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DELANTERA DE LA SELECCIÓN FEMENINA DE FÚTBOL

María José Rojas

miércoles, 02 de mayo de 2018

Por Muriel Alarcón Luco.
Entrevista
El Mercurio

LA VOZ DE UNA CAMPEONA



an pasado 48 horas desde el triunfo que le permitió a la Selección Femenina de Fútbol clasificar al Mundial de Francia para 2019 y su delantera, la chilena María José Rojas, 30 años, camiseta número siete, figura indiscutible en los siete partidos de la competencia, dice que todavía no asimila las cosas. Es probable que lo haga en unas horas más, cuando tome el avión de regreso a Japón, donde desde febrero de este año integra las filas del club de fútbol profesional japonés Orca Kamogawa.

-La gente se sabe nuestros nombres -dice con los ojos bien abiertos desde la terraza de un restorán del Mall Arauco Maipú y acerca el vaso donde toma una limonada con menta para celebrar.

Entonces recuerda algunos comentarios que escuchó durante el juego en el Estadio La Portada de La Serena.

-Algunos nos decían "¡Oye, las mujeres juegan re bien!". La mentalidad siempre ha sido: "¿Y las mujeres juegan? ¿De verdad le pegan a la pelota?". Y yo puedo entender que parte de eso es la educación que te dan en la casa y siendo un país machista, es como difícil cambiarla. Pero hoy está la oportunidad. Llenamos La Serena. Y la llenamos porque la gente se sintió reflejada en nosotras. El esfuerzo que hicimos para llegar hasta acá es como el sacrificio que muchos hacen para ir trabajar. A nosotros no nos fueron a apoyar porque éramos "las súper estrellas". Nosotras reflejamos al Chile de las mujeres sacrificadas, a las que tienen hijos y están solas y tienen que doblegar su esfuerzo -dice.

María José se ve cansada. La celebración duró hasta tarde. Apenas llegaron al aeropuerto de Santiago, el plantel de 23 jugadoras, que desde el 4 de abril se disputaba en la cancha para la Copa América, se dirigió a La Moneda, donde fueron felicitadas por el Presidente.

-El Presidente lo dijo: "tendrán su recompensa". Pero más que plata yo quiero el apoyo para las demás jugadoras. Para las que están acá y para las que vienen. Que se creen las escuelas, los proyectos, que les den la oportunidad a ellas y que se profesionalice a quienes están envueltos -agrega-. A un lado la acompaña Karlie Williams, su pareja hace más de tres años, una detective australiana de 35 años, que trabaja en temas de género y deporte. Cada tanto, guardias, clientes del restorán, trabajadores de un parque de diversiones, la interrumpen, le piden una selfie, le dan la mano, la abrazan, la felicitan.

María José Rojas, la primera futbolista chilena en internacionalizar su carrera, y la mayor del plantel, dice que hasta hace un mes, nadie nunca la había reconocido en Santiago. Solía venir de vacaciones, no a competir, pero nadie le había pedido una foto.

Quizá fue el gol que hizo para el partido que la Selección Femenina de Fútbol disputó contra Uruguay y que fue definitorio para todo lo que vino después, incluidos connotados titulares que la presentaron como la "Alexis Sánchez" de la Selección Femenina.

-Alexis Sánchez es un gran jugador, es reconocido en el mundo, lo admiro. Donde yo voy es: "Chile, Alexis Sánchez". Que te comparen con él es un orgullo, a mí no me molesta, pero también hoy estamos en un momento en el que nos interesa elevar el fútbol femenino y a las mujeres, en general, en el deporte. ¿En cuántos trabajos las mujeres son menos pagadas teniendo el mismo cargo? Yo creo que el deporte puede ser una puerta para disminuir la discriminación. Si estamos hablando de equidad y de igualdad, para mí es importante que no se valide mi nombre a través de un referente masculino.

