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A 50 años de la mítica exposición Llegada desde el MoMA:

"De Cézanne a Miró": un momento mágico del arte en Chile

domingo, 24 de junio de 2018

CECILIA VALDÉS URRUTIA
Artes y Letras
El Mercurio

En la muestra de pintura internacional más relevante de la historia de Chile, se transformó la exposición "De Cézanne a Miró" de 1968. Un público amplio asistió a ella, batiendo récords de espectadores. Fue una experiencia que marcó a los que la visitaron. Hablamos con el director del MAC de entonces, Federico Assler; su actual director, Francisco Brugnoli; y con dos niños de entonces: Francisca Sutil y Benjamín Lira.



En el antiguo edificio neoclásico Partenón, ubicado junto al parque de la Quinta Normal, entonces sede del Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de Chile, se abría al público un jueves 21 de junio, a las 13:30 horas, la exposición de pintura más importante llegada a Chile, hasta hoy, "De Cézanne a Miró". La notable muestra estaba integrada por 55 obras cuidadosamente escogidas de los principales artistas de fines del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, que provenía, en su mayoría, del Museo de Arte Moderno de Nueva York. La exhibición concitó un inédito revuelo cultural y social en nuestro país.

Se organizaron numerosas caravanas de estudiantes desde el sur y del norte para asistir, visitas de sindicatos, de centros de madres, de escuelas públicas y familias que acudieron a la exposición. Era un público muy amplio que sabía o tal vez intuía que sería una experiencia única. El museo debió abrir sus puertas desde la ocho de la mañana hasta las 12 de la noche, y ampliar los días de exhibición hasta mediados de julio de ese año, alcanzando los 220 mil espectadores, una cifra notable para los años 60, tiempos de la Guerra Fría y de las revoluciones estudiantiles.

El Consejo Internacional del MoMA, con la participación y organización de Malú del Río de Edwards y el auspicio del diario "El Mercurio" -junto a la exhaustiva curatoría del experto Monroe Wheeler-, hicieron posible la llegada de esa muestra, que involucró a toda la sociedad. Los medios de comunicación dejaron constancia del fenómeno social surgido y de la maestría de las piezas de arte. Se publicaron escritos sobre su calidad, algunos en París, incluso, como el del especialista Pierre Volboudt.

Entre las pinturas maestras figuraban el famoso "Muchacho con chaleco rojo", de Cézanne; "Interior holandés", de Miró; "Corrida de toros", de Picasso; "El falso espejo", de Magritte; "La ciudad", de Fernand Léger; "La rosa negra", de Braque; "Sobre Vitebsk", de Chagall. Hubo cuadros clave de Balthus, Max Beckmann, Pierre Bonnard, Giorgio de Chirico, André Derain, James Ensor, Henri Matisse, Paul Gauguin, Oskar Kokoschka y Kazimir Malévich, entre varios más.

Para la mayoría del público -incluyendo artistas- era la primera vez que se encontraban frente a piezas maestras originales. Sus frutos siguen hasta hoy. Se han desarrollado, incluso, interesantes tesis de posgrado, como una de 2017 de la Universidad de Chile, que analiza la exposición como un "caso único en la recepción del arte moderno en el contexto histórico chileno".

Brugnoli frente a Monet

El director actual del Museo de Arte Contemporáneo, Francisco Brugnoli, fue uno de los privilegiados en recorrerla. Había sido nombrado, a mediados de los años 60, profesor asistente de la Universidad de Chile, y ya estaba haciendo arte. "Jamás me imaginé una exposición que pudiera concitar ese entusiasmo de públicos tan distintos. Nemesio Antúnez fue muy importante en ello y, sobre todo, la señora Malú del Río de Edwards", recuerda.

"Fue impactante enfrentarse, por primera vez, a piezas maestras originales en forma tan próxima. Poder distinguir las pinceladas, las texturas... Fui un día en que no estaba abierto a todo el público y pude recorrerla con calma. Tenía una fascinación enorme por la pintura 'El joven del chaleco rojo', de Cézanne: me fue difícil sostenerme frente a ello, a su tratamiento del espacio. Fue inquietante ver a ese joven que se inclina hacia el lado izquierdo rompiendo en algo la distribución de los pesos".

Pero la presencia ante Monet fue lo que podría llamarse una experiencia de locura, confiesa Brugnoli. Monet rehace la luz y eso solo se aprecia en terreno. "Trabaja un sistema de ir haciendo el color que es imposible reproducirlo bien en una imagen. Lo vi allí, yo nunca había viajado. Me interesó también mucho Léger, porque tenía que ver con mi obra en esa idea de trabajar con la realidad concreta, con un tratamiento económico para enfrentar una realidad dura".

