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Magdalena Matte

Yo crié a los Fábula

martes, 08 de mayo de 2018

Por María Cristina Jurado. Fotografías: Sergio López Isla
Entrevista
El Mercurio

Juan de Dios era extravertido; Pablo, un creativo que aprendió de lentes y luz con la antigua cámara de su padre, hoy ministro de Justicia. Los artífices del histórico primer Oscar a un largometraje chileno, crecieron en un hogar con pocas reglas y mucha libertad. Su madre, ingeniera civil y ex ministra de Vivienda, revela su fórmula, que catapultó a sus hijos al éxito internacional.



Magdalena Matte Lecaros nació en 1950 y creció correteando por los pasillos de La Moneda y los departamentos de los Matte y los Alessandri en el Paseo Phillips, cuna urbana de trascendentales decisiones políticas en esa época. A sus 67, Magdalena, cuyo bisabuelo paterno, Arturo Alessandri Palma, marcó el siglo veinte chileno, y cuyo tío abuelo, Jorge Alessandri Rodríguez, encabezó un gobierno de derecha en 1958, recuerda una niñez y una adolescencia convulsionadas. En su casa se respiraba, paladeaba, desmenuzaba política, y el acontecer del país se comentaba como en otras el fútbol. En su familia, dice ella, la sobriedad era la marca. Con un padre de izquierda -Arturo Matte Alessandri, dueño del diario Las Noticias de Última Hora, vinculado al PS- incrustado en un círculo valórico y político de derecha, un tipo inteligente que nunca fue estigmatizado por sus parientes, Magdalena aprendió el valor de la diversidad. Más tarde, al casarse con el actual ministro de Justicia y militante de la UDI, Hernán Larraín, decidió criar a sus seis hijos con mirada y espíritu liberal. Su infancia la marcó a fuego: 

-Fue una niñez bastante distinta a lo que uno considera una niñez normal. Vivíamos en la calle Phillips, allí vivían también mis abuelos, Ester Alessandri y Arturo Matte, y su casa era el lugar donde todos se juntaban. De niña jugaba en la Plaza de Armas, les cuento a mis hijos y es como curioso para ellos. Vivíamos en un mundo convulsionado, que no era un mundo de niños. Porque siempre había campañas, elecciones, candidatos. (En mi familia) había diputados, senadores, presidentes del Senado, presidentes de la República. Era una conmoción permanente.

Estudiaba en las Ursulinas de Vitacura y eran pocas las alumnas que, como ella, vivían en el centro. A ella la transportaba una micro café. Desde chica vivió el contraste de opiniones:

-Mi papá era un hombre extraordinariamente inteligente. Ingeniero de la Universidad de Chile y un hombre absolutamente de izquierda. No un poco de izquierda, muy de izquierda. Y él tenía dos hermanas que también eran de izquierda. Era un fenómeno inédito, que alguien fuera de izquierda en la familia Matte Alessandri.(...) En mi casa comían varias veces a la semana, Cloro (Clodomiro) Almeyda, el propio (Salvador) Allende, Tohá, Altamirano, Felipe Herrera. Era su grupo de amigos.

La madre de Magdalena, Teresa Lecaros, era de derecha, pero le organizaba al grupo comidas con una sonrisa. Cuando Jorge Alessandri, quien era padrino de Arturo, asumió la Presidencia, éste dejó la dirección de su diario para "no tener que dispararle al Presidente de la República". Coherente, emigró por dos años a China y Rusia a estudiar el modelo socialista. En el intertanto y después de una década de vida en pareja, se acabó su matrimonio con Teresa Lecaros.

Al finalizar su periplo internacional, volvió a Chillán a la Hacienda San Miguel, un fundo de los Matte, para intentar aplicar sus ideas colectivistas. Unos años después, murió en un accidente de auto cuando Magdalena Matte cumplió 14.

