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El teatro salvó a Alexandra Von Hummel

martes, 29 de mayo de 2018

Por María Cristina Jurado. Fotografías: sergio alfonso lópez
Crónica
El Mercurio

A los siete años perdió a su padre accidentalmente, un episodio que la marcó haciéndola introspectiva y silenciosa. Solo cuando descubrió su vocación, esta actriz y directora se reconcilió con la vida y pudo reconvertir su desconcierto. Así nació Teatro La María, que estrena nueva obra en septiembre.



A los siete años, la directora y actriz Alexandra von Hummel Zegers, cofunda­dora con su pareja Alexis Moreno de la compañía Teatro La María en 2000, era una niña callada, cuyo mundo interior la domi­naba. Había sufrido recién una pérdida fundamental: su padre, ingeniero comer­cial y un alto ejecutivo internacional, había muerto en un accidente provocado por un alimento que lo atragantó en un restaurante. Fue una muerte devas­tadora para ella y sus dos hermanas menores, Pilar y Francisca. Alexandra, en lugar de llorar y preguntar, calló. Se fue hacia adentro y no fue, por años, capaz de rebelarse ni explicitar su pena. Esos días, que lentamente se convirtieron en años, fueron el caldo de cultivo de su creatividad: se interesó en su propia percepción de la realidad, potenció su imaginación y se ejercitó en inventar mundos men­tales. Y así, casi veinte años después, cuando ya era una universitaria conquistada por las tablas, su silen­cio e imaginación cristalizaron en la creación del Teatro La María.

Hoy, a punto de estrenarse la vigésima obra de su compañía -"Fe de Ratas", que estará desde septiem­bre en el GAM- Von Hummel mira hacia atrás y dice que no ha olvidado esos días de su infancia. Codo a codo con Alexis Moreno, a quien conoció en la universidad y, padre de su hijo Gabriel, de once años, la actriz y directora, de 43 años, encabeza hoy uno de los grupos teatrales de repu­tación más interesante en la escena nacional. Un teatro original, con algo de subversivo y profundamente plástico. Una propuesta innovadora de la dramaturgia.

Pero, para explicar su éxito como creadora, Alexandra von Hummel no puede evitar retrotraerse a sus primeros años.

-Mi papá murió cuando yo tenía 7 años. Tuvo un accidente, se atragantó con un sándwich, una cosa muy feroz. En ese momento, no estaba con mi mamá. Él era alcohólico y estaba en rehabilitación. De todo esto no tengo ningún recuerdo porque después de morir él, a mí me contaron todo a pedacitos. Tuve que reconstruir mi historia. Mi papá se muere y yo... como que me quedé callada. Mi mamá lo contó de manera muy simbólica: 'El papá se fue al cielo', algo que uno no entiende. Y noso­tras no fuimos al funeral, no nos llevaron. Eso hace que uno no tenga la experiencia de la muerte.

El padre de Alexandra era un alto gerente de Wells Fargo y, por años, la familia transitó por San Francisco -donde nació ella-, Sao Paulo, Buenos Aires y Santiago. Era un hombre de éxito profesional. Cuando tuvo su accidente ya vivían en Chile.

Pero a ella le faltó el duelo. Para la teatrista, su papá desapareció.

-No crees que está muerto. Por mucho tiempo no crees. Sabes que sí, pero siempre existe la esperanza de que no, porque nunca viste nada. Y es súper malo por­que creo que los duelos son importantes. Para la gente que tiene familiares detenidos-desaparecidos es una pesadilla porque es de una importancia radical poder ver la muerte. Poder cerrar algo. Poder llorar, gritar, patalear.

Para Alexandra von Hummel, entender las cir­cunstancias que rodearon la muerte de su papá fue capital. Con los años fue entendiendo su enfermedad.

-Cuando supe (que mi padre era alcohólico), me gustó saberlo, me gustó entenderlo. Saber las configu­raciones, de dónde viene uno. Porque el alcoholismo también es un dolor. Un dolor muy grande, donde uno llena algo.

Frente al peor día de su infancia, las tres hermanas reaccionaron en forma distinta. Alexandra fue la única que enmudeció. Ese silencio lo reconvirtió más tarde en una des­bordante imaginación: comenzó a entenderse profundamente con ella misma y a inventar -dice- mundos coloridos y vibrantes.

Pero su historia de infancia tuvo un segundo capítulo. Tres años des­pués de morir su padre, su mamá, quien era voluntaria en la Cruz Roja, se reencontró con un antiguo amor de su etapa colegial: Luis. Se empa­rejaron y con el tiempo formaron una familia. Para las niñitas Von Hummel, fue como recuperar la ima­gen de un padre, un hombre acogedor y dedicado que les entregó amor.

