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Blanco Encalada y Lord Cochrane Los padres de la Armada de Chile:

El accidentado nacimiento de la Armada Chilena

domingo, 20 de mayo de 2018

Maureen Lennon Zaninovic
Aniversario
El Mercurio

Al cumplirse el bicentenario del nacimiento de la marina nacional, destacados investigadores e historiadores navales repasan los esforzados inicios y las figuras gravitantes de Manuel Blanco Encalada y Lord Cochrane, sus grandes triunfos y desafíos a la hora de derrotar al bando realista ."La Armada ha pasado momentos de decadencia, pero lo notable es que en estos 200 años nunca ha dejado de existir", sentencia Carlos Tromben Corbalán.



Como señala el ya fallecido historiador Carlos López Urrutia en su publicación "Breve Historia Naval de Chile", al instalarse la Primera Junta de Gobierno, el 18 de septiembre de 1810, se declararon los puertos abiertos a todos los buques del mundo. "Sin embargo la Junta había cometido un grave error estratégico, pues no había hecho preparativo alguno para dominar el mar. Se dejó abierta al invasor la más fácil ruta de acceso y comunicación", dice el experto.

A juicio de López Urrutia, la tragedia de la Patria Vieja y el desastre militar que culminó en Rancagua no debe adjudicarse de manera exclusiva a O'Higgins o a Carrera, sino a la "enorme falta de previsión de Egaña y de Martínez de Rozas".

Es sabido que el virrey Abascal, dueño del mar, bloqueó Valparaíso, destruyendo así toda esperanza de libre comercio. También organizó una flotilla de cinco pequeños veleros que después de recalar en Valdivia y Chiloé ancló en San Vicente. El triunfo realista no se hizo esperar y el español Antonio Pareja terminaría ocupando Concepción y Chillán.

Años más tarde, tras la victoria en Chacabuco el 12 de febrero de 1817, Bernardo O'Higgins expresó claramente que no se podía cometer el mismo error de sus antecesores. "Este triunfo y cien más se harán insignificantes si no dominamos el mar", señaló el prócer tras el exitoso cruce de los Andes.

El general rioplatense José de San Martín estaba totalmente de acuerdo. Su sueño era poder atacar de manera directa al Perú, pero para ello necesitaba una escuadra que dominara el litoral. Así fue como dos semanas después de la Batalla de Chacabuco, un bergantín español, "El Águila", fue capturado en Valparaíso y puesto al servicio de los patriotas. Se nombró comandante a Raimundo Morris y se le envió a Juan Fernández a rescatar a quienes fueron confinados en la isla durante la Reconquista.

El problema de las patentes de corso

Cumplida esta misión, el gobierno concedió patente de corso a los particulares que quisieron dedicarse a este lucrativo negocio. "La guerra de corso fue un recurso normal en la época de la independencia", señala a Artes y Letras el investigador naval Carlos Tromben Corbalán, capitán de navío®, doctor por la Universidad de Exeter (Gran Bretaña) y autor -entre otros títulos- de "La Armada de Chile, una historia de dos siglos" (RIL). Añade que las autoridades de esos años le otorgaban una patente a un propietario de un buque que, por cuenta propia, salía a capturar naves enemigas y sus servicios eran pagados con el resultado de la venta de esos apresamientos. Es decir, el buque se vendía, al igual que toda su mercancía, y con ese dinero se pagaba a un corsario. "Fue un gran instrumento para mantener el control de los realistas, pero también se constituyó en un problema para el país. Cuando se creó la Armada, mucho personal prefería embarcarse en buques de corsarios porque podían obtener mejores remuneraciones".

Mientras ello ocurría, los agentes chilenos en el exterior, sin más fondos que sus fortunas personales, desplegaron todos sus esfuerzos para obtener barcos de guerra con que formar la primera escuadra del gobierno.

En la Patria Nueva el gobierno designó al teniente coronel de artillería Manuel Blanco Encalada para encauzar los esfuerzos y dar a la Marina el impulso que necesitaba para salir a flote.

Blanco Encalada, nacido en Buenos Aires el 21 de abril de 1790, tenía 28 años cuando se le encomienda esta misión. Hijo de madre chilena, esta última -al quedar viuda- lo envió a España, y allí su hijo entró a la Real Compañía de Guardiamarinas de la Isla León, en Cádiz.

