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Las novelas de la crisis en Latinoamérica

domingo, 10 de junio de 2018

Roberto Careaga C.
Revista de Libros
El Mercurio

Hay quienes creen que la ficción funciona mejor cuando opera como retrovisor, pero hoy la literatura latinoamericana también se está haciendo cargo de las agitadas realidades políticas y sociales de países como Venezuela, Colombia, México, Brasil e incluso Argentina. "No podemos escapar a nuestro tiempo", dice el novelista venezolano Alberto Barrera Tyszka.



En las primeras páginas de la novela Patria o muerte , del venezolano Alberto Barrera Tyszka, el doctor Sanabria recibe una caja de habanos que debe esconder. Adentro hay un teléfono móvil. Se lo pide su sobrino, un funcionario del gobierno de Venezuela, asustado con ese aparato en sus manos: contiene una grabación del Presidente Hugo Chávez en Cuba, justo antes de que fuera operado del cáncer que finalmente lo mató, en 2013. La novela sucede exactamente un año antes y, en ella, Barrera Tyszka muestra un retrato general de un país amenazado por la violencia y en suspenso ante la enfermedad de Chávez. En principio iba a ser un libro intimista, pero como asegura su autor, "la realidad invade la escritura".

Ganadora del Premio Tusquest 2015, Patria o muerte es parte de una serie de novelas que están dando cuenta de la crisis política que se vive en Venezuela y más aun, de obras de todo Latinoamérica que revelan el paisaje político de sus países. Casi siempre, paisajes accidentados, crispados, peligrosos. De México, de Brasil, Colombia, de Argentina. Frente al imperio del yo en la narrativa contemporánea, resiste una novela política y aunque lejos de la ambición que tuvieron los autores del boom -García Márquez, Vargas Llosa, Fuentes- se multiplican inevitablemente. "Hoy no son cuatro o cinco escritores, como entonces, son multitud", dice el premio Cervantes Sergio Ramírez, desde Managua, el epicentro de una nueva revolución en Nicaragua.

"Por mucho que un escritor joven quiera alejarse de lo que podrían ser llamados los 'temas tradicionales', que son aquellos que nacen del dramatismo de la historia, no hay manera de ignorarlos: corrupción, narcotráfico, violencia, migraciones forzosas", dice Ramírez, figura del sandinismo y vicepresidente de Nicaragua en el primer periodo del actual presidente Daniel Ortega. Por ahora, eso sí, no ve la novela de lo que él llama "la segunda revolución nicaragüense". "Un novelista es siempre un cronista del pasado", dice, y a cambio, menciona dos escritos periodísticos urgentes, según él "muy literarios": un reportaje de Martín Caparrós en The New York Times ("El misterio de la revoluciones") y otro de Carlos Dada para El Faro, "Masaya se atrinchera contra Ortega".

Escribir contra el tiempo

Acaso es muy pronto para Nicaragua. El mismo Ramírez demoró años en llevar a la ficción su experiencia en la Revolución sandinista, en libros como Sombras nada más (2002). Un poco menos demoró el escritor salvadoreño Horacio Castellanos Moya, que en la novela El asco (1998) hizo un ajuste de cuentas con su historia política de juventud en la larga Guerra Civil de los 80. Castellanos Moya ha vuelto sobre los ecos de esos años y, sostiene, las crisis sociales terminan por llegar a las páginas de los autores. "Varios países latinoamericanos han vivido en una situación de crisis permanente en los años recientes, crisis que tienden a profundizarse: la corrupción política, el colapso de las instituciones del Estado, el deterioro del tejido social y -por supuesto- la violencia criminal y la inseguridad pública generalizadas. Un escritor que vive sumergido en este cóctel siniestro llamado realidad, chupa por ósmosis lo que le rodea y de una u otra forma esto se expresará en sus ficciones", asegura.

Castellanos Moya ve que ya está pasando y nombra una novela de su país: Roza, tumba, quema (2017), de la salvadoreña Claudia Hernández, en la que se narra la historia de una ex guerrillera que necesita cuidar de sus cuatro hijas en un contexto político totalmente diferente a aquel en que se formó: en medio de la paz, aparecen nuevos enemigos. Son los ecos de la violencia los que rondan la novela de Hernández, pero a veces no hay forma de evitar la violencia misma, y en eso los mexicanos son expertos: ante el ya consolidado género de la novela del narco en México, Castellanos Moya suma dos títulos que exploran el desprecio de la vida humana, Las tierras arrasadas , de Emiliano Monge, y Temporada de huracanes , de Fernanda Melchor. "No sin razón, los mejores narradores mexicanos de hoy responden al fin del mundo que ha empezado hace un tiempo en México" añade el crítico peruano Julio Ortega, y menciona dos autores menos obvios que retratan ese horizonte oscuro: Heriberto Yépez y Luis Felipe Lomelí.

Ortega, crítico y editor de novelas póstumas de José Donoso, entre otras cosas, cree falta tiempo: "La serie de descalabros en nuestros países son muy actuales y pertenecen más al futuro que al pasado. No estamos entrenados para leer el futuro, aunque sus evidencias están ya aquí, de modo que es difícil asegurar cuáles son las obras que diagnostican el malestar del presente como la agonía civil de mañana", explica y, sin embargo, menciona dos autores de trayectoria para leer el presente: Jamás el fuego nunca , de Diamela Eltit, y Cuatro esquinas , de Mario Vargas Llosa.