"Todos los originales que llegaron eran de primer nivel -destaca-. Fue para los artistas un goce y nos permitió también mirar las obras nacionales de otra manera; porque aquí han habido creadores muy importantes. Y al ver esas pinturas pudimos observar el contraste, nos ayudó a reconocernos en aquello que no se ajustaba exactamente. Teníamos, entonces, a maestras como Enriqueta Petit, que vio esa exhibición... y observó su relación con Picasso, Cézanne. En tanto, José Balmes había dado un vuelco muy relevante en su arte. Habían regresado de Estados Unidos, Carlos Ortúzar, Iván Vial, Guillermo Núñez, Eduardo Bonatti, traían una mirada de otra metrópoli. Y estábamos explorando con mi señora, Virginia (Errázuriz), un trabajo fuerte. El grabado en Chile era muy importante gracias a Nemesio Antúnez. Ese era el marco del arte local cuando llega esta exposición. Santiago era más pequeño, había menos medios. Ese hecho me da tristeza: el contraste con la situación actual, con muchos más recursos económicos, pero que algo de esa magnitud cultural ya no se da", reflexiona Francisco Brugnoli.

"Frei se conmovió ante Modigliani"

El artista y Premio Nacional de Arte 2009, Federico Assler, era director del MAC en 1968, cuando se inauguró la magnífica muestra. Llegó al museo, en 1964, el año en que Nemesio partía a Nueva York y le pidió su ayuda. Asumió en 1967 la dirección de ese museo. Assler recuerda que "eran momentos muy conflictivos en la universidad y me pidieron luego la renuncia, pero les dije: me voy cuando la exposición 'De Cézanne a Miró' haya finalizado. Su llegada había sido posible gracias a la Sociedad de Amigos del Museo, donde estaba Malú del Río de Edwards. Estuve a cargo de la inauguración y me tocó recibir al Presidente Eduardo Frei Montalva. Lo acompañé durante el recorrido y recuerdo su actitud frente a un desnudo de Modigliani. Se detuvo más tiempo, le impactó estar tan cerca de un Modigliani, que era una auténtica experiencia estética".

Assler destaca la acuciosidad en la organización de esa muestra. Vinieron, con mucha antelación, directores de varios museos y coleccionistas de Estados Unidos y del MoMA para revisar las condiciones del espacio. "Hubo que hacer cambios: implementar una climatización especial, por ejemplo. Llegó un experto del MoMA con la muestra, quien no se movió de aquí. Él me decía: 'Si allá saben la cantidad de gente que ha venido, me despiden'. Circulaba público de la mañana a la noche, se armaban grupos y se les daba un tiempo para la visita. Había un circuito especial para los cinco salones y tuvimos que preparar guías especiales. Nunca ha habido otra exposición de esta magnitud y calidad en Chile. Me he encontrado con espectadores de ella, 30, 40 años después, y me dicen que fue una experiencia que les abrió una visión", concluye Federico Assler.

En tanto, el crítico Antonio Romera y varios otros, escribían de esas obras, mientras Waldemar Sommer era aún solo un ávido espectador que terminaba de estudiar en la escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile: "Es la exposición pictórica más trascendente de la historia del arte en Chile", afirma hoy el crítico.

Niños artistas en el MAC

La pintora Francisca Sutil fue a verla cuando tenía cerca de 13 años. Le impactó. "Me impresionaron mucho -junto a la muestra total- dos cuadros: uno de Malévich, un rectángulo rojo cruzado por uno negro y sobre una base de pintura blanca. Se llamaba algo así como 'Muerte en la nieve'. Y recuerdo especialmente una pintura de Matisse: una ventana en la que había un florero y en el exterior de ella dominaba una abstracción de grandes flores".

La artista fue con su curso del colegio, después volvió con sus hermanos y padres. Desde los 11 años iba a todas las exposiciones que anunciaba el diario, "pensando encontrar algo". Se percató que esta sí era una muestra excepcional. Presionó para volver. "Y también vi en una de las salas de esa exposición, por primera vez, a Benjamín Lira (su futuro marido)... Ahí empezó todo".

En tanto, el artista Benjamín Lira reconoce que fue la primera vez que veía arte moderno. "Había estado en Europa, pero no había contemplado arte contemporáneo. Era impactante la potencia de estar junto a esas grandes obras modernas reunidas en el museo. Me asombré especialmente con un Matisse. Era de gran formato y estaba pintado en forma muy suelta y fresca. Miró también me gustó muchísimo por lo concentrado del color, lo simple y directo del motivo". Lira fue tres veces. Con el colegio, solo y después con sus padres. Pintaba entonces, pero no tenía claro su futuro. Lo que sí tenía clarísimo era la importancia de lo "que estaba viendo en esos momentos y la trascendencia para los que fuimos allí", en esos intensos y convulsionados años sesenta.

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