-Yo tuve la escuela, desde chica, de respetar la opinión ajena. Se respetaba lo que el otro pensaba, aunque uno estuviera en desacuerdo. Todo era de una sobriedad impresionante: no había exceso de nada. Cuando murió mi papá, mi mamá trabajó para mantenernos a los tres hermanos. Tuvo que trabajar. (...) Yo te digo: yo nunca tuve plata. Nunca, nunca. Fue una vida de niños que, mirado desde hoy, era muy distinta a lo que uno quisiera, que es un mundo tranquilo y protegido. Muy distinto a mis amigas del colegio, quienes contaban que el fin de semana habían ido al circo, al zoológico. (...) Los problemas que había en mi casa eran los problemas del país y nosotros participábamos en todo. Pero uno en la niñez, lo que busca es tener estabilidad, tranquilidad.

-¿Sentía carencias?

-No, porque mi mamá fue muy gallina con sus pollos.

Antes de casarse con Hernán Larraín, en 1974, Magdalena Matte ya sabía ciertas lecciones. Con el tiempo las aplicó en la crianza de sus seis hijos, entre los que se cuentan los artífices de la productora Fábula y responsables, junto al cineasta Sebastián Lelio, del primer Oscar a un largometraje nacional. El cineasta Pablo Larraín y el productor cinematográfico Juan de Dios Larraín fueron niños de su primera camada, encabezada por el mayor, Hernán, militante de Evópoli. Años después nacieron las tres hijas: Magdalena, María José y Blanca.

Pero llenarse de niños no le impidió a Matte Lecaros sacar una carrera universitaria. Desde muy chica, su madre se lo había martilleado en el oído.

-Me casé cuando estaba en segundo año de ingeniería civil. (...) Me demoré en terminar la carrera, pero la saqué, con título, con examen. Trabajé dos años como ingeniera civil, fue entretenido. Después me fui a trabajar con mi hermano, por treinta años. La ingeniería lo que hace es que te racionaliza la mente, te cuadra la mente para la toma de decisiones y eso es muy bueno.

Le pasaba, recuerda, algo especial mientras estudiaba entre embarazo y embarazo.

-Mientras más dificultades tenía, mayor fuerza para decidir que no iba a dejar de recibirme. Tenía una guagua y yo decía, 'a ver, la guagua es para julio, yo en septiembre retomo los ramos'. Yo quería recibirme, yo quería tener una profesión. (...) No tuve en el léxico esto de casarse. A mí me pasó que, cuando veía a mis amigas preocupadas, yo estaba feliz en la universidad.

Así, los seis hijos de los Larraín Matte fueron naciendo a partir de mediados de los 70. Al tomar conciencia, se encontraron con una casa con pocas reglas. Pablo y Juan de Dios Larraín, fueron el segundo y tercer hijo de la pareja.



Palabras tabú

-De chicos, los niños eran... los 3 hombres, ¡tú no sabes cómo se portaban de mal! Eran salvajes, atroces. Tenían problemas en el colegio, mala conducta y pésimas notas. A mí me llamaban a cada rato. Yo entraba al colegio de los hombres con dolor de guata, decía: '¿qué vengo a oír acá?'. Y era siempre que se arrancó de la clase, que no trajo la tarea, que le contestó mal al profesor, que tenía que ir al gimnasio y no quiso ir. Eran rebeldes.

Todos estudiaban en el Colegio Apoquindo y les acomodaba poco. Era un establecimiento de gran exigencia, rígido y exitista, así lo recuerda esta ingeniera y empresaria. Pero la casa de los niños era distinta.

-Había reglas claras: no mentir, no robar. Nosotros no hablábamos de la palabra éxito. A mí me impacta la cantidad de gente que habla del éxito y de las exigencias para sus hijos. Estos niños no tuvieron esa exigencia. Eso de 'usted tiene que tener una carrera'. Nunca, nunca.

La crisis escolar continuó hasta que Magdalena Matte, de desesperación, consultó con una psicóloga. No solo seguían las bajas notas, también las escapadas y berrinches. Llegó un minuto en que Pablo, inteligente e introvertido, ya no quería ir al colegio.

-Tenía unos 13, 14 años. La psicóloga me dijo que Pablo era un niño muy sensible, que tenía una mente muy amplia, que le interesaban otras cosas. Lo cambiamos primero a él al colegio Francisco de Asís, después a Juan de Dios.