La atleta que llevaba adentro

Los ventanales de la casa de sus padres en Pudahuel que dan hacia la calle están decorados con fotografías de hitos de la carrera futbolera que comenzó a los 14 años. Desde pósters gigantes a fotografías minúsculas, en todas aparece ella en una cancha: pateando la pelota, celebrando un gol. También hay medallas, galvanos y una figura de bronce con la forma de toperoles en la que se lee "goleador". El patio ha funcionado con la puerta abierta el último día y sigue decorado con lo que parecen los vestigios de una celebración dieciochera: cuelgan globos blancos, azules y rojos, hay franjas de banderas chilenas, rastros de serpentinas. La noche anterior, a la casa de sus padres, cuenta, llegaron por lo menos cien o más vecinos, muchos que no conocía. Y hoy, salvo por el padre, dueño de un local de ropa en Estación Central, en la casa de María José Rojas una tarde de semana está prácticamente casi toda la familia: la madre, su abuela, hay primas, sobrinos. Sobre la mesa del comedor hay papas fritas, queques, bebidas y un cartel grande en el que se lee: "Bienvenida a casa, tus vecinos que te quieren".

-Es primera vez que me reciben así -dice María José-. Me decían: nos hiciste llorar, nos emocionaste. Me decían que yo era humilde, que gracias por ser así, me abrazaban mucho. Era harto el cariño y se siente fuerte porque como yo estoy afuera, no pasa usualmente en otros países que sean tan cariñosos. No tengo la oportunidad de estos momentos.

Este año se cumplen diez desde que abandonó Chile para hacer una carrera de futbolista en Estados Unidos. Pero su historia comenzó mucho antes, cuando a los 13 empezó a jugar fútbol en la U.

-Era libre, entre comillas. Yo en mi casa no podía jugar. Te discriminaban en el sector. Te decían: "Usted está creciendo, se está haciendo señorita". A mí la U me dio la oportunidad, no solo en el deporte, sino que también para ser yo, para ser la atleta que llevaba adentro. A mí Isabel Berríos me enseñó que luchar era lo más importante, que no importaran las condiciones.

La entrenadora Isabel Berríos, directora de la rama femenina de la Universidad Chile, y quien la incorporó al club, la recuerda, en sus inicios: "flaca, pequeña, sin fuerza".

-Pero tenía características de delantera. A diferencia de varias, tenía en el rostro, esas ganas, ese deseo. Y supe que tenía hambre de hacer algo importante, tenía esa capacidad. En ella leí un entusiasmo, que lo ha mantenido en el tiempo-dice.

-A nosotras nadie nos apoyaba, y éramos felices jugando -agrega María José-. Éramos chicas, y no entendíamos lo que pasaba, no pedíamos pago, nos bastaba un pedazo de cancha. Nosotros poníamos los focos con una escalera para alumbrar la cancha. ¿Cómo hubiésemos estado hoy si hubiéramos tenido el apoyo, las condiciones básicas en ese momento?

Su debut en grande fue precisamente poco antes del despegue del fútbol femenino en Chile. Cuando el país fue en 2006 sede del Sudamericano, el primer torneo oficial ANFP en el que participaba la rama femenina de fútbol, a ella la convocaron a la Sub 20.

-La selección nacional abrió mis aspiraciones. Fue el orgullo más grande.

Y ahí, tiempo después, jugando, la vieron y fue fichada por la Universidad de Texas, en Estados Unidos, para integrar sus filas.

María José no hablaba inglés. La oferta la tentó desde un comienzo. Le ofrecían una beca para ir a jugar allá y un sueldo mensual, que semestral calcula en quince millones. Tenía 19, estudiaba en segundo año Ingeniería en Informática en la Andrés Bello, nunca había estado en ese país. Y así como ocurrió con varias otras futbolistas que vinieron después de ella, pasó a formarse como lo hacen las que toman la decisión: primero en el fútbol universitario, para luego -si se daban las condiciones- saltar al profesional, pudiendo estudiar la carrera de Ingeniera Comercial en paralelo.

-Al principio fue todo muy chocante, duro. No sabía el idioma, pero con tutores y profesores, logré aprenderlo. Adentro sobreviví. Los entrenamientos eran fuertes. Por la beca tenía que pasar cinco ramos al semestre. Si no pasaba una clase, no podía jugar. El entrenador era mayor. Lo admiraba mucho por su sabiduría, pero era un dictador que decía: "Se dice lo que yo digo". Yo era como: "¿Pero y por qué?". Y eso no se decía. Era equivalente a una falta de respeto. Así fue como me educaron como atleta y crecí como atleta. Yo no conocía la disciplina. Siempre jugué fútbol divirtiéndome. Lo hacía porque me gustaba. A mí me tuvieron que sacar músculos. Y valió la pena todo el sacrificio. Salí campeona con ellos. Fue la primera vez para la universidad. Yo hice el gol con el que salimos campeonas.

