modesto, sin mayores implicaciones. Tendríamos que aprender de esto, pero dudo que ocurra". Activar los no lugares El antropólogo francés Marc Augé (Poitiers, 1935) acuñó el concepto "no lugar" ( non lieu ) para referirse a espacios neutrales, sin identidad, aeropuertos, supermercados, hoteles y autopistas, generados en el mundo contemporáneo. Al escuchar a Sassen y Sennett, pero sobre todo al mirar a nuestras ciudades, se podría pensar que ellas mismas se están convirtiendo en no lugares. No solo por la proliferación de espacios como los que describe Augé, o de franquicias de comida que hacen que las ciudades se parezcan demasiado entre ellas, sino que también -si estiramos el concepto- por esas urbanizaciones devenidas en guetos, dentro y en la periferia de la ciudad; y sitios eriazos o sin uso. -¿Las ciudades se están convirtiendo en no lugares? Richard Senett (RS): "Estás haciendo una conexión que Marc Augé no hace, que es que los lugares neutrales, non lieux , son un efecto del capitalismo global. Para él este es un efecto de la arquitectura modernista, para mí es una consecuencia de las grandes firmas multinacionales que construyen estos lugares... (mientras Sennet dice eso, Sassen exclama '¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!', y los dos se ríen)... Pero creo que el concepto de non lieu es un concepto dominante, el no lugar es también un espacio de clausura, no hay nada inquietante ni estimulante allí, son espacios donde nada pasa. Son creados por esas gigantes firmas multinacionales de construcción, por inversores que invierten en lugares con los que a menudo no tienen nada que ver, y también diré que por organizaciones multinacionales, como el Banco Mundial, que financian estos proyectos en áreas pobres. Así es que construyes algo que puede estar en cualquier parte, y por ello no está en ninguna. Para mí, ese es el tiempo efectivo del capitalismo global". Saskia Sassen (SS): "Yo tengo una versión muy específica de esta cuestión del non lieu , que se desvía un poco de Augé. Estoy trabajando en un proyecto en París, sobre el terrorismo, pero no lo llamo así, más bien hablo de la importancia del 'espacio indeterminado'. París es una ciudad circundada, y muchos de aquellos que viven en las afueras son musulmanes que se sienten alienados, que sienten que París no es su ciudad, y que, por ejemplo, confrontados con los jardines de Luxemburgo -que es un gran parque público, muy bello, donde todos van- no sienten que es su parque, no entran porque se sienten rechazados. Esas son cosas que pasan en todas las ciudades. Por eso hablo de la importancia del espacio indeterminado, que puede ser un espacio vacío, feo, donde algo fue mal. Esos son sitios que les pueden importar mucho a aquellos que están en un gran riesgo de alienación. En otras palabras, el non lieu es muy importante no para las clases medias, no para los burgueses, sino para aquellos que se sienten un poco alienados. No es lo que dice Augé, pero creo que el espacio indeterminado es un primo del no lugar. Yo le trato de dar una connotación activa, se trata de activar un lugar para ciertas personas que se sienten alienadas". RS: "Un no lugar es también un lugar sin memoria. Y una de las razones para preocuparse de esta situación es que la gente tiene grandes dificultades para vincular los espacios neutrales a experiencias personales, significativas. Es un espacio no proustiano, un fenómeno que reprime el tiempo. Un no lugar no tiene historia". SS: "Visto desde la perspectiva de los musulmanes es lo opuesto, pues ese espacio -porque es un no lugar- ellos pueden llegar a sentirlo como suyo. Richard nos da la otra versión. Lo que yo quiero es activar ese espacio, quiero darle una valoración positiva, no al aeropuerto, pero sí a lugares, en este caso en París, que esa gente siente que están marcados".