Fondos Mutuos
En febrero de 1848, los estudiantes y trabajadores se tomaron las calles de París y marcharon hacia la Asamblea Nacional para exigir el voto universal y la renuncia del gobierno liderado por François Guizot. Fue el inicio de lo que hoy conocemos como la Revolución Francesa de 1848, un levantamiento entre liberal y socialista, que se expandió por Europa y puso fin a la restauración absolutista en el Viejo Continente, y en Francia obligó a la abdicación del rey Luis Felipe I y dio inicio a la Segunda República. Entre los jóvenes liberales parisinos de 1848 se encontraban los chilenos Santiago Arcos (1822-1874) y Francisco Bilbao (1823-1865), este último, incluso, participó de los enfrentamientos callejeros. Ese mismo año, Arcos y Bilbao, que todavía no se conocían, volvieron a Chile -al Chile portaliano y conservador-, imbuidos del espíritu antiautoritario y de las prácticas de 1848. Un Chile portaliano y conservador, decíamos, pero también uno en el que se conocía a autores liberales y socialistas como Lamennais, Cousin, Quinet, Owen, Fourier y Saint Simon; en el que se había fundado, en 1842, la Sociedad Literaria que reunió a los nombres más selectos de la juventud liberal de la oligarquía santiaguina: el propio Bilbao, además de José Victorino Lastarria, Eusebio Lillo y Aníbal Pinto, entre otros. Esa juventud de la que también fue parte Benjamín Vicuña Mackenna, y que él mismo retrató en su libro de 1876, "Los girondinos chilenos". De ese país habla el historiador Cristián Gazmuri en "El «48» chileno. Igualitarios, radicales, reformistas, masones y bomberos", libro publicado hace 20 años por la editorial Universitaria y recuperado ahora, para una tercera edición, por RIL. "Es un libro que estudia estructuras, no es la historia narrativa típica de los grandes historiadores chilenos", dice. "Claro, en cada capítulo de mi libro se narra, pero lo que me interesó destacar eran las estructuras y las novedades que llegan a Chile a mediados del siglo XIX". Aunque Gazmuri reconoce que Arcos y Bilbao no fueron los únicos nombres que catalizaron en Chile el espíritu revolucionario y antiautoritario de 1848, sí los sitúa como las figuras más representativas del período. Son ellos, y principalmente Arcos, los responsables de la creación en marzo de 1850 de la Sociedad de la Igualdad, la organización política inmortalizada por Blest Gana en su novela "Martín Rivas", y cuya fórmula de admisión era: "¿Reconocéis la soberanía de la razón como autoridad de autoridades; la soberanía del pueblo como base de toda política y el amor y la fraternidad como vida moral?". Artesanos y oligarcas En su novela, Blest Gana muestra la dimensión popular de los igualitarios, cuestión que el libro de Gazmuri ratifica: ya en la primera reunión del organismo, en la que participaron seis personas, además de Arcos y Bilbao, estuvieron presentes dos hombres de la incipiente clase media chilena, Eusebio Lillo y José Zapiola, y dos artesanos, los sastres Ambrosio Larrecheda y Cecilio Cerda. Y en el momento de mayor esplendor de la agrupación, llegaron a militar en ella 2 mil artesanos, de un total de 3.400 miembros. "Lo más granado de la oligarquía liberal se mezclaba así con el mundo artesanal", anota Gazmuri. Si bien desde el primer número de su diario, El Amigo del Pueblo, los igualitarios declararon su enemistad al gobierno y a los conservadores pelucones, y se vincularon a la oposición a estos, "la Sociedad de la Igualdad nacía con características nuevas, que las diferenciaban de las organizaciones previas en que se agrupaba esta (la oposición oligárquica), así como también, a nuestro juicio, de los grupos obreros «instrumentales» de los años anteriores (...). Esto fue así no solo porque se incorporó elementos artesanales en número elevado y desde sus inicios, sino, especialmente, por sus características novedosas en cuanto «forma de sociabilidad política»", se lee en el libro. "Era una sociedad republicana estructurada por secciones de 24 individuos cada una, formando una red territorial. Cada sección estaba numerada y correspondía a un barrio de Santiago; después nacerían en otras ciudades. Tenía además fórmula de iniciación y un estatuto (...), así como reglamento de sesiones común para todos los núcleos". O sea, muy parecido a los clubes republicanos y revolucionarios franceses que Arcos y Bilbao conocieron en persona. El ideario de los igualitarios mezclaba elementos republicanos, liberales, católico-sociales y hasta socialistas utópicos. Sin embargo, no todo eran ideas, otra novedad que trajo el movimiento fue la realización de cursos para los artesanos, sobre materias como lectura, escritura, aritmética, gramática, geografía, idiomas, historia, dibujo y economía política; también se enseñaron oficios. Escribe Gazmuri: "En verdad, la Sociedad de la Igualdad puede considerarse, al menos en esta, su primera época, como el