Era un proyecto educacional pequeño y mixto, con una mirada creativa: los hermanos florecieron. Les empezó a ir bien, hacían obras de teatro.

-Pablo fue otro niño. Llegó y, a los 15 días, había un paseo del colegio a observar mariposas en un campo del sur. Él no lo podía creer. (Estas cosas) los sacaban a los dos de la locura del éxito y de las notas. Gracias a Dios.

La conducta de los adolescentes cambió totalmente.

-Ese colegio da un solo premio. Se lo ganó Pablo, y al año siguiente, Juan de Dios. ¡Y estos niños nunca habían tenido un premio en su vida! Por suerte tuve visión para hablar con esta psicóloga. A mí nunca me lo hizo mi mamá y yo tampoco perseguí a mis hijos por las notas.

Cuando se le pregunta a Matte por palabras claves en la formación de su clan, ella habla de cercanía.

-Lo primero es que fui muy cercana a mis niños, como que repetí el modelo. Los metía a todos adentro de mi cama, se despertaban en la noche y me los llevaba a mi cama. Compramos una cama mucho más grande que lo normal, para que pudieran ir todos. Y libertad total. Libertad para lo que quisieran hacer o estudiar. Y pocas reglas, pero claras. Aquí no se miente, aquí no se roba. Y encuentro que 'éxito' es la peor palabra el mundo. ¿Cómo le vas a decir tú a un niño que busque el éxito? ¡Imagínate dónde lo pones, en una situación de angustia atroz!

A ella jamás le hablaron de éxito en su departamento de calle Phillips. Y ella repitió el patrón. "Mi madre me insistió mil veces en que tuviera una profesión. Eso se me grabó. Pero me dejaba libre en las notas y en todo, le daba lo mismo".

-Hernán padre ha dicho que estuvo poco en su casa cuando la familia crecía.

-Sí. Hernán primero fue Vicerrector Académico (de la UC), trabajaba hasta las diez de la noche. Y, con los chicos más grandes, se metió en política, hizo una fundación. Se metió en política a raíz del asesinato de Jaime (Guzmán), quien era padrino de una de nuestras niñitas.

-¿Él estaba de acuerdo con su visión?

-Estaba de acuerdo. Yo recurría a él cuando ya no me la podía. De repente se pegó unas idas al colegio...

Los niños Larraín comenzaron a desplegar sus intereses. Pablo, fascinado por la fotografía desde temprano, empezó a ensayar con una antigua y sofisticada cámara de su padre. Su madre recuerda el instrumento como complicado, 'lleno de pirulos y cosas'. Él estaba en la gloria: aprendía el manejo de la luz. Juan de Dios mostró su veta de empresario y llamaba la atención por su perseverancia. Más tarde estudió Derecho nunca pensando en ejercer, solo para sistematizar su mente.

-Yo creo que ellos vieron que había que terminar, seguir y seguir. La perseverancia. Creo que la perseverancia fue una cuestión que aprendieron de nosotros.

-Fábula llegó al éxito por perseverancia.

-A Juan de Dios, joven, se le ocurrió hacer fiestas de Año Nuevo, en el Bicentenario, fiestas para cinco mil personas. Yo le decía: '¡qué horror!'. Yo tenía terror que hubiera un herido, un muerto, una pelea con botellas. Le decía, '¿de dónde vas a sacar hielo para cinco mil personas?'. Pero tenía un socio y le iba súper bien. Porque seguía.

Esta empresaria, directora de empresa y socia de la consultora Perceptiva, tendrá este año diez nietos. Se comunica con su extensa prole por diversos WhatsApp, pero, eso sí, no obliga a nadie a hacer nada. Menos los domingos.

-Otra cosa que yo he hecho muy liberal es que aquí no hay obligación para nadie, de nada. Te juro que admiro a esas familias que se juntan ¡todos los domingos! y ¡todos tienen que ir! Yo casi no hago almuerzos los domingos. Sí nos juntamos para los cumpleaños.

Reflexiona: "La satisfacción que tengo es la relación que tengo con ellos. Somos muy unidos. Hablo casi todos los días con todos, o me escriben".