"Un aspecto notable de Manuel Blanco Encalada es que optó voluntariamente por participar en las luchas por la independencia de Chile, pudiendo haberlo hecho en las Provincias Unidas, donde vivía su madre al momento de iniciarse este proceso emancipador, o haber prestado servicio a las fuerzas realistas, dada la nacionalidad de su padre y la educación recibida en España. Su opción está relacionada con el país de origen de su familia materna. Es en Chile donde estaban sus parientes y donde regresó su madre para morir en 1816", explica Carlos Tromben Corbalán, quien además certifica que fue designado comandante general del Departamento de Marina interino, con sede en Valparaíso, con el grado de capitán de marina de 1ª clase, el 26 de junio de 1818.

En sus primeros días en este cargo ya comenzó a notar las dificultades, "porque al haberse concedido patentes de corso, se iniciaron las deserciones en la naciente Armada, incentivadas por promesas de mejores sueldos en buques dirigidos por corsarios", afirma Tromben. El historiador naval añade que los inicios también fueron tremendamente difíciles, "primero porque Chile no había heredado una tradición naval. Además, hay que sumar un problema grave de personal y los escasos recursos económicos. Valparaíso estuvo por mucho tiempo bloqueado y gran parte de los recursos provenían de los derechos de aduana. La economía estaba en crisis y a O'Higgins -dueño de una tenacidad admirable- le costó generar conciencia de que había que hacer un mayor gasto en la compra de embarcaciones marítimas". El experto considera que, gracias a la labor de este último, se reunieron los fondos para pagar las primeras naves y las dotaciones de la Armada que, en sus inicios, estuvo conformada por patriotas chilenos y extranjeros, fundamentalmente británicos. "Que hubiera sueldos diferentes para los nacionales y extranjeros generó malestar. Los sueldos estaban permanentemente atrasados y hubo motines, además existían normas diferenciadas para juzgar las indisciplinas al interior de esta institución. También hubo problemas de comunicación entre marineros y oficiales, ya que muchos hablaban el idioma inglés y los tripulantes nacionales no entendían las instrucciones", explica el historiador naval.

A mediados de 1817, el gobierno español proyectó enviar una división de alrededor de 2.000 soldados a Chile para reforzar al ejército del general Osorio. Enfrentando todas estas dificultades, el mayor éxito de Blanco Encalada tuvo lugar el 28 de octubre de 1818, tras capturar a la fragata española "Reina María Isabel". Como relatan los historiadores, ese día se dirigió con el navío "San Martín" y la fragata "Lautaro" a Talcahuano, acercándose a la "Reina María Isabel" con bandera inglesa e izando luego la chilena al estar a una distancia prudente para atacarla. Los marinos españoles al notar esto y luego de un mediano cañoneo, hicieron encallar el buque y lo abandonaron. Ante esto, Blanco Encalada procedió a abordar y finalmente, al día siguiente, ante la expectación del enemigo, consiguió capturar y volver a poner en movimiento la fragata española, esta vez en posesión de los patriotas, "de manera que de los mil y tantos soldados salidos de Cádiz, menos de 100 llegaron al Callao. La escuadra chilena, de un solo golpe, había desbaratado a la poderosa expedición española. Entre los más grandes héroes de la independencia debe incluirse al joven Blanco Encalada, que más tarde llegó a ser Presidente de su patria", escribe Carlos López Urrutia.

El periodista e investigador Piero Castagneto, coautor con el vicealmirante en retiro Gustavo Jordán Astaburuaga de "Los almirantes Blanco y Cochrane y las campañas navales de la Guerra de la Independencia" (Ediciones Universitarias de Valparaíso), sostiene a Artes y Letras que el gran mérito de Blanco Encalada fue "liderar como jefe naval, siendo muy joven y sin mayor experiencia, una flota igualmente inexperta. Su primera misión exitosa significó un importante triunfo material y moral para el país. Instaló la idea de que se podía dominar el mar".

Castagneto añade que si bien su biografía tuvo altibajos e incluso "en un momento fue tildado de traidor por O'Higgins y después será absuelto de esa acusación, Blanco Encalada pasó a ser una figura fundacional de la historia de Chile. En 1826, mucho más experimentado, fue clave en el rescate de Chiloé del dominio realista. Además se levantó como un auténtico puente entre dos épocas: conoció en sus primeros años formativos la navegación a vela y al final de su existencia vio llegar la navegación a vapor y los buques blindados. No deja de ser simbólico que uno de los primeros buques blindados que tuvo el país fue bautizado con su nombre".

Cochrane, un líder, táctico, liberal y ambicioso

En búsqueda de una mayor profesionalización y crecimiento de la naciente Armada, hacia fines de noviembre de 1818 llegó al país el almirante escocés de 43 años Lord Thomas Alexander Cochrane, contratado en Inglaterra.

