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Cecilia Vicuña:

"Mi obra está comenzando a encontrar quien quiera dialogar con ella"

domingo, 10 de junio de 2018

Vanessa Leal Soto
Cultura
El Mercurio

Por estos días, la artista chilena expone en cuatro muestras distintas en Estados Unidos, incluida una comisionada por el Museo de Brooklyn y una antológica en la Galería Lehmann Maupin de Manhattan. Además, en julio inaugurará una retrospectiva en Berkeley, California.



¿Qué hace a una mujer radical? Para Cecilia Vicuña, recordar su núcleo de humanidad; su conectividad con el cosmos y el otro en igual medida.

Es algo que la artista chilena viene practicando desde hace 50 años a través de un corpus en el que se entretejen soportes como la poesía, la performance y la instalación con indagaciones en torno a la naturaleza, los pueblos originarios y el feminismo. Y que ahora más que nunca, tras su notable participación en la documenta 14, una de las exposiciones de arte contemporáneo más importantes del mundo, tiene resonancia en el circuito artístico de Estados Unidos, en donde era más conocida como poeta.

"Mi obra finalmente está floreciendo y comenzando a encontrar quien quiera dialogar con ella", dice Vicuña al teléfono desde Nueva York, donde reside desde hace casi 40 años. "Esa es una emoción que te puede matar, porque es desconocida".

Pero Vicuña (1948) no está sola. Del extensísimo evento "Pacific Standard Time: LA/LA", que California dedicó al arte latinoamericano hace poco, surgió "Radical Women: Latin American Art, 1960-1985", un relato visual que reivindica la obra de más de 100 artistas experimentales marginadas por la academia y que, gracias a una itinerancia, hoy puede verse en el Museo de Brooklyn. Allí, Vicuña exhibe los registros fotográficos de tres performances , entre ellas "Cabeza amarrada" (1970), en la que ata con redes su cabeza y la de su novio de entonces, Claudio Bertoni, transfigurando así el concepto de "mujer sumisa".

El museo además seleccionó a Vicuña de entre las expositoras para comisionarle una obra, que hoy está en su great hall . Titulada "Disappeared Quipu", la instalación tiene unos 7 x 5 m y está hecha de lana de vellón de la que emanan cantos de Vicuña, en los que asoman elementos del quechua, guaraní y español. "Es una recreación de lo que pudo ser el sentimiento de las lenguas borradas. En realidad, son mis poemas, que los estoy llorando, si se quiere, porque son cantos viscerales, de lamento, de emociones crudas", explica.

Sobre el quipu -instrumento andino usado para llevar la contabilidad-, también se proyectan animaciones de 12 textiles precolombinos que ella seleccionó de la colección del museo y que, justamente, se exhiben en una sala contigua. Estas son "obras maestras, únicas en el mundo y de una gran tradición que fue destruida por la colonización de América", apunta Vicuña. "Yo lo relaciono con los cuerpos desaparecidos por las dictaduras militares de Sudamérica".

Desde lo oculto

En paralelo, en la Galería Lehmann Maupin de Chelsea, Vicuña expone "La india contaminada", que abarca la obra visual de Vicuña desde 1969 hasta el año pasado: incluye un quipu monumental, una video-instalación referida a la muerte del mar, los objetos precarios o "basuritas" y ocho óleos.

"Estas pinturas fueron despreciadas durante cuatro décadas. Pero el borrón es un acto de violencia contra la creación de las mujeres en general. Es muy importante vincular esto al nuevo movimiento feminista chileno, con el que siento una cercanía absoluta", señala.

Adicionalmente, participa en una colectiva sobre las migraciones en la Universidad de Princeton, en Nueva Jersey, y acaba de cerrar una individual con su serie "PALABRARmas" -anagramas a través de los que las palabras muestran nuevos significados-, en la Universidad de Chicago. Ya en julio, en la Universidad de Berkeley, en California, inaugurará una retrospectiva que comenzó a circular el año pasado en el Contemporary Arts Center de Nueva Orleans.

"Todas estas muestras tienen el sentido de emerger. Es como algo que está oculto y que, de pronto, brota. Yo sentía que trabajaba para la tierra, para el futuro, para un tiempo por venir. Entonces nunca me preocupé de que el mundo del arte tuviera cabida en mi obra", confiesa Vicuña. "En Chile, después del golpe militar, llega una suprema colonización del arte, en donde los lenguajes recrean los del primer mundo", explica Vicuña y agrega que su obra fue obviada por no asumir ese lenguaje. "Pero el mundo ha dado un vuelco en el arte y hay una pujanza de las mujeres jóvenes, que están descubriendo a las viejas. En la medida en que eso continúe, va a haber futuro para el arte y la cultura humana".

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