Fondos Mutuos
A inicios de 2013, George Saunders (Texas, 1958) se consagró como uno de los principales cuentistas de Estados Unidos. Después de tres libros de relatos, el cuarto fue toda una victoria: con los cuentos de Diez de diciembre consiguió por primera vez en su carrera llegar hasta la lista de los libros más vendidos, mientras la crítica anglosajona alababa de forma unánime su mordaz retrato de la vida del estadounidense medio. Saunders, un humorista oscuro, se revelaba como una suerte de Raymond Carver del siglo XXI y, como este, parecía que su género estaba fijo: los cuentos. De novelas, esa pieza central de la industria editorial americana, ni hablar. O eso parecía. Hasta que el año pasado, Saunders publicó una novela. Y era completamente inesperada. Lanzada en español hace unas semanas y ya disponible en Chile, se llama Lincoln en el Bardo y en vez de explorar las formas de vida contemporánea de los estadounidenses, como venía haciendo Saunders, está centrada en un hecho del pasado: la noche de febrero de 1862 en que el Presidente Abraham Lincoln, en medio de la Guerra de Secesión, visitó la tumba de su hijo de 11 años, recién fallecido. Abrumado por la tristeza, tomo su cuerpo inerte en su regazo. Pero no se trata de una novela histórica, ni siquiera de una novela tradicional: la escena del Presidente desconsolado es el punto de partida para un relato sin narración central, sino decenas y decenas de voces, fantasmas del cementerio que hablan de la perplejidad y la angustia ante la muerte. Saunders consiguió una novela totalmente atípica, a veces parecida a un poema como Antología de Spoon River , de Edgar Lee Master, que recoge la historia de una ciudad imaginaria a través de los epitafios de sus ciudadanos. Saunders va más lejos y hace que los muertos hablen desde algo parecido al Bardo budista, un estado de transición entre la vida y la muerte. Alas voces de los habitantes del cementerio, que cruzan sus historias con la aparición de Lincoln, Saunders intercala algo más: textos de prensa e históricos que dieron cuenta del hecho. El resultado es hipnótico, a veces sombrío pero también lleno de humor, y le sirvió a Saunders para mantener a tope su reputación: Lincoln en el Bardo ganó el Premio Booker 2017. "Estaba disfrutando ser un no novelista. Estaba orgulloso, incluso", cuenta Saunders en un correo electrónico. "Pero el material de Lincoln me interesaba tanto que una vez que empecé el trabajo, rápidamente fue claro que iba a necesitar más páginas que un cuento. Me resistí, le decía al libro: 'Por favor, no crezcas. Sé un cuento'", relata el escritor que, ya sabemos, no logró convencer al material y lo hizo trabajar como nunca: en un momento se vio recortando páginas y páginas de citas que había guardado, y ordenándolas para incluirlas en la novela. "Cuando conocí el incidente de Lincoln, alrededor de 1994, creí que podía ser el material para un libro que alguien podía escribir, no yo. Parecía no haber ningún cruce entre la forma en que yo estaba escribiendo en ese tiempo -primera persona, sátira, casi ciencia ficción- y el material de Lincoln. Temía escribir una clásica y aburrida novela histórica", cuenta Saunders. "Con el tiempo, creo, crecí lo suficiente como escritor y como persona, hasta que se me presentó un método. Pero también al hacerme más viejo, empecé a visualizar este proyecto como un desafío artístico crítico: una suerte de gran muralla bloqueándome el camino. Podía intentarlo, o simplemente sentarme en el camino por el resto de mi vida artística. Escribir el libro fue una forma de crecimiento; una forma de tomar lo que ya estaba haciendo y expandirlo", añade. -¿Cuál es su relación con Abraham Lincoln? ¿Le interesa como figura histórica? -Como muchos estadounidenses, amo a Lincoln, pero, a la vez, creo que se ha convertido en una figura de arcilla: pura bondad. Además, no tenía ningún interés en escribir sobre él. Hay como 30 mil libros sobre Lincoln ya. Pero mi atracción hacia el momento en que Lincoln entra a la cripta a ver a su hijo hacía necesario que escribiera sobre él. Parte de la estrategia era que apareciera lo menos posible; es decir, tratarlo como uno más de un gran elenco y subirlo al escenario solo cuando fuera necesario y centrarse en él con la mayor especificidad posible. Era un padre; un padre de luto; secretamente en un cementerio helado; entró a la cripta a las 12:43 y se quedó ahí hasta la 1:01. Mientras más detalladamente me lo imaginaba, escribir sobre él era menos abrumador. Solo podemos describir a una persona -incluso a Lincoln- a través de la acumulación de observaciones y, en realidad, a través de la acumulación de frases y sentencias. -¿Cómo llegó hasta la estructura de la novela? ¿Alguna vez intentó una narración tradicional o siempre tuvo el plan de usar un coro de voces? -El mayor enemigo, desde mi punto de vista, era que el libro tendía a convertirse en una aburrida novela histórica. Quería que fuera bella, nueva y vívida. Lo intenté como una obra de teatro, le quitaba la profundidad: era pura cháchara superficial. Hace algunos años empecé y abandoné una novela ambientada en un cementerio, en la que los fantasmas se presentaban a través de una suerte de chat. Ese libro no funcionó, pero cuando tuve la idea de usar ese formato para presentar la anécdota de Lincoln, tuve una sensación en la que debía confiar: una pequeña explosión de seguridad y felicidad artística. Además, entregaba cierta desestabilización constante del confort del lector, que además era apropiado para los temas del libro: el luto, la pérdida, el más allá. -En términos literarios, ¿por qué escogió una multiplicidad de voces, en vez de una narración tradicional? -Siempre he tenido una aversión a sonar como otros escritores. Para mí, el oficio muchas veces se siente como deambular por la Casa de la Ficción tratando de encontrar alguna salida, evitando la puerta de entrada. A lo largo de los años, he descubierto que esta aversión a lo que ya parece haberse hecho en ficción tiene el efecto asociado de revelarme mi verdadero punto de vista ético o estético. Así que he llegado a confiar en esa aversión como la clave del reino, si se quiere. Una forma en que esto funciona, es que, en las primeras etapas de un proyecto, voy probando el tono del libro: "Abraham Lincoln entró en el cementerio esa fría noche de febrero, abrumado por el dolor". Ante eso, mi reacción fue... puaj. Repugnacia. O algo así como: "De ninguna manera vas a escribir todo un libro en ese tono tan aburrido.". -Durante la campaña presidencial de Estados Unidos escribió una crónica para The New Yorker sobre los mítines de Donald Trump, muy reveladora sobre los ciudadanos que lo apoyan. ¿Su país se convirtió en uno de los mítines? -En realidad, el país ahora es una combinación de mítines de Trump y mítines anti-Trump. Hay mucha pasión política en Estados Unidos en este momento. Nuestra larga historia de violencia, racismo y sexismo ha regresado, pero sin embargo me parece un momento emocionante. ¿Qué país vamos a decidir ser? Existe la posibilidad de que finalmente podamos enfrentar a algunos de nuestros demonios nacionales que salieron del sótano. Quizás podemos vencerlos. O viceversa. Como dicen en televisión: "Estén atentos".