-Él era su pololo en el colegio, cuando ella era muy chica. Y yo tengo la sensación de que fue el amor de la vida de mi mamá-.

Durante mucho tiempo fueron unidos, pero cuando la actriz y directora cursaba tercero medio en el colegio Villa María Academy y había cumplido 16 años, el matrimonio entre su madre y Luis concluyó. Para ella, rememora, fue otra vez rozar el abandono.

-En algún momento yo quería que él fuera como un papá, con la incondicionalidad de un papá. Pero no podía ser, él no tenía la incondicionalidad del papá verdadero. (...) Yo siempre quería sentirlo así. Y siem­pre supe que él no tenía ninguna obligación conmigo, por eso fue tan fuerte cuando se separaron. Porque, en el fondo, él podía no querer verme nunca más. Y estaba en su derecho. Pero teníamos nexos, mi mamá tuvo una hija con él, Camila. Y los hijos de él habían vivido con nosotros un tiempo. Habíamos formado una gran familia extendida.

El tiempo le demostró que su aprensión no tenía asidero y Alexandra se fue tranquilizando. Hoy ve regularmente a Luis y ha desarrollado una relación muy cercana con sus tres hermanas, Pilar, Francisca y Camila. "Es divertido, porque mi familia es como de puras mujeres. Después que Luis se fue, siempre hemos sido solo mujeres. Yo jamás vi que existiera ninguna diferencia en mi casa porque no había algo diferente: a mí me tocaba cargar las cosas, igual que a todas. Había que hacer lo que había que hacer. Y punto".

La introspección que marcó a Von Hummel en su infancia y parte de su adolescencia la definió. Aún comparte con extrema dificultad sus vulnerabilidades, le cuesta comunicar sus sentimientos.

-Desde que me quedé callada, puedo conversar mucho con la gente pero, cuando las cosas me afectan íntimamente en términos frágiles, me cuesta mucho compartirlo. Lo que me quiebra es para mí. Y siempre siento que hay como una distancia. Por ejemplo, (ser alumna) del Villa María me cargó.

Aunque tenía amigas, conserva malos recuerdos de su etapa escolar. Un episodio, ocurrido en segundo básico, fue decisivo. En las salas del Villa María Academy -era 1982- había altoparlantes por los que se escuchaba una voz que guiaba, diariamente, el rezo de los alumnas. "Cuando mi papá murió, salió por el altoparlante ese día: 'Recemos por el papá de las niñitas Von Hummel que murió'. Y yo no le había contado a nadie. Creo que, desde ese momento, siempre tuve una distancia, la necesidad de mirar todo con una cierta distancia. (...) Me dio vergüenza, me sentí pasada a llevar. Ahora lo pienso y me parece una falta de delicadeza, de sensibilidad. ¿Por qué tenían que apropiarse de algo que no es? ¿Y por qué escudaban todo en términos religiosos como si fuera una cosa buena decir 'recemos por'? ¿Qué era eso?".

Ese anuncio por altoparlante que la violentó, le provocó otra consecuencia. Cansada de estudiar exclusivamente con mujeres por años, al dar la prueba de ingreso a la universidad, eligió Ingeniería Civil, un mundo, esencialmente masculino. Hoy reflexiona:

-Encuentro que no pueden seguir existiendo colegios que separen a los hombres de las mujeres. Me parece que es nocivo y casi prehistórico. Yo creo que estudié Ingeniería Civil justamente por eso. Y también porque me gustaban las matemáticas y era súper buena.

En Ingeniería Civil se sorprendió. Se dio cuenta de que, para ella, las operaciones numéricas eran como un juego de ingenio. Como armar un puzzle. "Se supone que las matemáticas son muy racionales, pero para mí eran puro invento. Lo hacía todo y mucho después lo lograba intelectualizar. Me pasa lo mismo con las obras de teatro. Parto desde algo que me gusta, desde el deseo, y haciendo esa obra me voy dando cuenta de qué se trata real y profundamente".

Hoy, Von Hummel ejerce también la docencia en las Universidades Mayor y Católica. Enseñar actuación y enfrentar a los alumnos es una de sus pasiones desde 2005. Respecto de las tomas feministas que desde las universidades han prendido la mecha de la reivindicación de género en todo el país, Alexandra dice, en su calidad de profesora universitaria:

-Por un lado, está la lucha de la contingencia, por los derechos, que me parece necesario y perfecto. Y, por otro lado, está el fondo del asunto. Ese que tiene que ver con que no existan mujeres en ciertos puestos de poder. Que no existan mujeres dentro de la bibliografía de las cosas, empobrece el pensamiento de manera importante. No por el hecho de que sean mujeres, sino porque son un grupo de la sociedad que ha estado expuesto a condiciones culturales distintas.