Hubo momentos difíciles. Las veces que no pudo venir a competir por Chile, las fechas no coincidían con el permiso de su universidad. María José se convertía en atleta, sin poder mostrarse en su país.

-Yo lloraba. En ese tiempo estaba la Marta Tejedor. Me decía: "Cote, no importa, nosotros lo vamos a hacer, ellos te están pagando una beca, quédate allá". Para mí era difícil, Chile es lo más importante. Tuve que tomar decisiones difíciles por lo mismo. No era como: 'dejo el país (Estados Unidos), me voy para allá'. Era un contrato, vivía del fútbol. Es tan difícil para la mujer tener un contrato, que te den un sueldo en Chile. Yo no tenía opción. La opción era irme afuera. Pero siempre estuve participando cuando pude. A mí me llamaba Chile y yo siempre venía.

-¿Generó una distancia con el público chileno?

-Sí, mucho, por eso digo, yo era anónima hasta el año pasado. Mi actual manager, Edgar Merino, ha hecho un excelente trabajo, no solo de llevarnos al extranjero, también de promocionarnos. Gracias a él a mí me conocen. La selección era activa solo en procesos, la selección no siguió por años entrenando. A mí me lo decían las personas: "pero Cote, cómo, si tú eres la más experimentada, la que lleva más tiempo afuera, no te conocen, tenemos que hacer algo". Bueno, el momento llegó. Esta Copa América fue muy especial, no solo porque por fin pude jugar, sino porque mis raíces volvieron. Estuve afuera mucho tiempo. Yo amo a mi país. Independiente de que es un país más desordenado. Pero es mi país. Me siento orgullosa de ser chilena.

Horizonte mundial

A los 30 años María José Rojas ha jugado como delantera para el fútbol profesional en Estados Unidos, Alemania, Australia, Lituania y hace tres meses en Japón. Hoy vive a una hora veinte de Tokio y su manager, Edgar Merino, creador de la agencia "Solo Cracks", que representa a 52 jugadoras, de las cuales 11 son de esta selección, cree que su posición actual las ayuda a todas.

-María José puede abrir puertas en el mercado asiático como embajadora del fútbol femenino en Chile, así como ella fue una pionera en hacer carrera afuera. Japón es una de las potencias mundiales de fútbol femenino. A nivel de selección, siempre está peleando primeros lugares, lugares de privilegio -dice Merino.

-De todos los países en que he estado, Alemania ha sido el más estricto, pero Japón es otra cosa -agrega María José-. Y es chocante para cualquier persona que va. Si la vida en Alemania va rápida, en Japón es flash.

Estos diez años afuera la han hecho tomar conciencia de avances en el fútbol femenino en el país. Porque sin liga ni competencias de fútbol profesional en Chile, que la Copa América haya tenido sede acá ha sido, a ojos de todas, síntoma del despegue sin vuelta atrás. Muchas, de hecho, en el último tiempo han internacionalizado sus carreras. En este buen momento, María José cree que también ha tenido un rol la "Corporación de fomento al fútbol femenino", una agrupación conformada mayoritariamente por mujeres, que han estado tras la organización de varios partidos amistosos con ligas de otros países.

-(Nuestra) selección quizá, como dicen, no va a ser como la de los hombres. No vamos a hacernos millonarios ni vamos a tener mucho dinero, pero si tú te vas al extranjero tampoco vas a ganar lo que un hombre gana. Nuestro (triunfo) sirvió para iniciar las carreras de muchas jugadoras que vienen haciendo mucho trabajo.

-¿No hay lujo en el fútbol femenino?

-Yo creo que ni existe. Ni siquiera nos podemos comparar con los sueldos de los hombres. Estamos muy lejos de eso. Lo que les pagan a ellos llega a ser ridículo por decirlo así. Nosotras no ganamos ni el uno por ciento. Aunque yo sí puedo vivir de mi carrera. No me puedo quejar. Es como una profesión. Pero si nos comparamos, no es el mismo estándar. Ellos ganan demasiado por lo mismo que hacemos nosotros. El mismo sacrificio, entrenamiento, partidos, disciplina. Es demasiada la brecha. No es comparable. Son dos extremos muy fuertes. Ellos ganan todo y nosotras ganamos fácil nada.