primer partido político moderno que existió en Chile. Esta calidad se perpetúa después (...) en el Partido Radical, el Club de la Reforma y, finalmente, en mayor o menor grado, en todas las organizaciones políticas del Chile de fines del siglo XIX". Instrumentalización Gazmuri habla "de primera época", pues hay una segunda etapa en la que la Sociedad de la Igualdad se vuelve un instrumento en la disputa oligárquica entre pipiolos y pelucones. En un principio, los artesanos se opusieron a tomar partido por los primeros en su lucha por impedir la elección de Manuel Montt, y el propio Santiago Arcos llegó a decir que no se podía distinguir entre unos y otros, pues pertenecían a la misma clase de los ricos, y se retiró de la Sociedad. Pero lo cierto es que los igualitarios se involucraron y realizaron un motín en San Felipe que le dio la excusa al gobierno para declarar el estado de sitio y disolver la agrupación, en noviembre de 1850. Todavía en abril de 1851 algunos igualitarios, entre ellos, Bilbao y algunos artesanos, fueron parte de la fallida insurrección armada que intentó impedir la elección de Manuel Montt como Presidente de la República. Vista desde esa perspectiva, el "48 chileno" fracasó en la política contingente, pero a nivel ideológico y social dejó un legado que se expresó no solo en lo estrictamente político, sino en un tipo de asociatividad que daría lugar a organizaciones como la masonería y los bomberos, instituciones nacidas, como la Sociedad de la Igualdad, en 1850. -¿Chile se liberaliza luego del "48"? "Se va liberalizando, ya José Joaquín Pérez era un presidente mucho más liberal que Manuel Montt. Lo mismo con Federico Errázuriz, que se decía liberal, y después Aníbal Pinto". -¿En qué se traduce ese liberalismo? "En particular, en las elecciones, que dejan de ser algo absolutamente controlado por el gobierno. Empieza a haber una pluralidad de opciones, comienza una pelea fuerte entre el gobierno y la Iglesia Católica, sobre todo en la época de Federico Santa María, que era liberal y laico, y muy anticatólico. El Chile liberal comienza hacia esa época y no termina de consolidarse hasta finales del siglo XIX". -Uno de los aspectos llamativos es el involucramiento en política de sectores populares. ¿A qué se debe? "Llegan muchos artesanos europeos arrancando de las represiones posteriores a las revoluciones del 48. Y eso tiene cierta influencia en el mundo artesanal chileno, pues les transmiten algunas de sus ideas, que eran más revolucionarias que las de Bilbao y Arcos. El mundo artesanal chileno había vivido aplastado, pues Chile era propiedad privada de la oligarquía, con un gobierno autoritario que los defendía; ese mundo no aparecía y cuando lo hacía, pues algunos votaban, eran manejados por caciques de la clase alta, sobre todo en los campos. Pero a mediados del siglo XIX ya tienen conciencia de que son algo distinto, es la primera aparición del mundo popular en la escena política chilena". -Sin embargo, tras 1851, según se ve en el libro, ese mundo popular casi desaparece de la vida política. ¿Por qué? "Porque viene el estado de sitio de noviembre del 50, y los artesanos le tenían mucho miedo, pues solía ser bastante duro. Mientras a los jóvenes liberales los exilian a Perú y a otros países, a ellos los mandan a la cárcel pública". -Y fuera de eso, ¿por qué el ideario del 48 persistió en sectores mesocráticos, burgueses y hasta oligarcas, pero no en los sectores populares? "Porque lo que quedaron fueron las ideas liberales y laicas. Pero las de redención social o de esbozo de revolución, se pierden. Y eso se debe a que el 48 europeo también deja una leyenda negra en Europa, que impacta en la oligarquía y la Iglesia Católica chilenas". -¿Influyó también que la Sociedad de la Igualdad tomara partido en las luchas de la oligarquía? "Sí, porque los artesanos no se sentían identificados con los oligarcas liberales". Otro Chile El libro de Gazmuri nos recuerda que en el siglo XIX el liberalismo fue igualitario y revolucionario: "En 1850, los discursos pronunciados por los artesanos que fueron dirigentes de la Sociedad de la Igualdad tendían a destacar, en lo político, los valores republicanos, la igualdad, las libertades individuales y, en general, el ideario político-social republicano, liberal e igualitario, con origen en la Revolución Francesa", escribe el autor. -¿Hay algo que podamos mirar del 48 chileno para pensar la situación político-social del Chile contemporáneo? "Lo importante es que Chile pasó a preocuparse del problema social, y eso siguió en el siglo XX con los partidos de izquierda socialista y con la Democracia Cristiana. El 48 chileno fue el punto de partida de un Chile que ya no era el de los patrones y de los oligarcas dueños del país. Es un Chile que tiene una clase media que empieza a crecer, que se torna cada vez más laico. Ese Chile nace ahí, a mediados del siglo XIX".