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ALEJANDRO VIAL, víctima del "esquema abusivo" de El Bosque y párroco en Puente Alto:

"El Papa ve que el tema de los abusos sexuales es brutal, pero que hay un iceberg debajo"

domingo, 10 de junio de 2018


Reportajes
El Mercurio




21 de abril de 2010, una fecha que tiene muy clara. Ese día se hizo pública la investigación por abusos sexuales y de conciencia contra el sacerdote y cabeza de la parroquia del Sagrado Corazón en avenida El Bosque, Fernando Karadima, su confesor y guía espiritual. El comienzo de un remezón grande. Un proceso que el sacerdote Alejandro Vial (50) ha vivido bastante solo. Solo decidió apartarse "del Bosque" y de la Unión Sacerdotal que integraban más de 40 sacerdotes formados por Karadima, solo intentó hacer ver "intraiglesia" prácticas y situaciones que se le fueron haciendo nítidas. Fue duro y liberador volver a relatar esa experiencia en Roma, a solas con el Papa, respondiendo a la invitación que Francisco le hizo junto a otros 6 sacerdotes y dos laicos víctimas de abusos. También le cuesta ahora, la primera vez que habla públicamente del camino que ha hecho estos 8 años.

Su acercamiento a El Bosque fue distinto. La vocación se le clarificó en la parroquia de Los Castaños, dirigida por Cristóbal Lira, sacerdote formado también por Karadima y con el que años después entró en confrontación. Con 24 años entró al seminario de Santiago, estudiando Ingeniería en la UC, y fue compañero de Sergio Cobo y de su amigo desde el Colegio Tabancura, Eugenio de la Fuente, también invitados por el Papa. Empezó a ir a El Bosque casi al final de su formación. Iba los lunes a misa -el día libre de los párrocos-, almorzaban después en grupos, y volvía cada quince días a confesarse. Al tiempo le pidió a Karadima que fuera su director espiritual.

"Me atrajo tener un grupo de apoyo, de confianza, que comparte una visión común. Cuando uno se pregunta por qué se produjo "un Karadima y un Bosque", lo primero, me cuesta entenderlo, pero lo segundo, sin duda, es porque uno busca apoyos, una imagen sacerdotal clara", dice el actual párroco de Nuestra Señora de las Mercedes, una iglesia grande en Puente Alto. 

Muchas formas, estilos, le eran familiares desde Los Castaños. "Por eso, en su invitación, el Papa habla "de víctimas de Karadima y sus seguidores, el "esquema Bosque" producía víctimas al interior y hacia el exterior de la Iglesia". De eso les habló en Roma y su insistencia en la "psicología de élite" no es ni social ni económica, es querer ser un grupo con poder sobre otros. "Es sentirnos especiales, perfectos, la única forma de ser sacerdotes, y todos los demás están equivocados. Eso va produciendo una fractura en la comunión de la Iglesia de Santiago, de Chile. Siendo víctimas de este esquema, sin estar conscientes y con esa soberbia, nosotros también produjimos daño a otros".

Y ahí está -recalca- el principal propósito de Bergoglio como pastor, restablecer la comunión en la Iglesia chilena. "El daño por los abusos es brutal y si no se repara el daño indirecto a la comunión, es muy difícil que la Iglesia se renueve".

-¿Qué conocimiento tuvo usted de los abusos sexuales de Karadima con algunos de sus amigos?

-No tuve noción de los abusos sexuales que después conocimos, pero sí hubo cosas que me incomodaban; bromas de doble sentido, formas de tratarse, raras en un ambiente de sacerdotes.

-Cuesta explicarse cómo algo tan extendido en tiempo y número de víctimas pudo pasar desapercibido.

-Era parte del sistema. Hay que entender que un abusador como Fernando Karadima no abusaba a todos por igual. Una vez me pidió algo con el cardenal y no lo hice, porque no era cierto. Quería que le dijera que desde niño participaba en El Bosque. No lo tomé muy en serio, pensaba que era otra exageración, el "factor K" que le decíamos a la amplificación propia de Karadima.

-¿Tampoco le tocó presenciar abusos a otras personas o participar de esos "juicios públicos" que Karadima hacía a quienes intentaban disentir?