-¿Conoce a los jugadores de la selección?

-No.

-Pero los ha visto.

-De lejos.

-¿No ha conversado con ninguno?

-No, no está esa accesibilidad. Ellos recién están conociéndonos. El Vidal, el Medel, ellos transmitieron sus mensajes en las redes sociales. ¿Pero que nos conozcan? No. Más allá de eso, nunca han juntado a las dos selecciones.

-¿Por qué cree que ha pasado?

-Yo no sé si es porque son superiores. Ahora Arturo Vidal nos trata como "mis compañeras". Pero recién. No había un conocimiento de que ellos dijeran: "las mujeres juegan y ya son adultas".

María José Rojas critica que varias compañeras de la selección tienen que trabajar.

-Hay casos. Son muy sacrificadas. Yo juego en el extranjero y no tengo que hacerlo, pero ellas están todo el día. Tienen que levantarse a las 5 de la mañana y no paran. El trabajo, los estudios, la familia, los amigos, tienen que rendir en la cancha, cuidarse en la dieta cuando nadie les da los alimentos para logralo. Y si en la casa de ella solo tienen para comprar para la once pan ¿qué come? Es un gasto extra. Si queremos profesionalizar esto, tenemos que cambiar.

-¿Y a qué le atribuye el desinterés?

-Somos un país todavía machista. La mujer en el fútbol todavía debe hacer doble esfuerzo. ¿Por qué el hombre puede vivir de eso? ¿Por qué no podemos ser nosotras también reconocidas? ¿Por qué no podemos tener las mismas condiciones en la infraestructura, las oportunidades? Hay clubes en que las niñas llegan a solo entrenar y (apenas) les dan atención médica, les faltan muchas cosas. Los camarines no cuentan con las condiciones. Ya es tiempo de cambiar las cosas. Es lo que siempre he sentido, razón por la que no he dejado de luchar. Ya es tiempo de que (el fútbol femenino) se profesionalice. Somos un país en el que si tú no ganas nada, nadie te va a ayudar. Yo dije: "Yo quiero ir al mundial para que esto cambie".

-¿Qué es lo que quiere cambiar?

-Si pudiera cambiar el sistema, lo cambio. Si pudiera cambiar la sociedad, la cambio. Pero si puedo aportar a mejorar, lo hago feliz. Yo no me canso. Hay quienes dicen: "por eso yo no hablo, porque las cosas no cambian", pero yo digo: "si tú no hablas, ¿quién lo va a cambiar?". Si te rindes, ¿quién lo va a hacer por ti? Nadie. Y no es como "quizá cambie". Tiene que cambiar. ¿Cómo puede ser que una selección que viene trabajando con tanto sacrificio haya sido hasta ahora anónima? Si yo no me hubiese ido a otro país no hubiese aprendido. Yo empecé a jugar a los catorce, he sido deportista de elite toda mi vida y recién a mis treinta años la gente me está conociendo.

-¿Cómo se ve en el futuro?

-Para mí era un paso llegar al mundial. Y el haber clasificado al mundial no solo cambiará la historia del fútbol femenino en Chile, también va a ayudarnos a cada una a seguir mejorando. Para mí, en mi curriculum, me va a ayudar a seguir. En Australia soy entrenadora, me gusta ser mentora, hacer charlas. Ahora tengo un mundial de respaldo. Me hacía mucha falta después de tantos años de sacrificio.

Junto a su pareja, Karlie, tiene en mente abrir una academia de fútbol femenino en Australia. La experiencia la posee: hasta el año pasado hacía clínicas deportivas y fue mentora de niños y niñas de la Federación de Fútbol de Australia.

-Y si no clasificábamos, estaba mirar otro horizonte, yo ya tengo 30 años. Por eso es tan importante lo que logramos, me va a servir mucho a futuro. Hoy vivo uno de mis mejores momentos. Lo digo porque futbolísticamente maduré, me hice más fuerte psicológicamente y físicamente me siento súper bien. Yo he logrado mucho en mi vida, pero me faltaba esto. Y yo sí creo que llegará el momento en el que piense en tener hijos y todas esas cosas, pero todavía no está en mis planes. Ahora mi plan es el mundial. *

"Somos un país todavía machista. La mujer en el fútbol todavía debe hacer doble esfuerzo. ¿Por qué el hombre puede vivir de eso?". 

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