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"El amor es, de hecho, pulsión sexual asociada a envidia", anotaba el 5 de octubre de 1880. No le parecía un sentimiento bello ni sublime, sino una manifestación de egoísmo, así como veía en los celos una potenciación máxima de la autoestima. Arthur Schnitzler tenía 18 años y había comenzado su Diario el año anterior. Lo seguiría escribiendo hasta el 19 de octubre de 1931, dos días antes de su muerte, a los 69 años. Los Diarios completos del escritor, salvados de los nazis en 1938 y publicados por la Academia de las Ciencias austriaca, ocupan diez volúmenes, de los que Adan Kovacsics ofrece una selección de 400 páginas, traducidas por él mismo, escogiendo entradas completas de cada año, sin cortes, lo que da un panorama integral de su vida, enmarcada en una de las épocas más brillantes de la creación artística y el pensamiento de Europa Central. Schnitzler relata en sus páginas los devaneos sentimentales y su temprana vocación literaria, postergada por los estudios de Medicina, que detesta pero no se atreve a dejar para no contrariar a su padre, un famoso laringólogo judío. Junto a Hugo von Hofmannsthal y Felix Salten, el autor integra una tertulia que pronto se convertiría en el grupo literario bautizado como la Joven Viena, contemporáneo de Gustav Mahler, a quien Schnitzler admiraba y solía interpretar en piano, a cuatro manos con su madre. Todos ellos aparecen en sus Diarios , al igual que personalidades extranjeras a las que trató, como Ibsen y Lou Andreas-Salomé. Sin embargo, quienes ocupan un lugar central en el texto son las amantes de Schnitzler. Con muchas de ellas mantiene relaciones simultáneas y lleva una minuciosa contabilidad de sus encuentros sexuales, que anota entre paréntesis junto a sus nombres. "Si paso unos días de abstinencia sexual, entre seis y nueve a lo sumo, me convierto simplemente en una bestia", confiesa. Descrito a menudo como un erotómano, él mismo no se consideraba, sin embargo, un donjuán. No era alto ni atractivo, admitía. Lo suyo era simplemente asunto de "higiene", como escribe, empleando un término característico de la profesión médica. Hay, sin embargo, relaciones que van más allá. Con Olga Waissnix, por ejemplo, quien apoyó decisivamente su vocación literaria. Muerta en 1897, conoció dos años más tarde a otra Olga, una cantante de apellido Gussmann, con quien tuvo un primer hijo en 1902 y se casó al año siguiente. Se divorciaron en 1921, el mismo año en que se estrenó en Viena "La ronda", en medio de protestas de grupos católicos y antisemitas que llevaron a prohibir su representación y dieron origen a un proceso judicial. La obra, que entrelaza a distintas parejas sexuales, se haría mundialmente famosa en 1950, cuando la adaptó al cine Max Ophüls. Igual éxito internacional conseguiría "Ojos bien cerrados" (1999), la versión fílmica de Relato soñado , dirigida por Stanley Kubrick. Sin embargo, quienes busquen en los Diario s historias de prostitutas y orgías quedarán defraudados. "Me repugnan", escribe Schnitzler sobre las primeras y no hay noticias de las segundas. Son frecuentes, en cambio, relatos de sueños. Hay uno que se repite: "Esta noche, un sueño terrible; llego tarde a mi entierro, ya me esperan. Me encuentro ante el portal y veo las coronas, trato de averiguar de quién son. Me siento profundamente afligido. Me da miedo meterme en mi ataúd; entonces me habla mi madre. Pienso: ya llegará el momento del aturdimiento...". A renglón seguido de esta pesadilla menciona la idea de casarse con una de sus amantes. En otra parte anota: "El amor es una enfermedad que se cura mediante el matrimonio. La luna de miel es la convalecencia de los amantes". Habla Adan Kovacsics, su traductor En varios pasajes de los Diarios se aprecia una tendencia al aforismo, género que Schnitzler cultivó en el Libro de dichos y dudas , traducido por Kovacsics y publicado por Ediciones UDP en 2014. Radicado desde 1980 en Vilanova i la Geltrú -ciudad situada a orillas del Mediterráneo y cercana a Barcelona-, Adan Kovacsics nació en Santiago en 1953. Sus padres, que eran húngaros, habían llegado a Chile tres años antes. En 1967 decidieron regresar a Europa, concretamente a Viena, donde Kovacsics hizo su bachillerato y su carrera universitaria. "Yo traduzco y escribo, escribo y traduzco. Desde hace muchos años, traducción y escritura son para mí vasos comunicantes", afirma desde España, país donde recibió en 2010 el Premio Nacional a la Obra de un Traductor, que otorga el Ministerio de Cultura. Otro reconocimiento es el que le concedió, en 2007, el Premio Nobel Imre Kertész por la traducción de su obra. "Descubrí a Schnitzler en mi época vienesa", dice Kovacsics. "Era un autor al que había que leer y cuyas obras teatrales había que ver. De aquella época recuerdo sobre todo El teniente Gustl y La señorita Else . He traducido a muchos austriacos, sobre todo de comienzos del siglo XX, pero, casualidades de la vida, la primera obra de Schnitzler vino bastante tarde, con el Libro de dichos y dudas . Matías Rivas me animó mucho a traducirlo, así que le propuse luego una selección de los Diarios , una obra realmente sustanciosa y reveladora". Schnitzler le parece a Kovacsics un autor fundamental para comprender la Viena finisecular. El grupo de creadores al que perteneció el escritor desempeñó, a su juicio, un papel clave en el afianzamiento de la literatura austriaca, sobre todo porque reflejó con gran finura psicológica los cambios que se produjeron en la sociedad vienesa de su época y cierta actitud de parálisis y decadencia que, entre otras cosas, finalmente llevó a su disolución. Kovacsics advierte, sobre la relación entre Schnitzler y Freud, que apenas se conocieron personalmente, a pesar de que vivieron en la misma ciudad y se leían. Schnitzler cita La interpretación de los sueños (1900) el mismo año de su publicación. La experiencia fue crucial. "Soñé de manera sorprendentemente cuantiosa e intensa y yo mismo interpretaba los sueños", anota en su Diario, donde también recuerda la cena a la que el neurólogo lo invitó en su casa (1922): "Se mostró muy cordial", le enseñó su biblioteca, le regaló una edición nueva de sus conferencias y lo acompañó de vuelta a su hogar. "Schnitzler admiraba a Freud, aunque tenía sus dudas respecto a la validez y a la utilidad del psicoanálisis", según Kovacsics. "Sin embargo, tanto los sueños como la sexualidad desempeñan un rol muy importante en su obra, igual que en los textos del psicoanalista. Recordemos que Freud le escribe en 1922 que evitaba encontrarse con él por temor a toparse con su 'doble'". Más allá de reflejar cabalmente su tiempo, la obra de Arthur Schnitzler mantiene vigencia por "tocar cuerdas elementales de la naturaleza y del destino humanos", según Kovacsics. El traductor recuerda, además, que sus recursos estilísticos calaron en la prosa y en el teatro tanto de Austria como de Alemania. Por ejemplo, el monólogo interior. "No fue su descubrimiento, pero él fue el primero en emplearlo de manera sistemática. ¡Antes de Joyce! Luego, por supuesto, fue utilizado por muchos otros autores".