El 23 de diciembre de 1818, asumió como comandante en jefe de la Escuadra, con el grado de vicealmirante, enarbolando su insignia en la fragata "O'Higgins" -ex "Reina María Isabel"-, y Blanco Encalada quedó con el cargo de contralmirante. Como testimonia la historia naval, su primera misión hacia el Callao en 1819 no fue exitosa, pero tras ello vendrían triunfos contundentes como la captura de Valdivia y sus fortificaciones en febrero de 1820. Como escribe Carlos López Urrutia, este triunfo "quitó a los realistas su puerto más seguro en el Pacífico y la base de operaciones de las guerrillas en el sur de Chile".

Tromben Corbalán considera que "Lord Cochrane llegó a nuestro país después que había caído en desgracia, acusado por un supuesto fraude bursátil. Un juez de tendencia política contraria al marino lo condenó a un año de prisión. Con un gran actuar en las guerras napoleónicas, arribó a Sudamérica por un lado buscando recuperar su antigua fama y también movido por sus ideales liberales" . Añade que, "contrario a las monarquías absolutas, la lucha independentista en nuestro país le parecía una causa justa por la que luchar".

El historiador naval agrega que Cochrane fue un "innovador e introdujo tecnología que no existía en nuestro territorio y que fue muy requerida en las guerras napoleónicas. Pese a que dejó Chile, advirtiendo la crisis política y poco antes de que Bernardo O'Higgins se exiliara en Lima, nos dejó una tradición naval que perdura hasta hoy. Sus enseñanzas quedaron: la escuela, la formación, los empleos tácticos y estratégicos, se convirtieron en su principal legado".

Piero Castagneto complementa que la expedición libertadora hacia el Perú, organizada en 1820, reveló las tensiones del marino inglés con San Martín. "El primero era partidario de un estilo más agresivo, en cambio el general rioplatense buscó negociar. Desde mi punto de vista, la historia le terminó dando la razón a Lord Cochrane, porque al final este Ejército Libertador termina diluyéndose y quien termina liderando es Simón Bolívar. Después de la partida del marino inglés, la Armada chilena perdió a un gran líder. De alguna manera se frustra el haber contado con una figura gravitante para el futuro del país, tanto en tiempos de paz como en la guerra".

El vicealmirante en retiro Gustavo Jordán Astaburuaga, coautor junto a Castagneto del libro "Los Almirantes Blanco y Cochrane y Las Campañas Navales de la Guerra de la Independencia", explica a Artes y Letras que "de los biografías inglesas que leí sobre el marino, prácticamente la totalidad señala que la acusación hacia Lord Cochrane no tuvo fundamento. Fue más bien una maniobra muy política, porque durante su etapa como parlamentario actuó con mucha energía en contra de la Marina británica. A raíz del escándalo de la bolsa, se arruinó su reputación. Él se había quedado sin trabajo y buscando nuevos horizontes apareció la oferta de la Armada de Chile". Jordán Astaburuaga añade que "vino a América no solo buscando salvar su nombre, sino también para hacer fortuna. Era una persona muy interesada en el dinero. Algunos historiadores hablan de él como un codicioso en un momento donde había mucho interés económico detrás de estas guerras". El investigador enumera otras cualidades. A su juicio, Cochrane "fue un líder audaz, tácticamente brillante, empleó técnicas novedosas, como ataques nocturnos con muy poco personal y recursos materiales. Fue un marino excepcional. Tuvo un prestigio nacional e internacional indiscutido. Napoleón sabía realmente quién era él y le tuvo un sano respeto, porque siempre venció a las flotas francesas. La toma de Valdivia fue una noticia mundial que se transmitió a toda Europa e incluso se publicó en The Times. Fue muy leal a Bernardo O'Higgins, hasta su último día en nuestro país".

El experto remata que no deja de ser significativo que, años después, el héroe del Combate Naval de Iquique Arturo Prat Chacón despidió, a nombre de la Armada, los restos de Blanco Encalada. "En el discurso que pronunció dijo que Blanco y Cochrane eran los padres de nuestra Armada y enumeró todos sus méritos. Prat, en el fondo, fue un hijo de Blanco y Cochrane".

Mucho se ha especulado que después de la consolidación de la independencia y, en especial, tras la captura de Chiloé, en 1826, la Armada se disolvió. Carlos Tromben Corbalán entrega matices: "Después de haber vencido los peligros realistas, no se ordena su disolución. Lo que sí ocurrió es que, dado que estábamos arruinados por el financiamiento de la guerra, se redujo su flota e incluso se vendieron algunos elementos de la escuadra chilena. Hubo un período de decadencia, pero lo notable es que en estos 200 años nunca dejó de existir".

La toma de Valdivia, en febrero de 1820, fue noticia en Europa y el mundo.

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