-Nunca lo vi; después he oído de amigos míos los besos, el golpe en los genitales. Tampoco lo de los juicios a otros sacerdotes; algo que hoy miro y digo qué brutalidad. Es que Karadima rompía cualquier confianza, cualquier vínculo que pudiera haber entre sacerdotes para que todo pasara a través suyo. Si veía confianza, le metía la duda a uno respecto del otro; hacía que hablara mal, pero a mí no me pasó.

Sí le pasaron cosas raras, como una conversación privada que tuvo con el entonces rector del seminario y hoy obispo de Antofagasta, Ignacio Ducasse, que llegó a oídos del jefe de El Bosque. "Él no era para nada partidario de El Bosque y le pregunté por qué, qué tenía de malo. Me dijo que no era bueno que un sacerdote diocesano tuviera espiritualidades particulares. Lo increíble fue que, a la semana, Karadima me retó por haberle preguntado eso y hasta hoy no sé cómo supo; no había nadie más en esa conversación. Eso también daba miedo".

Todo eso hizo que en 2009 hablara con Karadima y le dijera que "tenía ganas de retirarme de la Unión Sacerdotal. Me sentía incómodo, pero me insistió en que por mi personalidad necesitaba este grupo para no flaquear".

"No contestó nada... me di cuenta de que todo era cierto"

En abril del 2010 todo explotó. "Lo primero fue pensar que no estaba consciente; no había visto lo que hablaban los diarios, pero otras cosas sí...". Y en mayo decidió hablar con el cardenal Francisco Javier Errázuriz, con el obispo Andrés Arteaga, cabeza de la Unión Sacerdotal, y comunicarles que "no participaba más, que no podía seguir yendo los lunes a una misa donde la mitad consideraba al que presidía como un criminal y la otra mitad, como un santo. Lo hice solo; simplemente dejé de ir. No lo comenté con nadie y me comí solo todo".

-¿Y no minó su vocación, le vinieron dudas, cuestionamiento al estilo sacerdotal?

-Gracias a Dios, no. Decidí solo pedir mi ordenación sacerdotal, incluso adelantarla para enero de 2001. Karadima se enfureció porque sus vacaciones eran de enero a marzo. No quiso que hiciéramos la primera misa en El Bosque porque no iba a estar. Entonces siempre sentí que mi vocación era mía, mi decisión, de nadie más.

Alejandro Vial tomó la opción de hacer todo lo posible para que la verdad aflorara dentro de la Iglesia, habló con gente. En septiembre, estresado por esto y por el esfuerzo que significó construir su parroquia de entonces, en Lo Prado, decidió dejarla un tiempo y partió donde su amigo Eugenio de la Fuente. Ahí se abrió y durante varios meses conversaron, recordaron, retomó el contacto con José Andrés Murillo, uno de los principales denunciantes de Karadima y a quien conocía desde Los Castaños. "Con José Andrés nunca pusimos distancia. No fue difícil conversar abiertamente". Esas conversaciones más un apoyo psicológico profesional lo ayudaron mucho.

Entonces sintió que el eslabón que faltaba era el propio Karadima. "Partí a Los Andes donde estaba. Como sabía que vivía con Eugenio, me empezó a hablar mal de él. Y en un momento que para mí fue muy importante, le pregunté: "¿Encuentra usted normal que entre sacerdotes se traten con nombres de mujer y hagan bromas de doble sentido? Se quedó callado; no contestó nada. Si no fue capaz de responderme una cosa tan chica... me di cuenta de que todo era cierto".

"Vi con estupor la designación de Barros"

-El caso Barros hizo revivir a "El Bosque", ¿cómo ha vivido este proceso de nuevo?

-Como una gran maravilla. Uno ha estado tratando de quebrar el cascarón desde adentro, de que las cosas sean más claras, más transparentes. La Iglesia ha hecho un camino insuficiente y muchas veces torpemente caminado. Le cuesta reconocer errores directamente; lo hace en forma indirecta. Pedimos perdón "por si alguien se sintió ofendido", "por algo que pude haber hecho...". El Papa nos enseña claramente cómo se pide perdón. Se hace directamente, sin eufemismos.

-Las víctimas hablan de encubrimiento, de que la Iglesia quiso tapar esta vergüenza que la haría perder poder y fieles.