"La ficción funciona mejor con cierta distancia, con algo de anacronismo, incluso. Por eso lo que hay son novelas que trabajan indirectamente esta crisis, que rastrean las razones profundas para entender los desastres del presente", dice el novelista boliviano Edmundo Paz Soldán, quien, de hecho, escribió una novela de ciencia ficción, Iris , en la que se puede leer un paralelo de las explotaciones que se viven hoy en Bolivia. Paz Soldán opta por el autor colombiano Juan Cárdenas, "que en sus novelas narra las contradicciones y el fracaso del proyecto modernizador".

Las formas de la violencia

Las novelas de Cárdenas, como El zumbido y Los estratos , parecen estar en el reverso de libros como El olvido que seremos , de Héctor Abad Faciolince, o El ruido de las cosas al caer , de Juan Gabriel Vásquez: donde estos narran directamente cómo la violencia de la guerrilla y los narcos golpearon la vida cotidiana de los colombianos, Cárdenas explora los ecos de años de desastres y en su última novela, El diablo de las provincias , narra la historia de un biólogo que regresa a su pueblo tras 15 años fuera del país, para encontrarse con historias de racismo, homofobia, violencia, capitalismo extremo. No hay políticos corruptos ni narcos famosos, tampoco ametralladoras.

Es como en La uruguaya , la alabada novela del argentino Pedro Mairal, una historia de un escritor en la crisis de los 40 que, de fondo, muestra las restricciones cambiarias ante el dólar que impuso el kirchnerismo, hablando de los problemas económicos de Argentina en los últimos años. No es el único caso al otro lado de los Andes: en 2012 Leopoldo Brizuela ganó el Premio Alfaguara con Una misma noche , una novela que hace un contrapunto entre una noche de 1976, en dictadura, y otra de 2010, con Cristina Fernández de Kirchner de Presidenta: en ambas, el protagonista vio un robo en el que participan civiles y uniformados. Más explícito fue el músico Fito Páez, que acaba de lanzar la novela Los días de Kirchner . Es un thriller político, condimentado con sexo, drogas, feminismo y pasiones, dice su editorial.

"Aunque no se lo proponga deliberadamente, la literatura siempre es otro discurso de la historia en la que nace. No puede escapar de su tiempo. Ni siquiera cuando intenta hacerlo, cuando pretende evadirse", sostiene Alberto Barrera Tyszka, desde Caracas, la ciudad donde está ambientada su novela Patria o Muerte . "Yo ambicionaba escribir una novela más íntima. Mientras escribía, Chávez anunció que tenía cáncer, y el país comenzó a convertirse en esa suerte de sala de espera inmensa. Y yo pensé que ahí podía haber un espacio narrativo, un relato que nos permitiera indagar en nosotros mismos, en lo que somos, en por qué habíamos llegado hasta ahí... Creo que escribir es una forma de conocer. Es un intento por ordenar el caos. Eso es una novela", añade Barrera.

Pero así como en Patria o muerte , Chávez aparece casi en cada página, en otra de las novelas paradigmáticas de la Venezuela actual, el nombre del Presidente no está: The night , de Rodrigo Blanco Calderón, cuenta una historia de aspirantes a escritores, con el telón de fondo de una Caracas en que las calles se han vuelto peligrosas, las inundan motociclistas ladrones, las acechan las sombras, son el eco de una Venezuela hundida en la decadencia. "Desde hace años, el país, eso que llamamos 'la realidad', es materia fundamental de la escritura en Venezuela", plantea Barrera Tyszka.

Lo más rápido, muchas veces, para entender las crisis es el periodismo, y así en 2016 el periodista brasileño Vladimir Netto lanzó Lava Jato , una investigación sobre las acciones que había emprendido el juez Sergio Moro para desmantelar la generalizada corrupción en el gobierno de Brasil. El libro fue la inspiración para la serie de Netflix El mecanismo , la que introduce ficción en su relato. En abril, el caso llegó hasta la ficción: el destacado autor Cristovão Tezza lanzó la novela A tirania do amor , la historia de un economista en serios problemas matrimoniales, pero también de trabajo, pues la empresa en que trabaja se ve involucrada justamente en los casos de corrupción investigados por Moro. "Es bueno que la crisis brasileña se haya convertido en un campo de batalla de la literatura. Es de la naturaleza de la novela moderna tratar de temas contemporáneos", decía Tezza en el diario "O Globo", aludiendo a una incipiente preocupación de la narrativa de su país.

La literatura tiene muchas formas para narrar la realidad y así Edmundo Paz Soldán menciona el libro Para comerte mejor , de Giovanna Rivero, donde hay cuentos que "tratan muy bien el presente de un Evo Morales y un gobierno zombi: agujereado y corrupto por todas partes, pero que se resiste a morir". En Chile, Diamela Eltit acaba de publicar Sumar , una novela que dialoga con la nueva ola de marchas en Santiago, pero quizás el pulso social esté más explícito en libros como Incompetentes , de Constanza Gutiérrez, sobre la toma de un colegio, o Quiltra s, de Arelis Uribe, que capta los tonos del nuevo feminismo joven chileno. Mientras tanto, en Nicaragua las manifestaciones avanzan sin novelista que la cuente, pero con un par de poemas en frente: Sergio Ramírez cuenta que entre las multitudes aparecen pancartas en que se leen unos versos del poeta Ernesto Cardenal: "¡Levántense todos, hasta los muertos!".

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