-Usted es bisnieta de uno de los Presidentes más marcadores en la historia de Chile y su abuelo paterno fue uno de los fundadores de la CMPC. ¿Sintió usted el peso de su familia? ¿Y sus hijos?

-Se los fui transmitiendo. Lo que más me ha costado transmitir, no solo a mis hijos, sino al medio, y es una explicación que he tenido que dar mil veces en la vida, es que (no soy heredera de la Papelera). Y mis hijos lo tienen muy claro. Piensa tú que mis hijos son Larraín Matte y los hijos de (mi prima) la Patricia Matte, son Larraín Matte.

-¿Usted les explicó que su tatarabuelo era un Presidente, otro tío también Presidente, y otros, senadores, diputados?

-No. Porque yo creo que es fantástico que ellos hayan sido unos caballeros y unos viejos espectaculares, pero si los genes llegaron, llegaron. Pero, ¿qué influencia puede tener un bisabuelo súper importante o un abuelo? A mí me influyó lo que yo viví, pero no me influyó para nada el peso de mi apellido. No me influyó en mi vida.



el Oscar y LOS PLATINO

El reciente triunfo de Fábula, el 29 de abril en la Riviera Maya, al arrasar "Una mujer fantástica" con cinco premios principales desde mejor película a mejor actriz -Daniela Vega, elegida por Time como uno de los 100 personajes más influyentes de 2018-, no hizo más que sumar brillo al trabajo de los Larraín. Pero su consagración venía desde el 4 de marzo, cuando el filme se convirtió en el primer largometraje nacional en ganar el Oscar al mejor filme extranjero, otorgado por la Academia de Hollywood.

Esa noche estelar de marzo no congregó en un solo living a los Larraín Matte, aunque Pablo y Juan de Dios, junto al director Sebastián Lelio, y a su protagonista, ya estaban en Los Angeles. Cuando, muy tarde, Chile entero supo que la película se había convertido en un récord histórico para el cine nacional, en el departamento del Ministro de Justicia y de Magdalena Matte, se escuchaban saltos. Pura emoción.

-Esa noche estábamos cada uno en su casa. Pero comunicados con los WhatsApp. Juan de Dios y Pablo nos mandaban cosas desde allá.

Magdalena dice que, cuando anunciaron el Oscar, ella y Hernán no paraban de saltar de pura alegría. No lloró. "Un orgullo, una emoción... de ver a estos dos niñitos míos en el escenario ¡recibiendo un Oscar! Era muy impactante. ¡Y pensar que eran díscolos totales! ¡Se portaban pésimo! Y ahora ver a estos, mis niñitos, parados allá arriba, era muy emocionante, muy impresionante".

-Pablo tiene una mirada de cineasta divorciada de los valores de la derecha clásica. ¿A usted le costó entender esa mirada?

-Respecto al tema político, no hemos tenido problema con Pablo. Sabemos que piensa distinto, que vota distinto. No me ha costado nada entender que Pablo no vote por Piñera o que vote por la izquierda. Sí me ha costado entender algunas de sus películas.

-¿"No", por ejemplo?

-"No", me encantó esa película, es muy buena. "El Club" la encontré muy buena, pero demasiado fuerte. Esas cosas me cuesta entenderlas, por qué tan fuertes. En todas sus películas hay mucho de él. Para la de Jackie Kennedy, él leyó mucho sobre ella. Y no estaba dispuesto a hacer una película más de la Jackie Kennedy. (...) No hizo una Jackie feliz. Ni con ella se dio el gusto de la frivolidad.

Se le entrecruzan las emociones frente a la pantalla:

"A mí a veces me ha costado entender, porqué tan duro, porqué tan fuerte. Él es intenso. Me ha costado entender, pero sin ningún conflicto. Yo le digo como riéndome: 'Pablo qué onda, qué espanto lo que hiciste'. Y se ríe y me dice: 'Ya, madre... Por ejemplo, en "El Club" encontré que el lenguaje del pobre tipo violado, fue excesivo. Demasiado grosero, demasiado duro. Cosas de ese tipo me llaman la atención. Más que si él vota por uno o por otro, eso no me importa nada".

