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el observador urbano

Nemesio Antúnez en Providencia y Santiago

domingo, 06 de mayo de 2018

Miguel Laborde
Nacional
El Mercurio




Interesante el anuncio de la ministra de Cultura, Alejandra Pérez, al dar a conocer un año de homenajes a Nemesio Antúnez, el que culminará en el Centro Cultural La Moneda. Como explicó, se trata de una de las personalidades más influyentes en el desarrollo cultural de Chile en la segunda mitad del siglo XX y, la verdad, no lo hemos dimensionado.

Bien se merece Antúnez, también, la idea que circula en la Municipalidad de Providencia de una plaza con su nombre, junto al Parque de las Esculturas. Fue uno de sus grandes vecinos. Como cuando, muy joven, quiso promover el grabado en Chile, como arte capaz de llegar a un público más amplio. Tal como su maestro William Hayter creara el Atelier 17 en una casa de ese número en París, él escogió el de la calle Guardia Vieja para fundar su Taller 99. Era el año 1955. Luego, cuando se funda la Escuela de Arte de la Universidad Católica en Lo Contador, su grupo fue el núcleo.

Al regresar del exilio, luego de instalarse temporalmente en la Casa Larga de Carmen Waugh, volvió a la comuna de Providencia para refundar su taller -en la calle Melchor Concha del Barrio Bellavista-, aportando a la entonces naciente identidad de este sector.

La comuna de Santiago también tiene motivos para rendirle tributo. Por eso es que fue muy merecida la condecoración municipal "Medalla de Santiago", que se le otorgara en 1991. Para comenzar, porque aportó su talento en galerías y pasajes de comercio -esos espacios tan característicos de nuestra capital, a salvo del sol y de la lluvia-, en cuatro de los cuales creó murales que son Monumento Nacional desde 2011. Así, el mundo de los cines del centro de entonces, Nilo, Huelén y Gran Palace, quedó unido a su nombre.

Especialmente valioso es el piso de mosaicos llamado Quinchamalí, de la galería Juan Esteban Montero, en el que recupera, para el arte contemporáneo, los plásticos diseños de esa artesanía tradicional. En 1958 fue un signo identitario en pleno casco histórico.

Asimismo, aportó a la comuna de Santiago desde su condición de director del Museo Nacional de Bellas Artes en dos períodos. Sus esfuerzos por atraer al público con la consigna de "museo abierto" se tradujeron en una revitalización y puesta en valor de todo el Barrio Lastarria-Bellas Artes.

Ahí dejó una huella profunda, siempre vigente, al decidir que necesitaba ampliar el museo para abrirse a las vanguardias, lo que lo lleva a crear un gran espacio subterráneo -la Sala Matta-, en ardua lucha contra la humedad del vecino río Mapocho.

Finalmente, cuando en 1994 se crea, tras su muerte, la Comisión Nemesio Antúnez, su proyección se confirma a nivel nacional. Las obras públicas, en la comuna que sea, desde entonces incluyen creaciones artísticas, estrategia que ha enriquecido las ciudades a todo lo largo del país.

Indeleble resuena en la memoria el llamado con el que bautizó su programa de arte en la televisión, y que resume lo central de su convocatoria: "Ojo con el arte".

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