Analiza la desigualdad de género:

-No solo es un grupo en desmedro muchas veces, sino que ha sido constituido desde otra lógica. Uno es una construcción cultural y eso hay que repensarlo. A mí me encantaría entrar en ese tema: la construcción cultural de las mujeres. ¿Qué intereses van detrás de eso? Es una pregunta profunda y entiendo que se necesita una patada fuerte para que las cosas cambien.

Con sus alumnos, Alexandra utiliza la libertad y la duda. Los invita a deliberar. Dice:

-Con ellos yo hablo todos los temas, me pregunto frente a ellos. El espacio de clases no es uno donde yo vaya a entregar algo, sino que estoy dudando siempre. Y yo los invito a dudar. (...) No tengo una bandera, pero sí me parece que algo está desajustado: básicamente es una estupidez que un país no considere a la mitad de la población en muchas cosas. Antes que injusto, me parece una estupidez.

La escena y la pasión

Uno mira a Alexandra von Hummel sobre el escenario, dirigida por su pareja de dos decenios, y se pregunta cómo es que alguna vez esta actriz se dejó encandilar por las ciencias exactas. Cuando actúa, se sale de ella misma y se vuelve una potencia expresiva. Hace teatro desde el deseo y la pasión. Pronto serán veinte años desde que fundaron Teatro La María en la Universidad de Chile y el proyecto se volvió parte capital de su vida.

Antes, ella tuvo que dejar la ingeniería.

-(En ingeniería) me gustaban las matemáticas. Pero llegué ahí y era ¡puras matemáticas! Y tenía compañeros que se admiraban de su calculadora, la encontraban lo más bacán. Y yo decía: "no puede ser que alguien esté emocionado por una calculadora, ¡que cosa más aburrida!".

Considera que Teatro es mucho más difícil (y también mucho más apasionante). "Porque es una carrera de mucha exigencia, ¡lejos mucho más exigente que Ingeniería Civil! Para mí, por lo menos. Uno está todo el día en función de eso, uno trabaja con uno mismo". A mediados de los 90 entendió que todo el silencio y la introspección de su infancia cristalizarían en su verdadera vocación. La mente desbocada de Alexandra von Hummel encontraba un cauce.

-Se me ocurrió Teatro porque para mí era como una forma de pensar. Como una pintura, una obra de arte, pero en movimiento y en el tiempo. Eso era lo que yo imaginaba. Y yo imaginaba mucho. Yo fabulaba.

Se encandiló con la actuación y la dirección. Teatro La María nació casi como un juego.

-Unos compañeros inventaron un festival, que se llamaba Festival de Dramaturgia y Dirección Víctor Jara. Todo esto era porque íbamos a salir al año siguiente y ¿qué ibamos a hacer? Nadie tenía pega. Inventaron este festival y el premio era que, al año siguiente, la escuela daba una temporada (a los ganadores). Ese año presentamos dos obras que Alexis escribió.

Moreno, quien siempre ha sido el dramaturgo de la compañía, quedó seleccionado con "El Apocalipsis de mi vida" y "Lástima". Las dirigió junto a Alexandra, quien también actuó. Y ganaron. Ahí partió La María, que recibió su bautizo oficial en el año 2000.

-Nosotros teníamos mucha reticencia a ponerle nombre, porque veíamos a gente que hacía compañías y casi que tenía un logo antes de tener obra, y se deshacían muy luego. Teníamos aprensión frente a tanta parafernalia, antes de hacer obras.

-¿Qué les ha interesado más, la dramaturgia, la dirección o la actuación?

-A mí, la dramaturgia nunca me interesó, jamás he escrito obras. A Alexis sí, ha escrito millones. Él hace las tres cosas. Y es que la escuela de la Chile tiene una particularidad muy buena: forma creadores. Desde primer año a uno le dicen: "Mañana tienes una muestra de 'La Remolienda"'. Eso significa que tú no solo tienes que actuar en buzo, sino que tienes que elegir tu vestuario, qué tipo de prostituta vas a hacer, y un contexto, una visualidad, la música. Te exigen todo. Y creo que eso es muy bueno. Porque en algún momento, mucho antes de que yo entrara a la Chile, existían los teatros universitarios en la Católica, en la Chile, donde los actores podían audicionar y trabajar con directores. Pero cuando yo entré y, hasta hoy, ya no existe eso. La gente hace sus compañías y el teatro en Chile, básicamente, lo generan las compañías independientes.