Con "Una mujer fantástica' sintió que el tema, que encontraba complejo, fue tratado con finura.

-¿Está de acuerdo con una ley de identidad de género?

-Yo estoy de acuerdo con lo que está proponiendo Piñera. Hacer una ley, pero que los padres sean responsables. (...) Creo que tiene que haber una ley y muy cuidada, cuando se trata de niños antes de los 18 años.

Muchas veces ella y Hernán han visitado los sets de filmación de los Fábula. Toda la familia ha ido alguna vez. Con "Jackie", fueron a París.

-A mí me emociona hasta el alma cuando veo a Pablo de director de cine. Me emociona hasta el fondo del alma. Porque veo a mi Pablito dirigiendo, prendan la luz, acérquense a la cámara, lo veo dando instrucciones. Con autoridad. Y el silencio es total cuando está filmando. No vuela una mosca. (...) Y de pensar, imaginármelo de chico, de más grande, y verlo ahí.

-¿Y Juan de Dios?

-Juan de Dios entra, sale, es el productor. Pablo puede filmar porque Juan de Dios ha organizado todo, es el motor. Se llevan muy bien. (...) Cuando partieron, no se nos pasó por la mente un Oscar, y creo que ni a ellos. Como dijo Juan de Dios, trabajaron como perros. Iban, venían, era agotador. Pero yo les tenía fe.

Al principio, dice Magdalena Matte, ella los ayudó. Les explicó la parte práctica, como se estructuraba una empresa. Pero ni ella ni Hernán les prestaron plata para partir. Se las arreglaron con publicidad.

Pero Matte ha capeado sus propios temporales. Fue nombrada ministra de Vivienda en el primer gobierno de Sebastián Piñera, en 2010. Alcanzó a estar un año, un durísimo año en que debió enfrentar las secuelas del terremoto del 27-F. Y, en abril de 2011, el caso Kodama la derribó. La complejidad de este caso, que se inició en 2006, cuando el Consorcio de Construcciones Kodama se adjudicó obras de un corredor del Transantiago en Pedro Aguirre Cerda, cuyos montos se dispararon -según la empresa-, fue muy alta.

Un rechazo de la Contraloría a esta alza de costo motivó una demanda millonaria de Kodama al Serviu. Se llegó, finalmente, a un acuerdo por 17 mil millones, que Magdalena Matte terminó firmando, después de haber sido visado por autoridades del Serviu y por el departamento jurídico del Ministerio de Vivienda. Pero, a continuación, esta ingeniera civil tomó la decisión de echar marcha atrás del pago y enviar los antecedentes al Ministerio Público. Dice hoy:

-El Fiscal Morales revolvió todo. Fue un muy buen fiscal, supongo yo, hizo toda la investigación y cerró el caso. (...) Morales no encontró delito en ninguna parte. Lo que hay ahora es un juicio civil. Desde el punto de vista penal, no hubo nada.

-El caso fue amargo para usted. Nadie entra a ser ministro para estar un año.

-Sí. (...) No hubo negligencia, o habría tenido una sanción. Entregar (los antecedentes) a la Fiscalía fue parte de demostrar que no hubo negligencia.

A siete años de su renuncia -para no crearle un problema político a Piñera, dice- Matte hace su autocrítica. "Me faltó haber tenido más control. Esto no tenía que ver con el Ministerio, sino con el Serviu. Esta era una decisión que tomaba el Serviu y el ministro tenía que aprobar la situación legal (del pago acordado a la empresa Kodama), no los números. De hecho, la mujer de la Dirección Jurídica, la Mirna, que llevaba 30 años en el Ministerio, lo aprobó. Yo lo firmé porque ella lo aprobó. Ahora pondría más control en la parte jurídica".

No se amargó.

-Me dolió mucho, me dolió el fracaso. Lo pasé muy mal, pero al año siguiente me metí a estudiar el PADE en la Universidad de Los Andes y me asocié con dos personas en un proyecto inmobiliario en Pudahuel. Partimos en 2011, al tiro. Y es que yo soy resiliente y creo que mis hijos también. Yo creo en la resiliencia. Nada es irrecuperable. Irrecuperable es la muerte. *

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