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Rafael Rojas, historiador cubano, autor de "La polis literaria":

"'Persona non grata' dio visibilidad al cisma dentro de la generación del boom por Cuba"

sábado, 30 de junio de 2018

GASPAR RAMÍREZ
Internacional
El Mercurio

El intelectual radicado en México analiza en su nuevo ensayo el impacto de la Guerra Fría en la obra y relaciones entre destacados escritores latinoamericanos.



¿Cómo fueron configurando sus caminos políticos los distintos escritores del boom latinoamericano en los años 60 y 70? ¿En qué momento comenzó el desengaño con Fidel Castro y la Revolución Cubana? ¿Por qué Gabriel García Márquez no fue tan cercano de Hugo Chávez como lo fue de Fidel Castro? ¿Qué papel jugó el Nobel colombiano en la crisis de los balseros de 1994?

Rafael Rojas, historiador cubano radicado en México, trata todos esos temas y más en su nuevo ensayo "La polis literaria" (Taurus, 2018, disponible en formato digital), en que aborda el contexto de la Guerra Fría en que escritores como Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Octavio Paz, José Donoso, Jorge Edwards y Julio Cortázar, entre otros, construyeron su obra. En entrevista con "El Mercurio", el intelectual cuenta cómo la cultura y la política estuvieron profundamente ligadas en esos años y ayudaron a dar forma al panorama actual.

-En México, describe los caminos político-intelectuales que tomaron Octavio Paz y Carlos Fuentes, sus acercamientos y alejamientos de la Revolución Cubana, el posterior paso al liberalismo, diferencias que marcaron a toda una generación de intelectuales. ¿De qué manera influyeron esas luchas de entonces en configurar el panorama político-intelectual en el México de hoy?

"La obra poética, de ficción y ensayística de Octavio Paz y Carlos Fuentes es un acervo central de la transición democrática en México. Aquella, como sabemos, fue una transición más lenta que en los países del cono sur, entre otras cosas, porque en México no hubo una dictadura militar de derechas. Pero entre los años 60 y 90, los poemarios y ensayos de Paz y las novelas de Fuentes, además de sus propios posicionamientos públicos contra el autoritarismo priista, contribuyeron decisivamente al acceso a la democracia actual".

-¿Cómo ve el posicionamiento que han tomado los intelectuales y artistas en México ante el casi seguro triunfo de López Obrador?

"Me parece que esta vez la comunidad artística e intelectual ha estado un poco más disgregada que en 2006 en su apoyo a López Obrador. Hace doce años el entusiasmo de los intelectuales era más palpable que ahora, porque el candidato salía de un gobierno exitoso en la Ciudad de México y de una estigmatización inaceptable de parte del gobierno de Vicente Fox. Ahora López Obrador es mucho más aceptado dentro del sistema político del país, en buena medida por las pésimas campañas de sus adversarios".

-Usted recuerda el artículo que García Márquez escribió en 1999 para la revista Cambio, "El enigma de los dos Chávez", en el que el Nobel colombiano no descartaba que el Presidente venezolano fuera un "ilusionista, que podría pasar a la historia como un déspota más". ¿Qué opina de esa valoración que hizo entonces García Márquez del proceso que recién comenzaba en Venezuela?

"El hecho de que García Márquez no tuviera simpatías por Hugo Chávez siempre me ha parecido un dato muy revelador, que sus críticos pasan por alto. Gabo era amigo de Fidel, aunque, como puede documentarse, tenía muchísimas reservas en torno al régimen político de la isla y, en especial, a la limitación de la libertad de información en las burocracias del socialismo real. Como colombiano partidario de la paz, García Márquez sabía de las ambivalencias y manipulaciones del chavismo en relación con el país vecino".

-¿Por qué cree que el papel de García Márquez en las negociaciones entre EE.UU. y Cuba durante la administración Clinton, en la crisis de los balseros de 1994, pasaron tan desapercibidas?

"Muchos de los detalles de aquella negociación se han conocido en los últimos años por testimonios como los del ex Presidente Carlos Salinas de Gortari y los estudios de Peter Kornbluh, William LeoGrande y Homero Campa. Resultó que en 1994 García Márquez era amigo de los tres gobernantes involucrados en el conflicto de los balseros cubanos: Castro, Clinton y Salinas".

-¿Ve alguna semejanza o continuidad entre los caudillos y dictadores latinoamericanos novelados en libros como "El otoño del patriarca", de García Márquez, o "La fiesta del Chivo", de Vargas Llosa, con la serie de líderes fuertes que llegaron al poder en la región durante la década pasada, como Hugo Chávez, Lula da Silva, Evo Morales, Rafael Correa o los Kirchner?

"De todos los líderes de la izquierda bolivariana, el único que me parece inscrito plenamente en aquella tradición dictatorial es Hugo Chávez, aunque su régimen político no fue una dictadura militar como las que retrataron los novelistas del boom . Chávez provenía del Ejército, era mesiánico, narcisista, melancólico y compartía todo aquel imaginario despótico, heredado del siglo XIX, y que en buena medida se remonta al propio Bolívar".

-Usted cuenta cómo, con distintos matices y tendencias, la política era parte central de la obra y de la vida misma de los escritores del boom. ¿Existían indicios que hicieran pensar entonces, en los años 60 y 70, que Vargas Llosa sería el escritor con mayores aspiraciones políticas concretas, considerando que llegó a postular a la presidencia de Perú?

"Mario Vargas Llosa fue siempre el escritor del boom que mostró mayor familiaridad con los debates ideológicos y teóricos de la política moderna. Fue un gran lector de los existencialistas franceses, especialmente de Jean-Paul Sartre y Albert Camus, pero era muy difícil suponer a la altura de 1966, cuando se publica 'La casa verde', o 1969, cuando aparece 'Conversación en la catedral', que probaría suerte en la política profesional peruana".

-En su libro usted dice que "Persona non grata" (1973) "irrumpió en un campo intelectual que a la vez que se desilusionaba de la Revolución Cubana, por sus rasgos estalinistas, se interesaba vivamente en la posibilidad de un socialismo democrático en Chile, tras el triunfo electoral de Allende". ¿Qué impacto tuvo la publicación del libro de Jorge Edwards en ese momento de definiciones que intelectuales y gobierno estaban tomando ante el régimen cubano?

"'Persona non grata' fue el libro que dio visibilidad al cisma que, dentro de la generación del boom , habían producido la estalinización del socialismo cubano y, específicamente, el arresto y la confesión forzada del poeta Heberto Padilla y su esposa Belkis Cuza Malé. En 1973, el valiente testimonio de Edwards representó, a la vez, el desencanto con el régimen de la isla y el entusiasmo que el socialismo democrático chileno despertaba en los narradores del boom ".

-Usted describe cómo Vargas Llosa, Lezama Lima y Jorge Edwards, entre otros, se alejaron del régimen principalmente a partir del caso Padilla y de la invasión de la URSS a Checoslovaquia. Más allá del contexto de la Guerra Fría de aquellos años, ¿por qué cree que actualmente una situación tan polarizadora como la crisis venezolana no ha movido a los escritores e intelectuales?

"La explicación se encuentra, a mi juicio, en la escasa resonancia que el chavismo logró dentro de la comunidad intelectual latinoamericana. Los escritores y artistas de la región nunca se identificaron tan fuertemente con el proyecto de Chávez, como lo hicieron con la Revolución Cubana, el socialismo chileno o el sandinismo nicaragüense. Los debates sobre el chavismo han sido más intensos en el campo de las ciencias sociales latinoamericanas, donde esa polarización se ha hecho sentir en los últimos años".

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