-Veo algo más profundo. Más que proteger a personas, se ha querido proteger la imagen de la Iglesia como si fuera un fin en sí misma y no lo es; es el instrumento para continuar la labor de Jesucristo. Se quiere "evitar el escándalo" de que se sepa, pero el escándalo es lo que pasó.

-¿Qué pensó cuando se designó a Juan Barros en el Obispado de Osorno?

-Habré oído muchas cosas, pero no tengo certeza personal de Juan Barros como encubridor. Vi con estupor la designación de Barros. Un obispo tan directamente vinculado a Karadima iba a traer consecuencias importantes. Pero veo bien clara la acción del Espíritu Santo; la imprudencia de Barros de ir a todos los actos del Papa hizo que todo saliera a la luz. Si hubiera sido prudente y el Papa no hubiera reaccionado, seguiríamos igual.

-¿Cómo fue su encuentro en Roma, qué le dijo el Papa?

-Es muy impresionante la sencillez del Papa, cuando almuerza en el comedor como todos, cuando nos invitó a celebrar la misa. Después pude conversar solo con él y fue muy bonito cuando nos quiso hablar a todos juntos, sentados alrededor suyo.

Me impresiona la tremenda preocupación del Papa por la Iglesia en Chile; más de una vez nos dijo: "Chile es prioridad". Se ha dado cuenta de que además de El Bosque, de Karadima, muchas otras personas han participado de estos esquemas abusivos. Ve que el tema de los abusos sexuales es brutal, pero que hay un iceberg debajo.

-¿Qué les dijo de cómo piensa con las víctimas y con la Iglesia chilena?, ¿por dónde va a partir?

-El Papa es un convencido de que la sanación es a partir de una buena comunión. Eso no depende solo de los obispos ni se puede hacer sin los obispos; la Iglesia entera tiene que ponerse en esa tarea, y puede haber personas que entraban y otras que facilitan.

-¿Qué responsabilidad les asigna usted a los obispos?

-Todos como Iglesia tenemos algún grado de responsabilidad, aunque, obviamente, mientras más autoridad, más responsabilidad.

-Víctimas e Iglesia están enfrentadas hoy en tribunales, ¿qué piensa de eso?

-Siento que José Andrés, Jimmy y Juan Carlos han sentido una acogida distinta luego de su encuentro con el Papa. Es como dos hermanos que pelean mucho, el mayor le pega hasta herir al más chico y la mamá se preocupa de que no vaya preso, más que de abrazar al herido. El Papa ha tomado al hermano chico golpeado y lo ha abrazado; le ha dicho "tú eres importante y si tu hermano debe ir preso para sanar esto, tendrá que hacerlo".

-¿Qué medidas concretas le propuso usted al Papa?, ¿qué espera de la nueva visita de Scicluna y Bertomeu?

-El Papa confía mucho y uno tiene que responder a esa confianza. Le hablé de mi experiencia personal más que proponer medidas. Percibo que hay un camino de sanación trazado, que vamos caminando y que habrá señales fuertes. Las soluciones no pueden ser todas altiro y Osorno quiere ser un signo fuerte. El Papa tiene claridad de la situación, lo que está haciendo nos ayuda a que miremos el pecado, lo que pasó y reconociendo cada uno su responsabilidad, entre todos salgamos adelante. No podemos olvidar el daño producido aunque no lo hayamos querido hacer.

-La declaración de los obispos tras reunirse con el Papa, su renuncia, ¿es un inicio?

-No quiero juzgar intenciones, pero hay que trabajar más el lenguaje; los gestos corporales tienen que ser más afectivos, empatizar más. Me costó cuando los obispos dicen que pusieron "sus cargos" en manos del Papa; siempre he pensado que lo mío es un servicio pastoral, no un cargo. Más importante que no haya abusos sexuales es que no haya abusados, personas concretas dañadas.

"Siendo víctimas de este esquema, sin estar conscientes y con esa soberbia, nosotros también hicimos daño a otros".

"La Iglesia ha hecho un camino insuficiente en este tiempo y muchas veces torpemente caminado".

"Percibo que hay un camino de sanación trazado, que vamos caminando y que habrá señales fuertes".

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