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Educación parvularia, la verdadera educación superior

jueves, 21 de junio de 2018

Gerardo Varela A., María José Castro R.
Opinión
El Mercurio




En estos primeros 100 días de gestión del Presidente Sebastián Piñera se ha instalado con fuerza la promesa del Gobierno por relevar la educación inicial como la etapa en la cual podemos y debemos hacer la diferencia. En su Cuenta Pública, el Mandatario reafirmó su compromiso con la primera infancia, señalando que "es la política más ética y poderosa para cuidar y educar a nuestros niños desde la más temprana edad, donde realmente podemos corregir carencias sociales de origen, nivelar la cancha y hacer un verdadero aporte a una sociedad más justa".

Precisamente, la primera infancia es un período corto y dinámico, los primeros mil días son una ventana estrecha de tiempo determinante para el presente y futuro de nuestros niños, por lo que invertir en forma adecuada en esta etapa es la única posibilidad que tiene un país de avanzar hacia el desarrollo.

Mejorar la calidad de la educación en todos sus niveles es una prioridad del Gobierno. Para el nivel parvulario, está en nuestra hoja de ruta diseñar y poner en marcha el sistema de aseguramiento de la calidad para el nivel, promover y escalar ideas innovadoras en materia pedagógica, y aumentar los incentivos para que educadores de excelencia elijan esta profesión. Pensar en calidad para este nivel exige, antes que todo, preguntarse qué es lo que debe ocurrir en una sala cuna y en un jardín infantil de calidad.

Lo más importante es que se aprenda a pensar, y este es el gran reto de un buen educador. Se debe reconocer y definir un buen pensamiento, un pensamiento científico basado en evidencias; un pensamiento científico que desde temprana edad permita el desarrollo de la voluntad bien educada y un manejo adecuado de las emociones. Esto se logra a través de interacciones de calidad mediante el juego y el aprender haciendo -consideradas como bases pedagógicas de este nivel educativo-, lo que permitirá desarrollar uno de los factores protectores más importantes de la infancia, que es el goce por aprender.

Es fundamental que esto ocurra, porque los primeros años de vida de un ser humano son la etapa más plástica, receptiva y moldeable de su desarrollo afectivo, motor, social y cognitivo. Durante este período en el cerebro se fragua quiénes podemos llegar a ser. Aquí residen las emociones, las creencias e impulsos, además de las funciones cognitivas, como la comprensión, la memoria y la atención. Como consecuencia de esto tendremos niños que transitan con la autonomía necesaria desde esa educación parvularia al mundo escolar con un sólido nivel de desarrollo integral, desplegando así sus potencialidades.

Sabemos que los actores principales que hacen posible esto son los educadores y técnicos en párvulos. Los profesionales de este nivel deben responder a estándares exigentes de formación y de desempeño para llevar a cabo su labor, y es necesario que comprendan la inmensa responsabilidad que tienen, porque de ellos depende una parte fundamental de la vida de estos niños. Sus experiencias de aprendizajes serán la base para todo su desarrollo posterior, otorgándoles mayores oportunidades y posibilidades de aprender, acortando definitivamente la brecha socioeconómica.

Por esto inauguramos una mesa de trabajo con jefes de carrera e investigadores con el propósito de generar consenso para re-profesionalizar la carrera de educador de párvulos. Buscamos darle vitalidad y renovación, lo que implicará una reflexión profunda de lo que requiere un profesional de este nivel para responder a las competencias y habilidades que exige el siglo XXI. Para ello necesitamos un esfuerzo conjunto de las universidades y centros de formación técnica, de quienes enseñan y quienes estudian educación de párvulos, y también de las instituciones del Estado, con el fin de facilitar una mejor comprensión de la importancia de esta etapa de la vida educacional, así como sus posibilidades de impacto futuro.

Tenemos la responsabilidad y oportunidad de instalar a la educación parvularia en el lugar que se merece, como una carrera de primer nivel. Para conseguir eso, impulsaremos mejoras de condiciones e incentivos para que estudiantes con vocación y de excelencia opten por la educación parvularia. Son los educadores de párvulos quienes pueden llevar a nuestro país hacia el verdadero desarrollo. Nuestro desafío es lograr que la educación parvularia sea una profesión de gran importancia social y valorada por quienes aspiren a estudiarla.

Chile vive una época de cambios que pueden ser decisivos para que en diez o veinte años más seamos un país desarrollado. Para llegar a ello, la educación tiene un lugar prioritario en la agenda social y, dentro de ella, los niños deben estar primeros en la fila.

Gerardo Varela A.
Ministro de Educación

María José Castro R.
Subsecretaria de Educación Parvularia

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