-¿Cuánto de su historia personal se ha reflejado en lo que ustedes hacen?

-Oblicuamente, está. No temáticamente ni de una manera directa, sino en la manera en cómo uno mira el mundo: el teatro parte desde ese lugar. Yo puedo inventar un personaje de mil maneras. Yo, un zapatero o un borracho, los puedo hacer desde la kinética y el habla o los puedo hacer desde la soledad y el abandono. Va a pasar por mi mirada sensible frente al mundo. Y a mí me pasa con el mundo que estoy siempre mirándolo y siempre encontrándolo raro.

-Usted habla mucho de la distancia, de tomar distancia.

-Sí. No es una distancia afectiva. Creo que, por una cosa que me atraviesa realmente la realidad, vuelvo a mirar. "A ver, ¿será así?". Por ejemplo, me pregunto por las cárceles, que son jaulas. ¿Desde cuándo es así? Es raro, no deja de ser raro que se enjaule a la gente. No es normal. Más allá de la contingencia, me pregunto por los fenómenos en los que estamos insertos. Es una distancia reflexiva. Y es que yo concibo al teatro desde la rabia. Si la gente no tiene rabia, no hay impulso. (Yo siento) un impulso, unas ganas de hacer algo, de modificar algo.

El teatro que a ella le gusta, el que le hace sentido, es el que retrata "una experiencia que ocurre en otro nivel. Una experiencia estética, algo que cambia en la cabeza, -cuando hablo de la cabeza o el pensamiento, hablo de todo el cuerpo-, es como la sinapsis. A mí siempre me gusta pensar que es sinapsis. Que uno hace relaciones que jamás hubiera hecho antes".

Dice que se enamora de Alexis cada vez que trabajan en escena. Y antes y después, durante todo el proceso de creación. Para Alexandra von Hummel, la vida y las tablas son indisolubles, y el pequeño Gabriel ya asiste a algunas giras y ensayos. Pero con Moreno no piensan casarse.

-Me pregunto para qué uno tendría que casarse. No entiendo por qué y para qué uno podría casarse. ¡Son ese tipo de cosas las que yo miro desde lejos! ¡Qué raro que uno vaya y firme un papel!

Le costó decidirse a tener a Gabriel. Tenía 31 años cuando se embarazó.

-En el teatro siempre pasa, y yo creo que a todas las actrices les pasa, que nunca es el momento de tener un hijo. Nunca, porque siempre hay un proyecto más entretenido. Me pregunté si quería ser mamá alguna vez en la vida. Y dije que sí. Cuando caché que podía estar embarazada, dije 'Ay no'. Y me hice la tonta.

Se emocionó, pero también se asustó. "Siempre mi vida ha estado cruzada por el teatro. No la entiendo sin. Y yo tenía mucho miedo de que tener una guagua significara que yo no iba a (actuar y dirigir) más. Tuve a Gabriel en febrero y tenía que partir con clases en marzo. Jamás me plantée la idea de un prenatal o un posnatal. No estaba en mi cabeza".

Justo antes de su parto se fue en gira con La María. "Yo en esa obra me hacía pipí. ¡Y la gente que me veía creía que se me había roto la bolsa! Era súper divertido".

Cuando nació su hijo, tomó la determinación de que el niño se educaría en el Colegio Suizo para que, algún día, hablara el idioma alemán que ella no pudo aprender porque su padre, que tenía ese ancestro, había muerto.

Y ahora, que vienen llegando de Berlín, donde fueron a un importante festival teatral donde presentaron algunas de sus obras más exitosas como "Hotel", Alexandra von Hummel repasa sus experiencias y sabe que no se equivocó cuando eligió su camino. Ha viajado por todo el mundo con su compañía, se las arreglan para el financiamiento. Ella es un motor clave.

-Ahora, para el estreno en septiembre de "Fe de Ratas", no tenemos plata. La está escribiendo Alexis y el GAM está buscando cierto financiamiento, pero es muy poco. Nadie gana plata por ensayar ni por hacer el espacio de la visualidad que a mí me gusta. Porque para mí el teatro es una atmósfera donde hay algo visual, algo sonoro, cuerpos moviéndose, palabras. El espacio visual, la puesta escena es muy importante para mí. (...) Entonces, el diseñador me pregunta: '¿Cuanta plata hay?'.

Ella le contesta que da lo mismo: "Primero imaginemos lo que queramos, lo que deseamos, nuestro deseo de verdad, y después inventamos de dónde y cómo sacar la plata. Yo la voy a inventar de algún lado". *maquillaje: Gigliola Franco para Bobbi Brown

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