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Tiene futuro la DC

jueves, 24 de mayo de 2018

Carmen Frei Ruiz-Tagle
Opinión
El Mercurio

"...Se puede observar en los últimos meses una notable reacción de la base partidaria y de sus dirigentes; se ha comenzado a reencauzar el rumbo y renovar muy profundamente su mensaje a la sociedad...".



Siempre me ha impresionado la facilidad con que analistas políticos (de izquierda y derecha) hablan de la Democracia Cristiana sin conocerla, y más aún son capaces de predecir su "inexorable fin", una y otra vez. Esto no es algo nuevo desde que en 1985 el politólogo norteamericano Michael Fleet escribió un libro titulado "The Rise and Fall of Chilean Christian Democracy". Siempre ha existido una larga tradición de agoreros de su fin.

En los últimos meses, los columnistas han insistido nuevamente en su presagio interesado y los titulares de las columnas así lo indican: "Un partido de enemigos", "PDC Q.E.P.D.", "El lamentable ocaso de la DC", "La Decé extraviada", "A la baja". Incluso, el más audaz de estos columnistas presagió: "Hoy la DC está desahuciada. Su muerte se aproxima (...) Su fecha de muerte no está clara, pero su recuperación a estas alturas ya no es posible".

Los argumentos que se dan se pueden resumir en cuatro: pérdida sistemática de votos, existencia de un proceso de izquierdización, pérdida de identidad e inadecuación de sus ideas a las transformaciones culturales y la modernización. No se señala que la DC sigue siendo el tercer partido más grande de Chile, que hoy ha recuperado su plena autonomía, que sigue teniendo una base doctrinaria fuerte y que como todos los partidos deberá adecuarse a la nueva fase de desarrollo.

Es relativamente obvio que la DC atraviesa, al igual que la mayoría de los partidos tradicionales en Chile, por una crisis. El sistema de partidos ha entrado en una fase volátil y de cambios profundos. Existe la necesidad de renovación y los partidos exitosos serán aquellos que asuman con fuerza este desafío. La experiencia comparada indica que efectivamente los partidos pueden nacer y desaparecer, pero también existen muchos casos de partidos que logran reaccionar y recuperarse. De esta forma, la pregunta fundamental, dado que no podemos predecir el futuro, es si existirá capacidad de reacción por parte de los militantes y dirigentes democratacristianos.

Lo que se puede observar en los últimos meses es una notable reacción de la base partidaria y de sus dirigentes; ha resurgido la esperanza y se ha comenzado a reencauzar el rumbo y renovar muy profundamente su mensaje a la sociedad. Hoy existe un diagnóstico compartido en la DC, están claros sus problemas y desafíos: la necesidad de recuperar la credibilidad y autoridad, mejorar la convivencia interna, apostar por el humanismo consecuente, alzar la voz rechazando las dictaduras y el populismo, y propiciar el progreso sustentable y la solidaridad social. Recoger para la política el mismo llamado que ha hecho el Papa Francisco a la Iglesia chilena, recuperar el carácter "profético", poniendo al centro lo importante: "el servicio al hambriento, al preso, al sediento, al desalojado, al desnudo, al enfermo y al abusado".

Estar en la oposición, lejos del poder, ha entregado a la DC la oportunidad de desplegarse con independencia política, de ser un partido propositivo y dedicar tiempo y energías a su modernización institucional, discursiva y organizacional. El llamado del Papa a volver a Galilea (el lugar donde todo partió) nos impulsa a volver a nuestras fuentes, a los valores fundamentales que han inspirado a los humanistas cristianos por más de 80 años, para ofrecer respuestas a los problemas que hoy tiene la sociedad chilena. Este proceso requerirá valentía y unidad, será difícil, implicará generosidad y audacia, pero se ha iniciado.

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