Fondos Mutuos
David Gallagher recuerda sin aspavientos una fiesta de Año Nuevo en Londres, el último día de 1967, en la que compartió con sus amigos escritores Mario Vargas Llosa (Perú), Guillermo Cabrera Infante (Cuba), José Emilio Pacheco (Perú), Octavio Paz y Carlos Fuentes (ambos de México). "Estábamos en la casa de Carlos Fuentes. Todos muy geniales, muy divertidos, cariñosos. Cuando personas de distintos países se encuentran en Londres, se borran un poco las diferencias entre naciones. Cabrera Infante era un gran amigo y el más cómico de todos. Recuerdo que algunos escritores en esos tiempos no querían ser vistos con él (por su disidencia frente al régimen cubano). La excepción a eso eran Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Octavio Paz y otros que siempre fueron solidarios con Guillermo. En esa época, Mario ya empezaba a cuestionar la revolución cubana", dice Gallagher, ahora convertido en el nuevo embajador de Chile en el Reino Unido, cuando se le pregunta por sus experiencias literarias y políticas en las tierras a las que ahora volverá. De las letras a las finanzas Hace pocos días, el ahora embajador estuvo en Madrid junto a su señora, Sarita Crespo, en el matrimonio de su hijo Bernardo. Y durante el evento, uno de los presentes era Mario Vargas Llosa. En ese momento, el Premio Nobel rememoró las historias de su amigo David, relatando a los presentes que pasó con talento del mundo de las letras al de las finanzas. "A Mario le encanta exagerar. Y a todos les cuenta esa historia. Siempre dice que 'nadie entendió lo que hice y que todavía nadie lo entiende', afirma Gallagher sonriente, sentado en un sofá de su departamento en Américo Vespucio Norte. "Convertirme en embajador es para mí un gran acto de confianza del Presidente Piñera. Estoy muy honrado. Creo que conozco mucho Reino Unido. Viví 20 años allí, entre los 13 y los 33. Estuve en la Universidad de Oxford como estudiante y luego como profesor. Más tarde fui banquero. Un vuelco que es difícil de entender en Chile, pero que es bastante común en Inglaterra. Que una persona que viene de un mundo humanístico termine en el mundo de las finanzas". Renuncia a la nacionalidad Este empresario, académico y experto en literatura fue una especie de prodigio que luego de llegar en su adolescencia a Inglaterra a un colegio de monjes benedictinos, tempranamente arribó a la Universidad de Oxford. La razón de su llegada a Londres fue el nombramiento de su padre, Joseph Gallagher, como presidente de la empresa Duncan Fox. "A mí padre, pese a que era muy británico, le costó dejar Chile. Tenía pasión por este país", dice. David Gallagher, de hecho, nació en Valparaíso en 1944 y tenía doble nacionalidad. Claro que renunció a la británica para asumir como embajador. En Oxford se destacó rápidamente y comenzó a trabajar y a escribir, siendo un veinteañero, en la prestigiosa TLS (The Times Literary Supplement), revista literaria ligada al diario The Times. Hasta el día de hoy escribe ensayos y artículos para la publicación. Estando ahí se le encomendó preparar un número sobre literatura latinoamericana y así trabó amistad con los escritores que se volverían afamados como parte del "boom latinoamericano". "El 68 escribí un ensayo -dice sobre ese período- sobre el tema cubano en el New York Review of Books. Y después de eso, uno de mis ex profesores de Oxford me pidió que postulara a una cátedra nueva que se estaba creando en la universidad sobre literatura latinoamericana. Así volví como profesor y como fellow del St. Antony´s College". Más tarde se convirtió al mundo de las finanzas siendo director del Banco de Inversiones Morgan GrenFell Internacional. Y una década más tarde, en 1984, fundó ASSET-Chile, empresa dedicada a las asesorías financieras a empresas chilenas y extranjeras. Hombre de centro Dice que en sus años universitarios se sentía más de izquierda, en la época previa a la efervescencia del Mayo del 68 en París, pero tuvo la oportunidad de pasar un semestre en Moscú, y comenzaron sus cuestionamientos al régimen comunista. "Para mí un hito fue una clase en la que se hablaba de dos grandes poetas: Sergei Esenin y Vladimir Maiakovski. Los dos se suicidaron. Y el profesor decía que esos suicidios eran 'una mentira burguesa'. Era fuerte escuchar eso". Hoy, David Gallagher asegura que no es un "derechista clásico" y se declara más bien "de centro". En su repisa hay una foto junto al ex Presidente Ricardo Lagos -a quien dice haber apoyado públicamente como figura de una "socialdemocracia racional"- y otra junto a la ex primera ministra británica Margaret Thatcher (ver foto). De hecho, fue uno de los principales impulsores de su visita a Chile en 1994, siendo consejero del Centro de Estudios Públicos (CEP), y terminaron convirtiéndose en amigos. Incluso asistió a algunos de los cumpleaños de la llamada "dama de hierro" en su departamento de Chester Square, en Londres. "Ella adoraba la ópera y tenía un gran sentido del humor", comenta. -¿Cuál es su visión del actual gobierno de Sebastián Piñera? Mientras algunos lo acusan de derechizarse, usted habla de que es un gobierno de centro. -Creo que se han ido cumpliendo mis expectativas. Chile necesitaba a gritos un gobierno ordenado y racional. Eso se ha ido cumpliendo. Hay un cambio de expectativas importante en los inversionistas y en la gente en la calle con la llegada de este gobierno. -¿Cuál diría que es el relato del gobierno de Piñera? En su primer paso por La Moneda se le criticó que no había uno claro. -Creo que la gente le pide al gobierno eficiencia. Todo esto de que la buena gestión no es relato, es mentira, sí es relato. Manejar las cosas bien es un deber moral. Y en esa moralidad hay un tremendo relato. En solucionar problemas sociales con eficiencia, usando la cabeza. En eso también hay un relato. Yo nunca he echado de menos estos relatos globalizantes que alguna gente pide. -¿Le parece una simplificación? -Me produce rechazo eso. No sé por qué alguna gente tiene esa necesidad. Hay una serie de intelectuales que demandan más relato, más comunitarismo, y al demandarlo hacen una caricatura de una sociedad que no existe, como si se tratara de una sociedad de individuos ferozmente egoístas que no piensan en nada más que en el dinero. No es así. Yo creo mucho en el comunitarismo, pero tiene que venir de la sociedad civil, de abajo hacia arriba. Un comunitarismo impuesto por el Estado es una pesadilla. Hay que fomentar el comunitarismo para que la propia gente genere asociatividad. -Usted ha destacado que el gobierno de Ricardo Lagos fue el último donde se aplicó, desde la centroizquierda, una socialdemocracia racional. ¿Qué sucedió con Michelle Bachelet? -Eso con el primer gobierno de Bachelet se perdió un poco, pese a que había figuras como Andrés Velasco en Hacienda. Pero en el segundo gobierno de Bachelet se perdió del todo: la socialdemocracia, como concepto, fue abandonada. Y me sorprendió que muchos políticos que yo creía que apoyaban esta socialdemocracia se declararan arrepentidos y se volcaran a la izquierda. Me cuesta creer que antes estuvieran actuando y que lo hacían solamente porque había cerrojos institucionales. ''Creo que la gente le pide al gobierno eficiencia. Todo esto de que la buena gestión no es relato es mentira, sí es relato. Manejar las cosas bien es un deber moral". ''En el segundo gobierno de Bachelet se perdió del todo: La socialdemocracia, como concepto, fue abandonada. Y me sorprendió que muchos políticos que yo creía que apoyaban esta socialdemocracia se declararan arrepentidos y se volcaran a la izquierda" ''En Gran Bretaña Chile es visto como un país de mucha experiencia en tratados de libre comercio, como un país sólido y serio".